Hombre Enterrado, pieza teatral basada en un cuento de Carlos Masinger y dirigida por Paula Manaker, se podrá ver durante agosto en el Centro Cultural Parque España, de Sarmiento y el río.

Paula Manaker dirige la obra pero se trata de una producción muy colectiva. Más allá de tratarse de una coproducción argentina-paraguaya, debido a los aportes del Centro Cultural Parque de España (Rosario) y el Centro Cultural Juan de Salazar (Asunción), es una obra que surge de un grupo de amigos y se alimenta del tiempo y el trabajo compartido.

Carlos Masinger, también conocido por sus artes como creador de máscaras de políticos, juguetes, chocolatero, músico y compositor, contó a El Eslabón que es muy habitual que se le ocurran relatos. “Siempre estoy tratando de contar historias y me vuelo la peluca con cuál me gustaría que fuera la idea, cómo sería la película, y la cuento. En esa época de pandemia, estaba con amigos hablando sobre qué bueno que estaría volver a hacer cosas y yo dije, bueno, hagamos esta idea, y ahí empezó todo. La obra habla un poco del derecho a la hospitalidad. Es un mandamiento de ayudar al desvalido forastero”. 

El cuento habla de un hombre que queda atrapado en una ciénaga donde transcurre su último día entre la locura y la fatiga. “Es una cosa bastante humana y característica de casi todos los pueblos de llegar a un lugar y pedir ayuda, y que te la den, no que te coman ese mismo día. Son boludeces que a veces pienso, y pensaba en esa historia y cómo podía ser”.

Paula Manaker es directora de teatro y danza, bailarina, gestora cultural y docente, pero para el caso es, principalmente, amiga de Masinger. Ella destaca que la potencia de toda la obra y los artistas que debían participar ya estaban contemplados en el primer esqueleto del cuento. “En un principio fue un cuento, después se fue convirtiendo en un guión escénico, con cambios y todo, y nos propuso a mí y a Ange (Potier) que hagamos esta obra. El cuento que escribió él estaba pensado para que Ange hiciera sus animaciones. Desde el principio la obra estaba escrita pensando en a quién se la convidaba”.

La idea “fue escribir un cuentito muy cortito, chiquito, que contara una historia y que la historia tuviera la posibilidad de entusiasmarlos a ellos en las interpretaciones o en lo que tendrían para hacer”, acota el autor.

Masinger escribió la obra, construyó parte de la escenografía y utilería e incluso creó la música original. “Sí, un poco de todo”, confiesa. Y Paula bromea con que “en breve no nos necesita más: escribe el cuento, hace la música, construye la escenografía y casi que dirige a los actores”.

A partir de la primera invitación fue creciendo la obra. “Paula quería hacer una obra y yo le decía, bueno, la hacemos acá porque es fácil, sólamente hacemos un pozo afuera y listo. Mentira. Después se fue complejizando y complejizando. Yo pensaba que iba a ser re simple, que la íbamos a hacer entre tres, que iba a ser performático o una obra chiquitita, pero ahora es un monstruo de cosas”, admite Masinger.

Foto: Andrés Macera

Al principio Paula también pensó que podía ser así de sencillo, “pero después me di cuenta que hacerlo afuera implicaba un montón de despliegue y gasto para muy pocas oportunidades. Nos fuimos dando cuenta cuando íbamos pensando lo que queríamos que implicaba bastante más concentración que la que podíamos tener en el parque. Por ejemplo cuando pensábamos que lo podíamos hacer en cualquier parque no podíamos poner música ni llevar equipos ni podíamos iluminar y la animación tampoco se iba a ver, con lo que desperdiciábamos el laburo de Ange un montón”.

La puesta entre múltiples artificios cuenta con proyecciones de animaciones que realizó Ange Potier, el artista francés radicado en Argentina que se encargó del arte de la obra.

La escenografía la hicieron Masinger y Potier. Como constructor y diseñador respectivamente. 

Masinger relata el camino que siguió la obra. “La imaginé y se me empezó a ir de las manos. Cuando empezamos todo yo decía, vamos a hacerlo en el parque. Lo hacemos con un pozo, con un árbol, una cosa así y terminamos con una construcción”.

“Pasa un poco eso con nuestro equipo, que hace mucho trabajamos con él (Masinger), con Ange, sobre todo nosotros tres, pero también con Tatú (Marcelo Díaz), somos los que trabajamos mucho juntos”, celebra la directora, y agrega: “Hace mucho que hacemos cosas juntos y hay algo que pasa en nuestro universo que es que alguien quiere hacer algo y todos lo bancamos. Es como que se van desarrollando los sueños dentro del grupo. Todos vamos colaborando a que sea posible”.

La obra tiene una gran puesta en escena. “Primero era un árbol y terminamos haciendo un montón de árboles. Era más fácil hacerse una casa prefabricada que todo lo que hicimos”, dice Masinger, y Paula coincide: “Pensamos que gastamos parecido e invertimos un tiempo similar pero hicimos la casa para la obra de teatro de cinco funciones”.

Aún antes de trabajar en las escenas se trabajó la escenografía, el entorno de la obra.

“Los actores trabajaron en la estructura del texto y después en la estructura de la escenografía, y recién, casi diríamos que medio año después, creo que se están adaptando al entorno que creamos. Como entendiendo ellos de qué va y yo también”, detalla Paula.

“Nos dimos cuenta de que necesitábamos el emplazamiento de la escenografía y del espacio real que era totalmente ficcionado. La escenografía iba a ser de papel, después de cartón y terminó siendo de madera, entonces tuvimos bastantes instancias distintas y esa madera después implicaba todo un montaje complejo y también nos fuimos adecuando a que los actores ahí también tenían otra función”.

Paula advierte que en la iluminación trabajaron de una manera diferente a la que acostumbran. “En general Tatú o yo hacemos las puestas de luces. Cuando vimos cómo venía esta obra los dos pensamos que estaría bueno llamar a otra persona que tuviera otros conocimientos y nos aportara otras cosas porque no era fácil de pensar la iluminación de este socotroco que habíamos creado y además darle vida de alguna manera con la iluminación era importante y encontramos un pibe (Diego López) que es un hallazgo para nosotros, y cuya propuesta fue generar una especie de paso del tiempo durante la obra con las luces, aprovechando que la obra transcurre en un día”.

Tanto cuerpo y cabeza le pusieron a la escenografía que incluso le encargaron a la artista paraguaya Edilthrudis Noguera la creación de obras en cerámica expresamente para una escena. Ange Pottier ya había trabajado con ella en Paraguay. “Tenía una especificidad en la forma en que construía objetos de cerámica. Trabajaba con cuerpos casi tamaño natural y arrancaba siempre desde los pies”, cuenta Paula.

A partir de allí, tanto la directora como el escritor pudieron “fantasear con las posibilidades” de que esa marca de la escenografía se abriera para “hacer como otra obra” próxima, pero ese será otro cuento.

La obra ya se presentó en el Centro Cultural Juan de Salazar en Paraguay pero para la directora “fue como una especie de preestreno”. “Si bien funcionó, la obra tiene un avance y todo, yo creo que nos faltaba una masticación, como si pudiéramos reconocernos en eso que creamos, como algo real de la ficción”.

Hombre Enterrado se presentará los días viernes 5, sábado 6, viernes 12, sábado 13 y domingo 14 de agosto a las 20.30, en el Teatro del Centro Cultural Parque España (Sarmiento y el Río). Las entradas ya están a la venta. Actúan Federico Tomé, Marcelo Díaz, Yanina Silva, Cecilia Mastria y Mauro Lemaire.

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