Una debilitada dirigencia de Newell’s denominó Lionel Messi a la nueva obra. La falta de consenso y la plataforma de votación que ya no funciona. ¿Marketing mata ídolo? La historia de Libonatti, el jugador albañil que construyó una popular.

En 1919, en el sector sur de la cancha de Newell’s, detrás del arco que da al hipódromo, se levantó una modesta tribuna con quince escalones de cemento. Se la conoció, hasta su destrucción en 1971, como “la Libonatti”. No era para menos. Julio Libonatti, entonces jugador estrella del club, colaboró en su construcción. Antonio, el padre, fue contratista de la obra. Y sus hijos (también se sumó Humberto, entonces jugador de Gimnasia y Esgrima de Rosario y de posterior paso por Newell’s) la trabajaron a la par del resto de los albañiles. “Los Libonatti terminaban de jugar y se iban a construir la tribuna”, me dice la historiadora Lucía Salinas, La Profe. Su colega, Leonardo Volpe, aclara que ni antes ni después hubo reconocimiento oficial ni documento que avale la denominación de la también llamada “tribuna roja”, por el color del ladrillo. “Se la llamó así por el cariño a los Libonatti, por su claro sentido de pertenencia al club”. Goleador y figura de la Selección campeona del Sudamericano 1921 (hoy Copa América), Julio es recordado por ser el primer jugador del continente transferido a Europa (en 1925, al Torino de Italia).

Desde Jorge Newbery en adelante –como muestra el libro Muertes, funerales, biografías póstumas y deportes en la Argentina– muchos ídolos deportivos vuelven de la muerte en nombres de calles, edificios, instituciones. Aunque no fue el caso de Libonatti, de quien este sábado se cumplen 124 años de su nacimiento. Tampoco es el caso de Newell’s, que homenajea en vida a sus ídolos, a través del nombre del estadio: Marcelo Bielsa, y de sus tribunas: Diego Maradona, Gerardo Martino, Maxi Rodríguez, y ahora Lionel Messi.

¿Dime cómo te llamas y te diré quién eres?

Messi, tras el título de Qatar 2022, también fue reconocido con el nombre del histórico predio que AFA tiene en Ezeiza. Al igual que Libonatti, Carlos Salvador Bilardo también aportó mano de obra a ese centro de entrenamiento construido a fines de los 80. En filmaciones de la época se lo ve meta pala y carretilla, y dicen que hasta condujo un caballo para arar las tierras, luego convertidas en canchas.

 

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El fútbol está lleno de estas controversias. En el 2000, el estadio de Boca pasó de llamarse Camilo Cichero –médico de barrio que hipotecó su casa para la construcción de la cancha– a Alberto J. Armando, excéntrico ex presidente. “La Bombonera lleva el nombre de quien quiso reemplazarla”, dice el abogado Federico Polak, hincha de Racing e Interventor de Boca en 1984/85. Hace alusión al proyecto trunco de Armando, que pretendió dejar ese mítico estadio de La Boca y llevarlo a la Ciudad Deportiva, en la costanera sur porteña. Más que admirador de Armando, la decisión de Mauricio Macri obedeció a una venganza contra un opositor nieto de Cichero. 

El de River sí lleva desde 1986 el nombre de su principal impulsor: Antonio Vespucio Liberti. Pero desde 2022, el “mercado de todo amor” (Indio Solari dixit) le sumó la marca de un supermercado: Más Monumental. También sus tribunas homenajean a ídolos, pero más en los papeles que en el vocabulario de sus hinchas. “Nadie le dice Degrossi a la Centenario, ni Labruna a la San Martín media, ni Bernabé Ferreyra a la Belgrano media, ni Minella a la Sívori media, ni Charro Moreno a la Centenario media, ni Bacigaluppi a la Centenario media, ni Pardo a la San Martín baja”, escribió días atrás el periodista Andrés Burgo.

También por un convenio comercial, al lindo nombre del estadio de Argentinos Juniors  ahora lo precede un patrocinador: “Autocrédito Diego Armando Maradona”. Pasó en Brasil con el Corinthians tras el acuerdo económico con un laboratorio. Entre enojos y burlas, los torcedores del Timao se preguntaban si alguna tribuna del Neo Química Arena pasaría a llamarse Paracetamol.

Foto: Kiricocho Ph

“El mundo del fútbol cada vez se parece menos al aficionado y cada vez más al empresario”, decía Marcelo Bielsa, citando a su ex colega, el neerlandés Leo Beenhakker, quien planteaba que las empresas dueñas del deporte ven a los hinchas como sus empleados. Pero, decía, “un operario trabaja, un aficionado siente”.

Uno que sintió fuerte a su club (quizá demasiado fuerte) fue Abdón Porte. Mediocampista de Nacional de Uruguay, dejó la vida (no es metáfora) por sus colores: se suicidó en 1918 tras ser relegado del equipo. Su nombre descansa en la tribuna oeste del Gran Parque Central.

Los homenajeados en gradas, tablones o estadios no necesariamente tienen que hacer goles o evitarlos. Presidente Perón se llama el Cilindro de Avellaneda, de Racing; Eva Perón el de Sarmiento de Junín. Defensores de Belgrano –que está cruzando la calle desde la Esma, ex centro clandestino– denominó Marcos Zucker a la tribuna que le da la espalda a la avenida del Libertador, en memoria de un hincha desaparecido.

Ser o no ser

Más allá de méritos y razones –los homenajes a Messi los tienen– está claro que aquí (en el caso de Newell’s, pero también en muchos otros) el marketing metió la cola. Nada nuevo. En el video de presentación de la flamante tribuna rojinegra, el club justifica la que lleva el nombre de Diego Maradona, por su paso “breve y eterno, como los milagros”. Y dice que mientras eso ocurría, en el predio Malvinas, Leo Messi “armaba su destino con la misma camiseta”. Y lo tilda, nada para discutir, como “el hincha más famoso”.

Roberto Mensi, dirigente de Autoconvocados y opositor a la actual gestión, reconoce que la determinación “se entiende en relación a potenciar la marca”, pero que a su vez significa una “injusticia bárbara” en relación a otras glorias de la entidad. “Si Messi vuelve vamos a entender que estuvo bien puesta y hasta que eso haya ayudado. Si no vuelve, quedará una sensación rara”. Y recordó el caso Bielsa en el nombre del Coloso. “Quizá eso no ayudó a su regreso”.

Salinas, que apoya el nombre de Messi en la nueva tribuna “como espejo a la tribuna Maradona”, propone contemplar en el estatuto decisiones de este tipo, para que no dependan de cuestiones personales o caprichos de una dirigencia con poca legitimidad, como la actual. Incluso, algo de eso prometió el presidente Ignacio Astore cuando la obra estaba a punto de comenzar. “Puede ser que la nueva tribuna lleve el nombre de Messi, pero vamos a hacer participar a los socios de esa elección”, dijo en Radio 2 en junio de 2023, y adelantó que sería a través de la plataforma Big Manager, un negocio de Martín Souto, histórico periodista deportivo de TyC Sports, ahora en ESPN. A través de esa app, la dirigencia pretendió abrir un canal de diálogo y de participación popular de su masa societaria. Funcionó poco y nada.

Foto: Prensa NOB

Volpe, periodista que colabora con el Departamento de Cultura en el Equipo de Investigación Histórica de Newell’s, recuerda que se proyectó el nombre de Cucurucho Santamaría para la platea baja que da al Museo Marc, ídolo para quienes peinan canas pero menos conocido en generaciones actuales. Lo mismo corrió para Mario Zanabria. “Pero todo quedó en el olvido”. La Vieja Amelia, reconocida hincha, también tenía su lugar hasta antes de la última reforma.

Aunque el marketing y las marcas estén entre nosotros –aceptadas, en gran medida, a través de nuestras camisetas, estadios y tribunas–, el fútbol argentino aún pone ciertas resistencias (las SAD, por ejemplo), y plantea debates sobre su identidad vs los sponsor. Porque como le leí alguna vez a Martín Caparrós, aquí no somos hinchas de (Newell’s, Central, Boca o River). Somos de. “No es poca cosa, ser”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 05/07/25

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