El nuevo ministro de Economía recargado anunció un plan estabilizador con el foco en acumular reservas y arbitrar en la puja salarios-inflación. Anunció bono para jubilados y admitió la necesidad de recomponer ingresos. Faltan medidas para los sectores populares.

Se concretó la tan anunciada y estridente llegada de Sergio Massa al gabinete nacional. La era Massa arrancó a toda orquesta. Sublime puesta en escena, un toque farandulesco, amplio consenso político, sindical y de buena parte del poder empresario. Fotos con CFK y Máximo Kirchner incluidas en la previa a su asunción como ministro de Economía recargado.

Los desafíos que lo esperan hacen pogo en medio de una situación de fragilidad, en un contexto socioeconómico que apremia. Reordenar y estabilizar la economía son ejes rectores. Mucha expectativa, más interrogantes. Resopla un cambio de clima. ¿Para bien o para mal? Veremos, dijo Lemos. Con la reconfiguración interna y una suerte de relanzamiento de la gestión, se abre una nueva etapa para el Frente de Todos y, en particular, para el peronismo de cara a 2023.

Al explicitar su hoja de ruta, que tiene algunas continuidades con sus dos predecesores en el cargo, Massa, un político manejando la economía, ratificó que cumplirá las metas que impone el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por el endeudamiento récord heredado del macrismo.

El entendimiento con el FMI fue firmado por el ex ministro Martín Guzmán a principios de este año y resultó un parteaguas en el oficialismo, diferencias alrededor de políticas económicas que ya habían quedado en carne viva tras la derrota en las elecciones legislativas de 2021. Fricciones que vienen enganchadas a los efectos de la pandemia y el día después, el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania y el todavía incumplido programa de gobierno que el FdT comprometió en 2019 ante el grueso de sus votantes.

Massa plan

Recién asumido, el jefe del nuevo Ministerio de Economía ampliado –que, en rigor, recupera el organigrama tradicional– presentó su repertorio de medidas anticrisis, el tracklist para saltar al escenario con un “plan de estabilización” macroeconómico. Su equipo de trabajo engloba las secretarías de Agricultura, Producción y Comercio, lo que traería a priori mayor coordinación en el área económica. Los funcionarios que ocupan esos casilleros son de extrema confianza del tigrense.

El plan económico y productivo anunciado por Massa, caminante peronista de la ancha avenida del medio, busca conciliar medidas de austeridad y equilibrio fiscal con la necesidad de recomponer salarios e ingresos. ¿Podrá conformar a todes?

El nuevo ministro dijo que buscará primero fortalecer las escuálidas reservas del Banco Central. De hecho prepara viajes al exterior con ese objetivo. Atajando las presiones de las últimas semanas de grupos de poder, golpe de mercado mediante, descartó una devaluación brusca porque “produce pobreza y una enorme transferencia de recursos”. Seguirá con el ajuste del gasto, congelamiento de planta del Estado y se comprometió a cumplir la meta de déficit del 2,5 por ciento del producto bruto, según lo pactado con el FMI. También hubo flores para la Mesa de Enlace.

El ex jefe de Diputados comunicó cambios en la segmentación tarifaria que ya no será por ingresos sino a partir de niveles de consumo. Habló de un mayor control sobre exportaciones e importaciones y dijo que tenía detectadas las maniobras fraudulentas de grandes empresas para quedarse con los dólares que escasean. Insistió en que la “corrección de distorsiones” entre el tipo de cambio oficial y el paralelo debe hacerse sobre “la base de las reservas”. En una primera reacción, los mercados le dieron “me gusta” a la designación de Massa como ministro de Economía, quien buscará “anclar expectativas”.

En conferencia, prometió “desarrollo con inclusión social”, aunque por el momento es un lindo eslogan. Sin demasiadas precisiones, Massa anunció un bono refuerzo para jubilados, prometió mejoras en asignaciones familiares y convocará a empresarios y gremialistas para buscar mecanismos que ayuden a recuperar salarios formales frente a la disparada inflacionaria. También mencionó que reordenará los programas sociales, siguiendo el debate instalado por la vicepresidenta.

Las mayorías populares, cansadas de tener que bailar con la más fea, esperan intranquilas medidas concretas para un mejor vivir. Massa no mencionó el salario básico universal. El establishment empresarial y financiero, con el complejo agroexportador a la cabeza, adalides de la especulación, aprieta. Pero los últimos, los anteúltimos y los del medio aguardan escuchar la más maravillosa música para sus bolsillos frente a una inflación heavy, que pegó otro salto las últimas semanas con la corrida cambiaria. El índice de julio se conocerá en los próximos días y se proyecta entre 7 y 8 por ciento, con mayor impacto en alimentos.

Luces y sombras

En pastillitas publicadas en la red social del pajarito, Massa presentó al staff que lo acompañará en el Ministerio de Economía. El productor tambero entrerriano Juan José Bahillo, ex ministro de Producción de esa provincia, se desempeñará como secretario de Agricultura. Será el encargado de amalgamar con el sector ruralista, apuntado por la demorada venta de granos. Lo acompañará Gabriel Delgado, ex interventor de Vicentin en la expropiación estatal fallida.

Massa anunció la continuidad de Raúl Rigo como secretario de Hacienda y de Eduardo Setti como secretario de Finanzas. Matías Tombolini, ex panelista de televisión, será secretario de Comercio. José Ignacio de Mendiguren ocupará la Secretaría de Producción, cargo que ya tuvo durante el interinato de Eduardo Duhalde en 2002. Lisandro Cleri será vicepresidente del Banco Central y le hará marca personal a Miguel Pesce, titular de la autoridad monetaria.

También anunció la polémica incorporación de Daniel Marx como asesor en temas de deuda. Entre 1989 y 1993, Marx fue jefe negociador de la deuda externa argentina. Fue secretario de Finanzas durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Participó en el Blindaje y el Megacanje, acompañando a Domingo Cavallo poco antes del triste desenlace de la crisis de 2001.

Sergio, el equilibrista

El ascenso de Massa superstar es proporcional al declive en el que había entrado la coalición gobernante. El hincha de Tigre más famoso, que tiene desde hace tiempo aspiraciones presidenciales, se precipitó al centro de la política nacional. Su nombre zumbaba desde hace tiempo como posible carta a jugar en el gobierno, sonó fuerte tras la renuncia rimbombante de Guzmán, y finalmente, después de las tres semanas de Silvina Batakis en el Ministerio de Economía, llegó la hora Massa. En el medio hubo una seguidilla de renuncias y nuevas designaciones bien desordenadas y desprolijas.

Su ingreso al gobierno como ministro de Economía fue una movida política que apaciguó la interna oficialista, al menos por un tiempo. Massa tiene más peso político que Batakis y muchísimo más que Guzmán. Y tiene sponsors que bancan su carrera política, de cuerpos presentes en el día de la asunción. Conserva buenas relaciones con Estados Unidos y organismos multilaterales de crédito.

Quizá tiene más peso que Alberto Fernández, que llegó a presidente ungido por CFK sin haber ocupado ningún cargo electivo y hoy queda más debilitado. Cristina, pragmática y realista, accionista mayoritaria del FdT, asediada por el partido judicial, avaló el desembarco de Massa como “superministro” de Economía, un virtual primer ministro a la europea que pareciera ajustarse al actual momento político del país y de la coalición gobernante.

Massa, de elasticidad ideológica y mucha cintura política, fue votado como diputado nacional por el Frente de Todos en las elecciones de 2019, y el martes 2 de agosto dejó la presidencia de la Cámara baja y se mudó del Poder Legislativo al Ejecutivo, cuando falta un año y medio para las elecciones presidenciales.

Como presidente de la Cámara de Diputados tuvo un lugar de exposición pero más bien equidistante de la tensión política hacia el interior del FdT. Cumplió un rol de mediador. Desde allí impulsó proyectos clasemedieros, como los alivios fiscales para quienes pagan Ganancias o son monotributistas. Se ganó el mote de El Señor de los Alivios.

La titularidad de la Cámara baja quedó por primera vez para una mujer, la bonaerense Cecilia Moreau. En tanto, la banca que dejó Massa fue ocupada por el dirigente piquetero Juan Marino, que al jurar pidió un “salario básico universal y que la deuda la paguen los que la fugaron”.

Massita, como le dicen algunos cariñosamente, ahora tendrá en su poder la lapicera más importante del Gabinete nacional, la del Ministerio de Economía, donde se corta el bacalao. Con Massa en el gobierno, las tres principales patas políticas que conforman el FdT están al mando del tablero. 

Massa construyó buena parte de su carrera oponiéndose al cristinismo y a la organización La Cámpora, con la que hoy comulga y se muestra en buena sintonía. Le dio pelea al kirchnerismo en las urnas, pero después se lo almorzó la grieta. Tanto Sergio como Alberto fueron muy críticos de la vice años atrás, cuando en diferentes momentos ejercían la Jefatura de Gabinete y terminaron abandonando el gobierno de CFK.

El ex intendente de Tigre coqueteó con Macri, lo acompañó al foro económico mundial de Davos y en la votación en el Congreso. Bailó el carnavalito en Purmamarca junto al líder del PRO y el gobernador jujeño Gerardo Morales, que ya había metido presa a la dirigente social Milagro Sala. En 2016, El Eslabón hizo una tapa bajo el título “Massacri”, donde se señalaba al líder del Frente Renovador como rueda de auxilio de Cambiemos. Y todo cambia. Terminó siendo muy crítico del macrismo y su política de endeudamiento. Y finalmente apostó al Frente de Todos.

Problemas distributivos

La economía nativa conjuga crecimiento con ingresos de las y los trabajadores que corren detrás de la inflación. El economista Ernesto Mattos sostuvo que “la Argentina necesita una recuperación del salario, que la gente tenga capacidad de compra”. En declaraciones radiales, contrastó: “O es un modelo capitalista con consumo o será crecimiento con salarios bajos y consumo planchado. La inflación es generada por empresas alimenticias”. A la vez, remarcó: “Hay un sector de la población que llena restaurantes y hay otro que trata de no perder las tres comidas del día”.

En su último informe de coyuntura, el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate), analizó: “Es notable la ausencia de una política de recomposición de ingresos en beneficio de la clase trabajadora, en especial de aquella sin representación sindical (trabajadores de la economía informal), o de los sectores con menor poder de fuego y salarios formales que orillan el mínimo legal”.

El reporte del grupo rosarino Mate recordó que “entre 2007 y 2015, el salario mínimo vital y móvil se mantuvo en un nivel cercano a los 66 mil pesos (en pesos actuales). Con el gobierno de Macri, y reflejando su política distributiva, el salario mínimo se derrumbó hasta un valor equivalente a los 47 mil pesos. Sin nuevos aumentos y por el efecto de la inflación en lo que queda del año, el salario mínimo tendrá un valor actual promedio de 40 mil, 13 por ciento por debajo del dejado por Macri”.

“Por la aceleración de los precios, los salarios en 2022 no recuperaron nada de lo perdido durante los dos primeros años de mandato del Frente de Todos. Actualmente, el nivel real de los salarios es 7 por ciento menor al del último año del gobierno de Cambiemos. No sólo no se avanzó en un sendero de reparación de los ingresos perdidos entonces, sino que la caída se profundizó. Las y los informales fueron quienes más perdieron, secundados por el personal del sector público”, se indicó en el informe de Mate.

Hay un terreno en disputa, la moneda está en el aire. ¿A dónde va +A? Los más críticos hablan de una etapa con reminiscencias noventosas de “relaciones carnales II”. Lo cierto es que el respaldo que cosechó para su nueva gestión es transversal y, en general, su llegada al gabinete fue bien recibida por la mayoría del FdT.

¿Qué perfil adoptará en su debut como ministro de Economía en una Argentina con cerca de la mitad de su población bajo la línea de pobreza y serios problemas distributivos? ¿Habrá nuevo rumbo un poco ortodoxo, otro poco heterodoxo? Las respuestas irán asomando cuando empiece a bajar la espumassa.

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