Walter Goobar, corresponsal en 2001 de la invasión estadounidense, asevera: “Faltan algunos capítulos para entender la película y no se nos está mostrando el trasfondo político”.

Como si el sacudón pandémico fuera poco, un país milenario y montañoso, sin salida al mar, en Oriente Medio, sacudió la agenda internacional y el tablero de la geopolítica copó las noticias. Gente aferrándose a los aviones como vía de escape expedita y anticipo de sojuzgamiento insólito para las mujeres, fueron los primeros ineludibles y tremendos trazos gruesos con los que se caracterizó la situación. “La ventaja de haber conocido este conflicto a lo largo de los años me permite hace otro tipo de interpretación y no simplemente quedarme con las imágenes, que son reales, pero puedo analizar más allá”, dijo a El Eslabón el analista internacional Walter Goobar, corresponsal de guerra de la ofensiva militar estadounidense, veinte años atrás. 

En su opinión, hay que ir más allá de las imágenes que muestran la violencia talibán y de la idea de exportar democracias que, como en el caso de Afganistán, demuestran que si ese fue el objetivo de la invasión yanqui, entonces resultó “la guerra más infructuosa”. En veinte años no hubo cambios institucionales en el país de las áridas montañas, más que el ejército y la fuerza área “creados a partir de un gobierno títere”.

En ese tiempo, además, se atenuó el sometimiento irracional de las mujeres, pero deja en claro que las injerencias extra muros no pueden reconfigurar una cultura, proyectar una racionalidad ajena y mucho menos resolver las contradicciones internas de los pueblos invadidos. En octubre de 2001, Goobar cubrió para la televisión argentina la irrupción de Estados Unidos, con la coalición de países que logró convocar, en Afganistán, después del atentado de las Torres Gemelas.

“Lo primero que hay que entender es que la ocupación estuvo basada en una mentira. Si bien es cierto que Osama Bin Laden y la organización Al Qaeda estaban hospedados en Afganistan en aquel momento, el gobierno de George Bush lo utilizó como excusa para lanzar su guerra contra el terrorismo y convertirse en gendarme mundial, atacando al blanco equivocado, porque la base del terrorismo estaba en uno de los países vecinos, Pakistan”, explicó. Y señaló que aquellos combatientes habían sido reclutados por USA y por la CIA, para enfrentar a los soviéticos. 

“Fue en ese contexto que se creó ese monstruo que se conoció como Bin Laden, cuya familia tenía lazos fuertes con los Bush”, comentó. Esas dos décadas signadas como lucha contra el terrorismo, le permitieron a EEUU abrir cárceles, secuestrar gente, firmar órdenes de asesinato, y no cumplir con leyes y garantías. “La ocupación de Afganistan fue la guerra más larga de EEUU, formada por la coalición más grande después de la Segunda Guerra Mundial, y una de las más inefectivas. El gobierno de marionetas que crearon se derritió en pocos minutos, ni siquiera una retirada ordenada”, explicó y dijo que “hasta dejaron vehículos blindados y armas, claro que los medios se ocupan poco de explicar esto, o no entienden o no saben cómo buscar el trasfondo político”.

“Hay que agregar otros componentes que están siempre detrás de las guerras, como la energía, en este caso en el interés en la construcción del gasoducto (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India), un proyecto que viene demorado durante estos veinte años”, dijo Goobar, que alude a este tema, el momento de la invasión, en su libro Osama Bin Laden, El banquero del terror. Allí relata que Carlos Bulgheroni, de la empresa argentina Bridas, viajó a Afganistán detrás del proyecto, y que en el mismo marco, los talibán se hospedaron en un hotel de Capital Federal. El proyecto argentino no coaguló, y para Goobar esto estaba cantado, ya que “ahora son varias las empresas norteamericanas que están detrás de esta obra”, comentó.

Hay otro factor en las génesis de los conflictos bélicos: “Afganistán se convirtió en el principal proveedor mundial de opio, el 80 por ciento del que utiliza tanto la industria farmacéutica como el narcotráfico”, explicó. Durante los años de invasión “se cuadruplicaron las superficies cultivadas de amapolas y los talibán, que antes eran enemigos de ese cultivo, lo terminaron aceptando para financiar sus guerras”, repasó, y dijo que “fue la Escuela de Economía de la Universidad de Londres la que develó que Estados Unidos fraguó bombardeos en supuestos laboratorios, cuando en realidad se trató de 200 chozas de barro”, analizó.

Derrotas y guerreros

“Estados Unidos estuvo veinte años sin planes concretos, sin generar instituciones y todo terminó en una derrota como la de Vietnam, que está haciendo lo imposible por disimular y que ha sido una rendición frente aquellos a los cuales iba a desalojar del poder”, explicó. Y remontó la situación a un acuerdo que Donald Trump selló en la capital de Qatar, en el que los talibán se comprometieron a no utilizar terrorismo para atacar intereses de EEUU. “¿El gasoducto?”, interrogó Goobar, trayendo al frente al Gran Juego de la Geopolítica.

“Los afganos son tradicionalmente guerreros, lo llevan en el ADN, ya han derrotado a tres imperios: británicos, soviéticos y ahora a EEUU, aunque no sabemos aún si es una derrota verdadera o si Estados Unidos decidió aliarse y pactar con sus viejos enemigos, que fueron sus amigos mientras duró la invasión soviética”, explicó. 

Goobar cubrió la primera ofensiva yanqui en la que murieron varios periodistas, entre ellos el español Julio Fuentes. Allí también pudo recabar información sobre los servicios de inteligencia de Pakistán que reclutaban voluntarios en las Escuelas de Corán. “Hice una larga entrevista con un jefe de inteligencia y me señaló el lugar de donde surgieron los principales líderes talibán, de hecho, esta palabra quiere decir «estudiante del Corán»”. Y no pasó por alto que a su regreso a la Argentina le tocó cubrir la caída de De la Rúa. “De Guatemala a Guatepeor”, evocó.

“No creo que los talibán de hoy sean tan estrictos como veinte años atrás, creo que han encontrado un modo de convivencia con Estados Unidos y que hay otras potencias que son protagonistas. Mientras muchos de los gobiernos occidentales están retirando sus embajadores, los talibán han tenido conversaciones con China y con Rusia”, señaló. Y agregó que fue en Afganistán donde se acuñó el término «el Gran Juego», aludiendo a la geopolítica, en el que “las grandes potencias, cada tanto, se dividen el mundo”.

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