Autor de ensayos, poesía y ficción, Roberto Retamoso acaba de publicar Fastos de Mnemosine, sucesor de Letras 1976, libros que abordan la reconstrucción del pasado desde miradas casi antagónicas. 

A principios de agosto salió de imprenta Fastos de mnemosine, el último libro del docente y ensayista Roberto Retamoso (Rosario, 1947) editado por la cooperativa de Buenos Aires, Eloísa Cartonera. Con ilustración de tapa de Marcela Libonatti, y con prólogo del periodista y escritor Pablo Bilsky, el libro recrea en prosa poemática el monólogo señorial de un viejo estanciero, de la oligarquía vernácula argentina, frente a un único testigo: un joven ayudante que tiene “el privilegio” de escuchar (y asentir) las cavilaciones en voz alta de este hombre de casta en su lecho de muerte: en suma, reflexiones sobre el poder, la cultura, y la memoria desde la mirada histórica del amo, del patrón. “Fastos, según el diccionario de la Real Academia, significa: acontecimiento o celebración muy suntuosos. De esa acepción he tomado el sentido específico de celebración, que tiene la particularidad de ser muy suntuosa, es decir, grande y costosa”, explicó el prolífico autor, en referencia al título de esta obra. 

“Serían celebraciones supremas que se practicarían en honor a Mnemosine, que según la mitología griega es la diosa de la memoria. De manera que ese nombre divino sería aquello que representa, al modo de una metáfora, o si se quiere una sinécdoque, a la memoria misma, esa facultad que nos permite rastrear en un pasado que nos habita, porque palpita dentro nuestro”, profundizó el profesor y doctor en Letras que, además, en 2017, junto a Roberto García, fundó la Escuela de Literatura de Rosario Aldo F. Oliva, proyecto experimental que llevan adelante junto con la Cooperativa Mercado Solidario en El Trocadero (Santiago 989). 

En el prólogo de Fastos, que también es parte de una correspondencia por mail entre colegas y amigos (además, ambos escriben para este semanario), Bilsky evoca la tragedia shakesperiana, Ricardo III, e insiste en la potencia del texto como una dramaturgia digna de ser representada en tablas. De hecho, el libro se divide en actos, pudiendo leerse este largo poema como una obra teatral. 

Las memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, esa correspondencia ficcionada entre el emperador y su sucesor Marco Aurelio, también laten en este texto, en las marcas de una lengua sin tiempo, como retumban las grandes preguntas existenciales y filosóficas que pueda hacerse un hombre en su madurez. De Macedonio a Borges, y en la picota, Victoria Ocampo; pasando por los cuadros de los grandes artistas argentinos que decoran su estancia, el hombre potentado, que alguna vez fue poderoso, violento y despiadado, ve su vida apagarse al mismo tiempo que se apaga en franca decadencia todo su mundo, lleno de fantasmas, de poderío y veleidades. “¿A quién le habla?… En principio, a sí mismo, aunque no puede negarse que está hablando a un interlocutor desdibujado y quizás plural: sus congéneres, sus compatriotas, los lectores de los autores que nombra, y quizá en un punto extremo la humanidad en general. Diría que en este caso no importa tanto quienes son los destinatarios, sino lo que esas palabras dicen. Y lo que esas palabras dicen, apretadamente, sería lo siguiente: «en un primer momento, creí, ilusoriamente, ser el dueño de los seres y las cosas que estaban bajo mi dominio, mientras que en el momento final dicen tienen razón, he cometido las peores inequidades, y temo vuestro castigo; no he sido más que un impostor que admite su irrealidad»” graficó Retamoso, parafraseando al narrador de su libro. 

Además, aclaró: “No diría que sea un tratado sobre la memoria, sino más bien una ficción que pretende explorar lo que ella puede llegar a ser”, explicó Retamoso, sobre este libro que, al mismo tiempo, guarda una íntima relación con Letras 1976, el libro también de poesía que el mismo autor publicó unos meses atrás con el sello Casagrande. En este último, Retamoso evoca desde una lírica de la memoria a sus compañeras y compañeros desaparecidos, todos estudiantes de la Escuela de Letras donde el autor estudió y dictó clases como profesor de Análisis del Texto y Análisis y Crítica I, desde 1986 hasta su jubilación en 2017.

¿Cuál es la relación entre Fastos de Mnemosine y Letras 1976? porque son dos construcciones de memoria muy distintas, por no decir antagónicas en una lectura más situada políticamente

—Son formas de la memoria muy distintas, sin embargo hay algunos rasgos que las acercan. En Fastos el personaje se propone la recuperación de una memoria de la especie, y cita a Walter Benjamín, diciendo que en el presente no solamente pueden estar en riesgo los vivos, sino incluso también los muertos, en el sentido de la memoria de los muertos, el riesgo de perderse, de ser olvidados. Entonces, eso sería un rasgo que conecta una forma de la memoria con la otra. Claro que en el caso de Letras 1976 se trata de una memoria más militante, más activa, que intenta recuperar el recuerdo de esos muertos, pero también se podría decir acá, siguiendo a Benjamín, que la memoria de esos muertos, que además son muertos desaparecidos, siempre están en riesgo de perderse ante los peligros y las acechanzas del presente. De todos modos, en un caso se trata de la memoria de un personaje que, sobre todo, intenta recuperar aquello que forma parte de su propia historia, mientras que en el otro libro se trata de una narración más impersonal que habla de esos compañeros desaparecidos con el propósito explícito de recuperar sus recuerdos como una forma de mantener viva esa memoria, de manera actual. 

¿En qué crees que resuena el poema de Holderlin del epígrafe con el libro?

Sinceramente, no sé si el poema resuena en el libro. Esa cita inicial, que funciona al modo de un epígrafe, pretende simplemente poner un párrafo excelso de la poesía universal como signo, como señal, de aquello que el libro desarrolla. Pero no sé, mejor dicho: no creo que el poema de Hölderlin esté presente en mi texto. Más aún, siento que sería una jactancia suponer eso.

Pablo Bilsky enseguida emparentó este libro con Ricardo III y el acoso espectral del final lo hace todavía más shakespereano, ¿hay algún otro homenaje velado en el texto?

En este caso, vale también lo que respondí anteriormente. Pablo, que es un agudísimo lector, reconoció esa presencia shakespereana en mi escrito. Como descreo de que los textos admitan una única lectura, o de que se pueda realizar una interpretación unívoca y exclusiva de ellos, entonces las posibilidades de lectura son inagotables. Es posible leer todo en todo, diría parafraseando a Borges, cuando a su vez parafrasea a las sagradas escrituras. Por eso los espectros que aparecen en mi obra no fueron concebidos deliberadamente como shakespereanos, sin que desconozca por ello que, al escribirlos, algo de la palabra de ese autor inagotable podía estar resonando en mi propia letra. Pero no se trata de un homenaje pensado, o consciente. Tampoco me propuse homenajear a otros autores nativos o extranjeros, pero ante el planteamiento de la cuestión debo reconocer –ahora, después de la escritura– que, aunque fuese por el tema, se pudiera pensar como un homenaje a David Viñas.

¿Por qué elegiste escribir en ese registro neutro de la lengua? ¿Tiene que ver con el género dramático? 

Es posible, porque los géneros siempre determinan los registros lingüísticos. Más allá de eso, diría que ese registro neutro de la lengua obedece además al propósito de darle un aire un tanto intemporal a la fábula. No intemporal como si fuese un mito o un relato puramente fantástico, pero sí como si fuese una historia escasamente datada, que se mueve en la ambigüedad de referir sucesos transcurridos entre el siglo XX y el actual, sin aportar precisiones en cuanto a lugares y fechas. Como si se tratase del esbozo de una fábula alegórica, pero tampoco sin situarla plenamente en ese plano. Si tuviera que decir qué tipo de estética sostiene al texto, diría que se trata de un realismo ambiguo y desdibujado.

—¿Hay algún proyecto común a futuro entre la Escuela Aldo OlIva y Eloisa Cartonera? 

Lo hay, porque existe una gran afinidad entre el proyecto de la Escuela de Literatura de Rosario Aldo F. Oliva y el de la cooperativa Eloísa Cartonera, a través de la Interzona Cultural y la red del Mercado Solidario. Esa afinidad ha plasmado en un programa de ediciones conjuntas, que comenzó con la publicación de la novela Perversidad de Marcos Mizzi, y continúa ahora con la publicación de mi libro. Y está prevista, además, la edición de dos textos, uno de Pablo Bigliardi y otro de Manuel Díaz, junto con la posibilidad de editar un libro de poesía de algunas de las autoras que nos acompañan habitualmente, como es el caso de Andrea Ocampo.

Sobre el autor

Además de su carrera docente, Retamoso es autor de La dimensión de lo poético (Héctor Dinsmann, 1995), La sujeción imposible y otros escritos (Artemisa, 1996), Figuras cercanas (Artemisa, 2000), Oliverio Girondo: el devenir de su poesía (Universidad Nacional de Rosario, 2005), Apuntes de literatura argentina (Universidad Nacional del Litoral, 2008), El discurso de la crítica (Ross, 2008), De un glosario redundante (Ross, 2019); de los libros de poemas Preguntar del hijo (El Farolito, 2007), La primavera camporista y otros poemas (Otra Ciudad, 2008) y El diecisiete (Paso de los libres, 2017), y de las novelas Las aguas cárdenas (Homo Sapiens, 2015) y Prosopopeyas (Último Recurso, 2018).

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