Julio Asesino Roca es admirado y criticado por historiadores. Algunos lo apuntan por la deformación de la realidad nacional, otros por la consolidación de los límites territoriales del nuevo Estado.

“Ustedes pueden hacer lo que gusten con sus monumentos, calles y plazas, ponerles el nombre que quieran. Pero nosotros debemos recuperar los territorios que nos arrebataron”. Así hablaba, a visitantes del museo Primeros Pobladores de San Martín de los Andes, un guía y maestro mapuche.

Los guiones y discursos de los museos sirven como relato oficial. También sus nombres. Los llamados primeros pobladores fueron en verdad los primeros usurpadores de originarios, que llegaron con tropas y cruces. Pueblos sin títulos de propiedad fueron desplazados de sus tierras y corridos a sitios “sin valor económico”. 

Monumentos, calles y ciudades muestran que “nombrar es también dominar”. Nada mejor que inventar un desierto sin nadie ni nada, para acumular lo apoderado o a descubrir.

La roca movediza

En Bariloche hay polémica por la propuesta de reforma y traslado del monumento de Roca del centro cívico a otra zona de la ciudad. Este hecho renueva la discusión acerca del personaje histórico. La visión de historiadores revisionistas choca entre reconocer el valor de la soberanía territorial, crear una Argentina moderna y aceptar un proyecto federal, y los derechos de los pueblos originarios. 

“Lo que no pudo Artigas, Facundo, el Chacho Peñaloza, ni Urquiza, lo logró el general Roca, que cortó con la espada la cabeza de la víbora. La ciudad de Buenos Aires y sus habitantes perdieron todos los derechos económicos y políticos que ostentaban”, dijo Víctor Ramos, hijo del intelectual de la Izquierda Nacional Abelardo Ramos, en una nota para la Agencia Paco Urondo, firmada por Juan Borges. Se refiere a que con Roca se nacionalizaron el puerto y la aduana de Buenos Aires, lo que implicó que los impuestos aduaneros pertenecieran al Estado Nacional. Así lo ubica en una confrontación que para Ramos padre no era entre unitarios y federales sino entre porteños y provincianos, los primeros representados por Bartolomé Mitre. Julio “Argentino” vendría a representar a ese provincianismo, aunque –aclara– sobre el final de su vida Roca terminó aliado a la vieja oligarquía ganadera y al mitrismo, al que supo combatir y vencer. 

Pero quizás Artigas, Facundo y Peñaloza no priorizaban arrancar cabezas de poderosos, sino unir con otra profundidad y desde la diversidad en un proyecto popular al gentío sometido por una elite.

Creando “argentinos”

Muchos progresistas prolijos, adecuados, domesticados y neonacionalistas (blanquitos y encubiertos militantes de la exclusión y la diversidad) deberían admitir, como Daniel Campione en Argenpress, ese plan que “donde había gauchos, indios e inmigrantes recientemente arribados, el Estado se propone crear «argentinos», fieles súbditos del Estado nacional, impulsados por un «patriotismo» sin referencias”, y admirando a Europa.

Campione agrega que “Roca es un auténtico fundador del Estado argentino”, con todo lo que eso implica: con su gestión coinciden la ocupación efectiva del territorio, el arreglo de los principales conflictos de límites, la federalización de Buenos Aires, la configuración del Ejército Argentino (con el servicio militar obligatorio y única fuerza armada en el país), el establecimiento de la unidad monetaria, las medidas que dieron forma a una parcial separación entre Iglesia y Estado, la regulación de la educación, entre otras cosas.

Todo eso no supera la exclusión y saqueos a los derechos que implicó la gestión de Julio Argentino, a quien Campione denomina “el primer genocida de nuestras tierras”, así como señala “la hipocresía de que se rinda homenaje al gaucho, al indio y al inmigrante, al mismo tiempo que se impulsa, o al menos se acepta, la glorificación de sus exterminadores”.

La pública y la pútrida

Roca, entonces, es el fundador del Estado argentino, con violencia institucional, injusticias, y luego con la estandarización de la escuela de Domingo Faustino Sangriento, para occidentalizar conocimientos de nuestras tierras.

Las valorizaciones o desvalorizaciones de Roca no se agotan en la academia. En 2016,  Esteban Bllurich nos enseñó que el Operativo Aprender era una “nueva campaña del desierto, no con la espada, sino con educación”. Se dirigía a ¿exterminar, excluir, terminar con diferencias, diversidades y subjetividades para imponer sobre otros?

A esos “próceres” no los alcanza la justicia, pero castiguemos su memoria. “Mis libros son un prontuario de esa generación –advierte Marcelo Valko– de conquistadores que utilizaron a los indígenas como un combustible biológico barato e inagotable y los fueron extinguiendo. La familias para las que gobierna el PRO iniciaron sus fortunas del accionar de ese mejor empleado, Roca”.

Extractivismo y racismo

Por su parte, el lonko mapuche del Lof Pillan Mawiza Mauro Millán rechaza la estatua del militar y la sociedad que “avala discursos racistas y cuestiona al Estado” y a “dirigentes que sostienen políticas represivas”.

“Es la narrativa sobre un pueblo que existe, que tiene buena salud, que nos permite volver a pensarnos como tal, como pueblo, planificar nuestro futuro, defender los territorios porque tiene que ver con nuestra ideología y nuestra filosofía. Una política centrada en defender el territorio del extractivismo capitalista y de toda política estatal que no contemple la seguridad del territorio en términos de cuidado”, dice Millán.

Y no faltó el líder Miguel Ángel Pichetto, que calificó de “miserable e infame” la calificación de genocidio a la campaña de Roca para reafirma una Patagonia argentina. Para claridad, sostiene “que Juan Manuel de Rosas, admirado y respetado por el revisionismo histórico como caudillo federal, fue quien hizo la primera ocupación del desierto en Buenos Aires”.

Los intelectuales de izquierda señalan que “los mapuches son pueblos originarios, cuando son originarios de la Patagonia chilena y de la Araucanía”. Otros, desde un “revisionismo” nacionalista como Pacho O’Donnell, afirman: “Ojalá tuviéramos un Roca en los días que corren”.

El fundador de Argentina

No es usual reivindicar a Roca y Mitre. También Sangriento cuestionó la campaña roquista. Claro que para “El padre del aula” eran “indios asquerosos”. Sobre las matanzas de Roca y su Ejército, escribió: “Es peor política la que tiene por empresa el exterminio de indios sin el pretexto de la propia defensa. Son al fin seres humanos y no hay derecho para negarles la existencia”. 

En tanto, el debate sobre monumentos va más allá de la estética urbana. Por eso, el guía mapuche, más allá de nombres de calles, advertía: “Debemos recuperar los territorios que nos arrebataron”.

Nota publicada en la edición impresa del semanario El Eslabón del 09/09/23

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