Quiero verte huir
Yo no sé, no. Graciela e Isabel ya sabían de la función de cine que iban a dar en el Anastasio Escudero. Era una película que estaba buena, pero ellas ya la habían visto. La Gra y la Isa se iban a fugar, se iban a pirar en medio d
Yo no sé, no. Graciela e Isabel ya sabían de la función de cine que iban a dar en el Anastasio Escudero. Era una película que estaba buena, pero ellas ya la habían visto. La Gra y la Isa se iban a fugar, se iban a pirar en medio d
Yo no sé, no. Habían pasado dos meses desde que habían salido las figuritas ese año y sólo llegábamos a la mitad del álbum. Sólo Roberto, que en la terminal de colectivos –primero de Buenos Aires y después en la de acá– se compró
Yo no sé, no. Manuel y Pepe venían llegando a la escuela Anastasio Escudero, del otro lado del barrio. Venían desde Fragata Sarmiento y, cuando llegaron a la puerta, notaron que unas cinco luciérnagas estaban revoloteando, como qu
Yo no sé, no. Esa tarde, la Mónica vino con una idea que a todos nos pareció brillante. “Tengo dos hornos, el de mi abuela y el de mi mamá, y aparte la cocina. ¿Y si nos ponemos a hacer empanadas y las vendemos en la plaza? Las po
Yo no sé, ¿no? A la Laura le había pintado estudiar historia y ciencia ficción, y tenía un libro de cuentos de terror. A veces nos juntábamos y Manuel le pedía: “Contame uno que me asuste”. Laura pelaba el libro y nos agarraba un
Yo no sé, no. Laura apareció cargando una mesa sobre la espalda. Decía que la había encontrado en un contenedor de Quintana y Biedma, cerca de una obra en construcción. La gente del barrio, cada vez que hay un contenedor, le pone
Yo no sé, no. La Eva, desde que se anotó en el grupo de teatro en la Anastasio Escudero, escuela donde estaba por terminar la primaria, no veía la hora de subir y ganarse los aplausos desde el escenario mayor del salón de actos qu
Yo no sé, no. Manuel vino re contento. El abuelo le prometió que esa semana de abril le iba a comprar una mochila, la que él había visto en una tienda por calle Biedma, una sencilla. Estaba contento porque ya no iría con un bolso
Yo no sé, no. Graciela, que siempre estaba atenta a cualquier rebaja de precio que apareciera, vino corriendo y nos informó que en la tienda que estaba por Francia había unas ofertas de remera y camisas de mangas cortas porque ter
Yo no sé, no. La Laura era recontra sensible y un día vino emocionada y nos contó que había visto un par de pichoncitos que se habían caído de un nido, en la canchita, cerca de los ligustros.