En el profesorado o alfabetizando, de la mano de una maestra o de un texto que menciona su obra. Algunos de los caminos posibles por los que la docencia llega por primera vez a la obra de Paulo Freire. Lecturas que cambian para siempre la mirada sobre la educación, porque la enriquecen y comprometen de manera indeclinable.

Un grupo de docentes que trabaja en distintas realidades educativas habla de cómo se contactaron por primera vez con la obra del pedagogo latinoamericano y del legado que aportó en su trabajo y deja al magisterio.

Este domingo 19 de septiembre se cumplen cien años del nacimiento del gran pedagogo latinoamericano. Paulo Reglus Neves Freire -su nombre completo- nació el 19 de septiembre de 1921 en Recife, capital de Pernambuco (Brasil). Falleció el 2 de mayo de 1997. Estudió derecho, filosofía y psicología. Entre sus obras figuran Pedagogía del Oprimido, Pedagogía de la Esperanza, Pedagogía de la Indignación, Cartas a quien pretende enseñar, La Educación como Práctica de la Libertad y Hacia una pedagogía de la pregunta.

Paulo Freire
El gran educador Paulo Freire nació el 19 de septiembre de 1921 en Recife (Brasil).

Los aportes, en primera persona

Laura Bravi es docente en el Instituto Superior del Profesorado N° 16 Doctor Bernardo Houssay y en la Escuela Normal Superior N° 1. Su deseo es encontrar entre sus recuerdos haber leído al gran pedagogo cuando se formaba como cientista de la educación. Pero no. Y lo lamenta. Paulo Freire aparece cuando al estudio universitario se le suman las intenciones de hacer algo más que lo propiamente académico. Así, “en un aula muy chiquita de Humanidades” -como describe- se encuentra con una reunión de compañeras y compañeros que proyectan ofrecer apoyo escolar en un barrio de Rosario. “La intención era no repetir a la escuela, sino ir con una propuesta de educación popular”, dice Laura de aquella experiencia sustentada en la obra freiriana. “La Pedagogía del oprimido es seguida por la Pedagogía de la esperanza, las preguntas sobre cómo abordar, dialogar genuinamente con sus ideas es constante. Sentirse un puntito, apenas un granito de arena frente a olas sísmicas que lo desestabilizan todo”.

Laura dice que descubrir al brasileño, también habilitó “los desafíos de la praxis, los miedos y frustraciones sobre cómo poner en práctica su legado”. Un camino sin retorno para quienes eligen educar. “Desde allí, siempre Freire es descubrir,  es movimiento, curiosidad, es renombrar, reinventar y renovar a cada lectura y diálogo que acontece, el pacto de amor, esperanza y rebeldía”, opina.

Compara descubrir a Paulo Freire con encontrarse con “un gran tesoro”, que “quema en las manos y urge compartirlo, convidarlo, multiplicarlo, para que esa denuncia, ese grito de liberación, transformación y esperanza se haga pueblo”. “Paulo Freire nos ayuda y acompaña en vivir la educación como un acto político, nos abraza para darnos fuerzas en las batallas desalmadas y deshumanizantes que impone la derecha, el neoliberalismo, nos alienta a continuar luchando colectivamente por una educación emancipadora, descolonizadora”, valora del aporte que significa su obra.

La pedagogía de Freire -sostiene Laura- es también un llamado a “ampliar el horizonte hacia la pedagogía latinoamericana, es hallar en sus recomendaciones para combatir a la educación bancaria e inmovilizadora, los legados hermanados de Simón Rodríguez, coincidiendo por ejemplo en la pedagogía de la pregunta; de José Martí, deseando plantar semillas revolucionarias en cada una y uno de las y los maestros por nacer; de María Teresa Nidelcoff, afirmando la imposibilidad de la neutralidad en la educación y con ello la responsabilidad impostergable de enseñar y construir la escuela del pueblo desde el pueblo; de Camilo Torres Restrepo militando el amor eficaz que se construye desde abajo, junto con el pueblo”.

Laura Bravi
Laura Bravi es docente en el Instituto Superior del Profesorado N° 16 y en el Normal Superior N° 1.

 

Maria Fabiana Elcarte es coordinadora del departamento de educación del Museo de la Memoria de Rosario (depende de la Secretaría de Cultura y Educación municipal). Estudiaba comunicación social en la universidad pública cuando conoció por primera vez la obra de Freire. Un conocimiento que profundizó cuando hizo la carrera de ciencias de la educación. “Me abrió un mundo nuevo sobre cuál es el rol del educador”, dice de aquel encuentro.

María Fabiana siempre ejerció su profesión de comunicadora y educadora en el ámbito de la educación no formal. Asegura que la pedagogía de Freire cobra una particular relevancia en la tarea que lleva adelante. “La visión de Paulo Freire de la educación como herramienta de transformación y de liberación es fundamental en el ámbito de los derechos humanos, de la historia reciente y para la búsqueda de una democracia participativa, más justa y solidaria”.

En el trabajo educativo que realiza el Museo, la pedagogía de la pregunta planteada por Freire es una herramienta fundamental. María Fabiana pone como ejemplo, las visitas guiadas que se realizan por el espacio donde se apela a construir conocimientos sobre el pasado reciente en un intercambio permanente con docentes y estudiantes.

Otro aporte que menciona es el legado de la pedagogía de la esperanza, donde “la responsabilidad pedagógica del docente y su posicionamiento” son indispensables a la hora de educar y ofrecer mejores horizontes. Habla entonces de la docencia como una militancia política (no partidaria) que la lleva a “tener un posicionamiento” ante las diferentes problemáticas de la vida diaria.

También rescata de Freire la mirada integral “interdisciplinaria” de entender la enseñanza y los aprendizajes. Lo que hoy les permite cruzar distintos lenguajes y disciplinas para pensar la enseñanza del pasado desde el arte, el cine, la literatura. Y desde ya “tener un pensamiento constructivo y crítico”.

María Fabiana Elcarte
María Fabiana Elcarte, del Departamento de Educación del Museo de la Memoria de Rosario.

 

Diego Oro es profesor de materias del área contable en las escuelas Técnicas N°656 Juana Elena Blanco y N°628 Servando Bayo, donde también ejerce como preceptor. Además de enseñar en los Institutos Superior de Educación Técnica N° 56 y 58.

Diego se formó como perito mercantil, donde escuchaba muy a la distancia hablar de Paulo Freire. Luego en los cursos de formación docente, las lecturas sobre el educador brasileño llegaban sobreentendidas. Recién cuando cursa su profesorado técnico es cuando se acerca más a su obra. “Con las primeras materias de pedagogía me llenaron de Freire”, dice.

Pero Diego ya trabajaba como profesor en barrios vulnerables de la ciudad. Y es ahí cuando constata que mucho del accionar pedagógico que llevaba adelante se nutría sin saberlo explícitamente de aquella pedagogía. “Cuando Freire habla de la Pedagogía del oprimido y de emancipar a través de la educación, es cuando empiezan a hacer ruido lo que hacía, a constatar realidad y teoría, a encontrar coincidencias”.

La primera vez que leyó una obra completa de Freire fue cuando cursó un postítulo de formación docente y accedió a Cartas a quien pretende enseñar. Diego dice que esa lectura le permitió afirmar la convicción de la responsabilidad que tienen las y los educadores con su oficio.

Para Diego el mayor aporte del legado de Freire es reafirmar que “la educación es la forma en que se puede acceder a ser realmente libres, sobre todo para ciertos sectores de la sociedad”.  Sobre esta afirmación recuerda que muchas y muchos jóvenes llegan a las aulas “con el rótulo de «no puedo», «no me corresponde» o « no es para mi»”. Son a quienes todo el tiempo “la sociedad les dice que no hay lugar” para ellas y ellos. Aquí la escuela cumple el papel -sostiene el profesor- de marcar la diferencia.

Diego Oro
Diego Oro es profesor en escuelas técnicas y en tecnicaturas superiores.

 

María Lenci es maestra de la Escuela Primaria N° 1.117 de Villa Gobernador Gálvez. Recuerda que a los 16 años cuando cursaba el trayecto de Maestra de Educación Básica (MEB), un proyecto que existió en el Normal N°1, ya tenía contacto con autores de avanzada como Piaget. Pero es recién al final de su carrera, en la residencia docente, cuando se da el encuentro con Paulo Freire. “Creo que fue de la mano de mi profesora de práctica María del Carmen de Pauli”, menciona entre otras docentes que la acompañaron en su formación.

También recuerda que la práctica de la residencia transcurrió en un ámbito de educación no formal, sumamente innovador: “Trabajé en La Rigoberta, un proyecto coordinado por Silvia Bianchi y Elena Achilli en la República de la Sexta”. Una experiencia de inicios de los 90 de educación popular donde va uniendo la lectura de Pedagogía del oprimido con la práctica de la educación de adultos. La obra “me toca en lo profundo, porque tenía poca experiencia y no podía poner en palabras la importancia que sentía tienen el leer y escribir. Me identifiqué con esa mirada y lo sigo haciendo hoy”.

Para María el aporte de la obra de Freire tiene un peso sustancial en la tarea de educadora. “Sentí que me daba la legitimidad de poder proponer, generar y construir situaciones en donde aprender a leer y a escribir significaba también correr un velo, y mirar aquel otro aspecto que tiene la palabra como posibilidad de reivindicación, como una herramienta de clase, de una identidad, de un nombre propio”, dice de las razones que también la llevaron a apasionarse con la tarea de alfabetizar.

María diferencia miradas sobre las lecturas y obra de Freire. Una con su Pedagogía del oprimido con la que rompe estructuras y propone abordar el hecho educativo. Y otro Freire “que habla de las palabras amor y esperanza”, sobre las que considera son las que marcan hoy el camino para pensar la educación. Justamente -agrega- son también las que eligieron para el Día de la Maestra y el Maestro en su escuela de Villa Gobernador Gálvez, y llevarlas a unas tarjetas de recuerdo: “Mi esperanza es necesaria pero no es suficiente. Ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea, necesitamos la esperanza crítica como el pez necesita el agua incontaminada” (Paulo Freire).

María Lenci
María Lenci es maestra de la Escuela Primaria N° 1.117 de Villa Gobernador Gálvez.

 

Ivana Martínez es la directora de la Escuela N° 256 Manuel Belgrano, de Pueblo Andino. La primera vez que escuchó hablar de Paulo Freire la recuerda en una experiencia pedagógica no formal de la enseñanza. “Fue en el barrio San Francisquito (de Rosario), en un grupo de mujeres que conversaban sobre la educación popular. Marta Vitta me acercó a él, con mucha pasión”, repasa de aquel encuentro y de quien define “una gran maestra”.

“La vi moverse en Casa de Todos, en María Madre y en la facultad. Siempre contagiando con los aportes del maestro brasileño”, agrega de la educadora que abrió el encuentro con Freire.

Ivana dice que la pedagogía de Paulo Freire le marcó un camino, “el de la educación popular”, a la que siempre apeló, inclusive desde la educación formal. “Muchas ideas de Freire resonaron y resuenan en mi cabeza y mi corazón: que es importante enseñar a leer el mundo, que nunca debemos perder la esperanza como educadores y que siempre tenemos que estar alertas al opresor que podemos alojar en nuestras cabezas de oprimidos”, comparte de esas enseñanzas.

Ivana Martínez
Ivana Martínez es la directora de la Escuela N° 256 Manuel Belgrano, de Pueblo Andino.

 

Melina Barsola es la directora de la Escuela Secundaria N° 551 Sonia Beatriz González. Corrían los años 2006, 2007, cuando estudiaba en el Profesorado Manuel Leiva de Casilda, y por primera vez se contactó con la obra del gran educador.

Asegura que el legado que le dejó su obra es “la posibilidad de pensar la educación como una construcción colectiva”. Pero, “por sobre todas las cosas la posibilidad de pensar constantemente en la interacción con un otro, y un enriquecimiento mutuo de ambas partes”. Un enriquecimiento que lo entiende en tanto “construcción humana”.

Melina dice que a medida que pasa el tiempo y se lee una y otra vez la obra de Freire, “sus ideas siempre resignifican”. O permiten pensarse junto a los crecimientos personales y los lugares que se habitan. Además de poder construir en una idea colectiva y con un otro.

“Habitar de manera más bonita el mundo del aprender y el mundo de construir conocimientos” es para Melina una contribución principal de la obra de Freire.

Melina Barsola
Melina Barsola es la directora de la Escuela Secundaria N° 551 Sonia Beatriz González. Foto: Sol Vassallo.

 

Berenice Bruno actualmente vive en Montevideo (Uruguay) donde es editora en Ediciones Aula. Hasta principios de este año trabajó en la Escuela Secundaria Marcelino Champagnat y en la Eempa 8 de Marzo, de Rosario. Conoció a Freire en el profesorado de Ciencias de la Educación, en el Instituto Superior N° 28 Olga Cossettini, “en distintos espacios curriculares, con distintas profesoras”.

“El educador brasileño nos enseñó que el saber se co-construye. Participan docentes y estudiantes”, defiende de una idea a la que adhiere al considerar que, en términos generales, el saber de las y los estudiantes no siempre es tenido en cuenta, más bien “es ninguneado, se lo subestima o niega”.

También destaca el posicionamiento político del gran pedagogo. “Freire no duda en utilizar el concepto de derecho”, para defender desde el derecho a huelga hasta contar con los recursos para estudiar.

“Otro aporte de Freire es su concepto de praxis”, marca Berenice y recuerda el aspecto de reflexión y acción que demanda el hecho educativo. También valora la figura de “militante y exiliado político”: “Supo comprender las necesidades de las personas pobres, descamisadas, olvidadas de los sistemas educativos modernos y se rebeló ante ese sistema opresor, disciplinador y patriarcal”.

Berenice dice además que Freire no es sin aquellos pensadores que también aportan “una mirada integral, descolonizadora, libertaria de la educación popular como la del gran educador, Simón Rodríguez, un adelantado para su época”.

Berenice Bruno
Berenice Bruno, en una de las clases de la EEMPA 8 de Marzo.

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