El periodista Alejandro Duchini escribió, con la herida recién abierta por la muerte de Maradona, Mi Diego, libro en el que también juegan personalidades cercanas al astro y jóvenes fanáticos que ni siquiera lo vieron en cancha.

Alejandro Duchini aún no caía sobre lo que decían los noticieros el mediodía del miércoles 25 de noviembre del año pasado, cuando le llegó un mensaje a su teléfono, con una propuesta que lo dejó más estupefacto aún. El paso a la inmortalidad de Diego Armando Maradona estaba más fresco que nunca en el mismísimo momento en el que los responsables en argentina de la editorial española Mal Paso le ofrecieron derramar tinta sobre el genio del fútbol mundial. Así se gestó Mi Diego. Crónica sentimental de una gambeta que desafió al mundo, escrita a corazón abierto en los dos meses posteriores a ese fatídico día en el que el mundo entero lloró a su D10S. Y desde esta semana verá la luz en las librerías del país.

Si yo fuera Maradona

“Fueron dos meses de pensar nada más que en Diego”, revela el periodista de Página|12, La Gaceta de Tucumán y Viva, en diálogo con El Eslabón, sobre la obra a la que le puso el hombro (o el puño y letra, bah) con el duelo todavía a cuestas por la partida del mejor de todos los tiempos. “El libro surgió el día que murió Diego. A la media hora que se difundió la noticia de la muerte, me escribe la editora para hacerme la propuesta. Y pensé que era una broma, le dije que un libro de Maradona era interminable por lo que vivió él. Y al rato me dice que hablaba en serio. Me preguntó si me animaba, me dio dos meses de tiempo, así que cuando caí en la cuenta de que era cierto me puse a hacerlo”, confiesa.

Dejado de lado su asombro, y seguramente aún con alguna lágrima en los ojos y la piel erizada, Duchini puso manos y pluma a la obra: “No sabía cómo empezarlo, porque no había nada preparado ni pensado. Había leído mucha literatura sobre Maradona, no lo tenía como proyecto laboral. Me puse a escribir y me pareció que lo mejor era contar todo como me iba saliendo, haciendo preguntas a gente que lo había conocido a partir de lo que a mí me pasaba”. 

Así las cosas, las páginas de Mi Diego –que desde principio de mes ya salieron a la luz en España– se escribieron “en tiempo real”, según admite el autor. “Era lo único que encontré en ese momento para hacer algo diferente. Después, seguramente se puede mejorar, aunque no sé cómo, pero esto fue lo que me salió”, agrega Alejandro, que sobre el método, detalla: “Lo escribí no con la distancia de cierto tiempo de un hecho sino con todo recontra caliente todavía. Mientras le buscaba un rumbo al libro, me di cuenta que la mejor manera de contarlo para no repetir lo que ya había sobre él y lo que todos sabemos, era hacer una especie de catarsis, contando lo que me pasaba a mí con eso y así fue saliendo”.

El también autor de La palabra hecha pelota –libro de charlas futboleras con Eduardo Sacheri, Juan Sasturain, Horacio Elizondo, la Mona Giménez, Ariel Scher, Osvaldo Bayer, Hernán Casciari, entre varios otros y otras– sostiene que “más allá de que hay cosas que te juegan en contra”, por tener que presentar el material en escaso tiempo, “lo bueno es que podés contar todo lo que te pasa en ese momento, no es recordar lo que te pasaba”. Por eso, el cronista con pasado como colaborador en Infobae, El Gráfico, Perfil y La Voz, afirma que el resultado final es “más sangriento en ese sentido, con la sangre caliente”.

Che, decime por qué

En su brazo izquierdo –aquel cómplice necesario de la Mano de Dios– Diego Maradona llevaba dibujada la cinta de capitán; en el derecho, la cara de Ernesto Guevara. En el libro rojo se devela el acercamiento del Pelusa hacia la figura del rosarino y referente de la Revolución Cubana. “Hablé con Fernando Signorini, el preparador físico de Diego, y me contó que fue él quien le empezó a dar las primeras explicaciones sobre el Che Guevara”, a quien llevaba tatuado. “En un viaje en auto le habló a Maradona sobre el Che, y cuenta cómo él se fue encariñando con el personaje, lo cual me pareció muy positivo”, adelanta Duchini sobre uno de los tantos testimonios que se leen en el flamante ejemplar.

Entre las voces llevadas al papel también se destacan la de los pibes que nunca pudieron disfrutar en vivo y en directo las genialidades del nacido en Fiorito. “Como los argentinos tenemos esto de siempre elegir entre uno u otro, hablé con chicos de veinte o treinta años para saber por qué, a pesar de Messi, que es lo que vieron, quieren a Maradona, que no lo vieron y sólo les llega por testimonios. Y estos pibes, todos, me enseñaron que a diferencia de otras generaciones, ellos no eligen entre Messi o Maradona, ellos eligen a Messi y a Maradona, lo cual me pareció divino, una forma de dar un paso adelante, de no hacer la cosa demasiado cerrada. Me parece un acto de madurez muy lindo, que va más allá del libro”.

De la cuna hasta el cajón

“Desde que empecé a tener uso de razón, Maradona era conocido”, asegura este hombre que comparte con el Diego la idolatría por Bochini. Es que al jugador que debutó con la 16 de Argentinos Juniors en el 76 –cuando Alejandro tenía apenas 5 años– le valió ser nombrado por primera vez para no salir más de la escena. “Aparece con todo. Yo empecé a ir a la cancha desde chiquito y ya se hablaba de Maradona. Además, no apareció de a poquito. Cuando apareció no desapareció más. Hay otros que aparecen y con el tiempo se diluye su nombre. Él apareció en todos lados, no sólo en el fútbol”. Y repasa sobre las andanzas del Diegote, con la pelota en los pies y sin ella: “Durante el gobierno militar tuvo algunos inconvenientes, después tuvo el conflicto con Menotti en el 78, la rompió en el 79. Luego se hablaba de él sobre las discotecas, las mujeres, y enseguida el Maradona millonario que se fue a España, los líos allá. El punto máximo fue en el 86, y me acuerdo de cada cosa que hice en ese Mundial gracias a Maradona”.

El cronista de la sección Deportes del Página –dueño de una frondosa biblioteca de la que recomienda títulos como Díganme Ringo, de Ezequiel Fernández Moores, u Open, la biografía del tenista Andre Agassi, y también El Combate, de Norman Mailer, sobre la emblemática pelea en Zaire entre Ali y Foreman, entre varios otros– señala que uno nace, crece y se desarrolla con la figura del Diego: “Pasó a ser un trasfondo de la vida de muchos, y me incluyo. Lo que yo hice, en algún punto estuvo Maradona”.

En este sentido, este hincha de Independiente y admirador de plumas como la de Julio Cortázar (“Rayuela, un clásico, me gusta mucho”), Cormac McCarthy (“En la carretera fue uno de los pocos libros que me hizo llorar”), Emmanuel Carrère (“Yoga me pareció uno de los mejores libros que leí en el último tiempo”) y Charles Bukowski (“siempre recomiendo su obra”), acepta que Diego Armando “es el personaje público que me acompañó siempre: por un quilombo, una joda, un buen gesto, siempre estuvo”. Y cierra: “Ese es el Maradona que tengo, y también me quedo con el que me dio todas las alegrías y con el que me cuentan algunos que lo conocieron, que era un tipazo, que siempre buscaba momentos de tranquilidad, lejos de las cámaras, para tomarse unos mates con vecinos. Y eso me lo humaniza más aún. Por eso, en el libro no lo juzgo, lo cuento”.

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