Yo no sé, no. Esa mañana con un fresquito atípico para noviembre, con Pedro llegamos justito con el churrero a la cancha de Pellegrini y Río de Janeiro. Cuando lo vimos al Rubén, tranqui con su canasto llenos de churros, nos quedamos tranquilos porque siempre caía 15 minutos antes del primer partido. Esa mañana, a las 8, arrancaría un partido entre 11 Unidos, que hacía las veces de local, y La Cortada, de barrio Alvear. El sonido a motores que salía de una radio nos decía que era una mañana de domingo porque siempre las carreras eran los domingos, y siempre o casi siempre en el relato de aquellas carreras de autos, supongo del TC (Turismo Carretera) aprecia un “Acaba de pasar el auto conducido por el oriundo de Justiniano Posse”.

Volviendo al partido, mientras comíamos el segundo churro, veíamos como se vendaba los tobillos el Beto. El Betito era la primera vez que jugaría para La Cortada y traía justo, justito, lo que necesitábamos: un zurdo que al medio campo le pusiera talento y fuerza. Y digo fuerza porque era capaz de trabar en el aire o contra el piso con esa talentosa zurda. Mientras tanto, en la libreta de calificaciones de Pedro las notas le hacían calcular que el promedio le daría justito como para tener un verano tranqui: dos materias a diciembre y ninguna a marzo. Por primera vez aparecía justito un 9 en física para un 6 salvador como promedio. Pasaron los años, en los noviembres nos decían que a lo sumo llegaríamos con lo justo, con lo justito a fin de año. Y también aprendimos que lo justito puede ser un montón si con lo justito, y con un gol sobre la hora, salís campeón. Si con lo justito llegabas para los últimos Particulares con el último cortado, o si con lo justito llegabas a la parada del bondi para tomar el 52 (actual 128), ese, además, el de las 8 y media, en el que seguro viaja ella.

El otro día, mientras que veíamos el precio del faldaje en un pizarrón de la carnicería cerca del club Las Palmeras, Pedro me dice: “Mirá, ya sé que hoy lunes es día para un puchero, pero teniendo todavía ese gusto a triunfo, que nos vienen tan justo para que de a poco se vaya tanto gusto a amargo, estaría para que el fuego de principio de semana sea para festejar, aunque sea con lo justito, por ese Brasil tan de Lula, tan nuestro.”

Mientras el carnicero nos envuelve un par de kilos maso de falda, Pedro me dice: “¿Sabés una cosa?, nunca supe quién era el corredor oriundo de Justiniano Posse. Tampoco nadie dice quién fue el oficial que se cargó a Justiniano y por qué”.

Mientras miramos las caras de amargados en la pantalla del canal de noticias de Clarinete cuando informan el resultado final de las elecciones en Brasil, Pedro me dice: “¿Quién te dice?, capaz sea el comienzo de empezar a ganar aunque sea con lo justo, con lo justito, pero ganar”.

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