ElCineClú proyecta películas todos los miércoles y domingos. En época de proliferación de pantallas chicas, llama a una experiencia de encuentro ante tanto individualismo.
Hace poco, ElCineclú proyectó Cinema Paradiso, la película italiana de 1988 que, siguiendo la infancia y adolescencia siciliana de un director de cine prestigioso en Roma, viaja en la nostalgia de lo perdido: no su juventud, sino la costumbre popular del cine. Splendor –del mítico Ettore Scola–, película también italiana de 1989 –que fue “tapada” por el éxito que significó Cinema Paradiso–, recorre en otro ritmo y con otra perspectiva la misma historia: la gradual desaparición de los cines ante su inviabilidad comercial. La conversación –sobre el final de Cinema Paradiso– entre Totó y su antiguo empleador y dueño del cine, parece ser la marca de la relación entre el neoliberalismo y las formas de arte que intentan salir de la casa:
—¿Hace cuánto que cerró?
—En mayo se cumplen seis años. Ya no venía nadie. Usted lo sabe mejor que yo… la crisis, la televisión, los videos. Ahora el cine es sólo un recuerdo. Lo compró el municipio para hacer un estacionamiento.
Esta historia mínima parece no dejar de repetirse y profundizarse. Avanza en los tiempos y no conoce demasiada distinción de geografías. Caminando por Rosario, no son pocos los lugares donde en vez del cine, ahora hay un centro comercial. Quizás el caso del cierre del Arteón, en Sarmiento 778, es el más reciente y emblemático.
Sin embargo, no dejan de existir grupos que intentan recuperar al cine como espacio social –pues nunca fue sólo ir a ver películas– como lugares de encuentro intergeneracionales que reactualizan un ritual y permitan salir del habitáculo de la residencia individual, espacio cada vez más sacralizado en el templo del yo. ElCineClú es una de esas apuestas.
Nacido apenas terminada la pandemia, ElCineClú vino a llenar un espacio que había quedado vacío cuando el Cine Club que funciona en la Asociación Médica Rosario –que, según ellos, son el club de cine más antiguo del país– tuvo un impasse y no se sabía si volvería a proyectar películas. Orlando Benedetto, Celeste Ghione, Cristian Madoery, Claudio Perrin y Claudia Schujman son los cinco realizadores audiovisuales y actores que empezaron el proyecto que todos los miércoles –en Empleados de Comercio (Corrientes 450)– y domingos –en un anexo del Isabel Taboga (Sarmiento 1112)– pasan películas más allá del último grito de la industria cinematográfica mundial, y en pantalla grande.
“Sentarnos en una sala de cine es otra cosa, es otro mundo, pasamos películas que fueron muy queridas por su público y que capaz la vieron en la computadora, en la TV, en una pantalla chiquita”, cuenta a El Eslabón Claudio Perrin, director de cine. “Me rememora ir al Cine América, cuando tenía 10 años, mis viejos me daban plata e iba solo, o con los del barrio. En ese momento en la televisión estaban Canal 3 y Canal 5, no había mucho más. Entonces ElCineClú se siente como tener un cine propio, es como un pequeño sueño”, y entre risas agrega: “Con Claudia (Schujman, compañera suya de ElCineClú, que también es actriz de teatro) jodemos siempre con ser dueños de una sala propia y pasar las películas a la hora que queramos, que haya funciones de teatro”.
ElCineClú es una invitación a otra relación con lo que suele llamarse el séptimo arte. “Dejemos de ver películas en la pantallita, que te parás, hacés un huevo frito, la película sigue corriendo mientras tanto”, incita Perrin. Y cuenta que, además de las funciones en Empleados de Comercio y en el Taboga, su proyecto tenía que ver con llegar a los barrios, pero eso se fue dificultando por la cantidad de gente que iba. “En el Gran Rosario viven un millón y medio de personas, pero a ver un espectáculo te vienen, con suerte, 60. Y cuesta mucho multiplicar eso. Nuestra idea es llegar a los barrios, al oeste, al norte. Pudimos concretar unas proyecciones en el centro cultural La Fábrika, que estaba en zona sur, pero es todo un trabajo: llevar el proyector, montarlo, y a veces iban diez personas, pero la mayoría de las veces seis, cinco, a veces tres, y en un momento dejamos de hacerlo. Pero sí pudimos sostener –además del que se hace en el centro rosarino– un cine club en Baigorria, que está Orlando Benedetto, y ahí se genera un poco lo que más nos gusta: que después de la película se queden comiendo, tomando algo y hablando de la función”.
En las últimas funciones, con Cinema Paradiso y Apocalipsis Now fueron alrededor de 150 personas, cuenta Perrin con felicidad, e invita a todos y todas “a que vengan al cine a ver cine”.
Con funciones de clásicos los domingos en el Isabel Taboga, y los miércoles en Empleados de Comercio, ElCineClú ya contabiliza 241 películas proyectadas, y va por más. Apuesta por el encuentro y la acción de ir al cine como una forma de resistencia ante tanto embate e individualismo.
Remar en brea
“El panorama es tremendo”, sentencia Perrin desde su lugar de realizador audiovisual además de organizador de ElCineClú. “Cómo extrañamos los tiempos en que la Chiqui Gonzalez estaba en el área de Cultura (del gobierno provincial), venían obras de teatro de todas partes, había centros culturales… hoy el panorama es lamentable, tenemos amigos con centros culturales que están en la cuerda floja, y en los tres niveles –el municipal, el provincial y el nacional– a ninguno le importa la cultura”, denuncia Claudio y lo expande a los otros ámbitos: “La recesión a que nos llevaron es en todos los aspectos, no funciona nada”, e ilustra: “Ya no estamos remando en dulce de leche, estamos remando en brea, casi sólida”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 27/6/26
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