Este año, la celebración del Día Internacional de las Cooperativas tiene un matiz especial. La Organización de las Naciones Unidas declaró al 2025 como el Año Internacional de las Cooperativas, un reconocimiento que pone de relieve su aporte fundamental en la construcción de sociedades más justas, resilientes e inclusivas.

Bajo el lema Las cooperativas promueven soluciones inclusivas y sostenibles para un mundo mejor, el movimiento cooperativo no solo reafirma su vigencia, sino que se posiciona como una alternativa concreta para enfrentar los desafíos actuales, promoviendo el desarrollo humano y el progreso social en múltiples rincones del planeta.

La historia de esta conmemoración tiene raíces argentinas: fue el Dr. Domingo Bórea quien, en el Congreso Argentino de Cooperativismo de 1919, propuso establecer una jornada para celebrar la cooperación. La idea fue retomada y adoptada por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) en su congreso de Basilea en 1921. Desde entonces, el primer sábado de julio se convirtió en una fecha clave para el cooperativismo a nivel global, y en 1995 obtuvo reconocimiento oficial por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

En este contexto, resulta oportuno destacar la estrecha relación entre el desarrollo humano y la economía social cooperativa. Para ello, presentamos un análisis comparativo entre los países que lideran el movimiento cooperativo a nivel mundial y aquellos que encabezan los índices de desarrollo humano y progreso social.

El estudio se basa en el primer y único Censo Mundial de Cooperativas (2013-2014), realizado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU con el apoyo de Rabobank (2013-2014), y lo cruza con datos del Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2013 y el Índice de Progreso Social (SPI) del mismo período. El objetivo: visualizar cómo la densidad cooperativa se vincula con el bienestar de las personas, se analiza este período porque el Censo Mundial de Cooperativas no se ha repetido.

Tomando como punto de partida el lema de este año –Las cooperativas promueven soluciones inclusivas y sostenibles para un mundo mejor-, es interesante observar la correlación entre los países con altos índices de desarrollo y aquellos con fuerte presencia cooperativa. Al revisar los rankings globales del Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2013 y el Índice de Progreso Social (SPI) 2013, se repiten países como Nueva Zelanda, Suiza, Países Bajos, Noruega, Dinamarca, Australia y Canadá. Exceptuando este último, los otros seis figuran en uno o varios de los primeros diez puestos de los cuatro indicadores elaborados por el Censo Mundial de Cooperativas (2013–2014).

Otros países que aparecen en el top ten del IDH o del SPI incluyen a Finlandia, Islandia, Suecia, Alemania, Estados Unidos y Singapur. Salvo estos dos últimos, los restantes también figuran destacadamente en los primeros puestos de los índices cooperativos a nivel mundial.

Respecto a los países del norte de América -Canadá y Estados Unidos-, que podrían parecer una excepción en términos de visibilidad cooperativa en dichos rankings, en realidad no lo son. Su ausencia en los primeros puestos del censo no implica una baja participación del sector en su economía o en el movimiento cooperativo global. En particular, el caso de Canadá evidencia una fuerte presencia e influencia, como lo demuestra la labor de los sacerdotes misioneros de la orden Scarboro, con notable impacto en Centroamérica y Colombia.

Además, hay países que figuran en los índices del Censo Mundial de Cooperativas (2013–2014) pero que aún no se han mencionado, como Francia, Austria, Irlanda, Chipre, Italia, Malta, España, Luxemburgo y Polonia. Todos son miembros de la Unión Europea, una región que mantiene altos niveles de IDH y SPI, lo que también se refleja en su capacidad de atraer población migrante de manera sostenida.

Una aparente excepción es la República Dominicana, cuyo contexto socioeconómico difiere del europeo, pero que también actúa como receptor de migración -particularmente haitiana-. Un dato curioso: el cooperativismo dominicano reconoce como patrono al Padre Pablo Steele, un misionero canadiense, lo que refuerza la ya mencionada influencia de Canadá en el cooperativismo internacional.

En esta línea, si observamos el ranking de los diez países con mayor desarrollo cooperativo (según el índice de economía cooperativa), y lo cruzamos con su posición en el SPI, encontramos lo siguiente:

  1. Nueva Zelanda (1)
  2. Francia (20)
  3. Suiza (2)
  4. Finlandia (7)
  5. Italia (29)
  6. Países Bajos (4)
  7. Alemania (12)
  8. Austria (11)
  9. Dinamarca (9)
  10. Noruega (5)

Seis de estos diez países que lideran en desarrollo cooperativo también se ubican dentro del top ten del Índice de Progreso Social, lo que parece reforzar la relación entre el modelo cooperativo y sociedades más equitativas, inclusivas y avanzadas.

No cabe duda de la estrecha relación entre el cooperativismo y otras expresiones de la economía social, como las mutuales, asociaciones civiles, sindicatos y diversas organizaciones libres del pueblo. Todas ellas contribuyen activamente a construir soluciones inclusivas y sostenibles para un mundo mejor.

Lejos de ser sinónimo de carencia, la economía social representa una vía concreta hacia el desarrollo humano, inclusivo y sostenible. La cooperativa, como entidad sin fines de lucro, no está exenta de buscar la eficiencia ni de ofrecer productos y servicios de calidad. Tal como expresa el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia: “En la creatividad y en la cooperación se halla inscrita la auténtica noción de la competencia empresarial: un cum-petere, es decir, un buscar juntos las soluciones más adecuadas para responder del modo más idóneo a las necesidades que van surgiendo progresivamente” (CDSI 343).

En el plano internacional, Argentina ha ganado protagonismo dentro del movimiento cooperativo. Desde la Asamblea General de 2017, la Alianza Cooperativa Internacional es presidida por un argentino: el Sr. Ariel Guarco. Líder surgido de la cooperativa eléctrica de Coronel Pringles, su ciudad natal, ha desempeñado diversos cargos y publicado libros especializados en la materia. Su conducción fue ratificada con la reelección en 2022, consolidando su liderazgo en el cooperativismo mundial.

A nivel local, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), presidido por el Dr. Marcelo Collomb, impulsó este año una medida estratégica para fortalecer al sector: la Resolución 756/2025 establece la obligatoriedad de registrar a las personas asociadas en cooperativas y mutuales.

Si bien en un primer momento puede verse como una carga burocrática, esta disposición busca construir una imagen más precisa del entramado cooperativo y mutual. Asimismo, promueve la actualización de padrones —muchas veces relegada por falta de recursos o herramientas adecuadas— y permite reflejar, con mayor nitidez, la magnitud del aporte de la economía social a la vida cotidiana del país.

Contar con estadísticas confiables es clave, y su relevancia supera lo meramente institucional. Argentina, al igual que muchas otras naciones, aún no incorpora en sus censos nacionales un capítulo específico sobre economía social. Este universo no solo abarca cooperativas y mutuales, sino también asociaciones civiles, clubes, sindicatos y cámaras gremiales: organizaciones de gran peso en el entramado comunitario.

Si el INDEC sumara de manera sistemática datos que reflejen el impacto de estas entidades en el desarrollo económico y social, podríamos visibilizar mejor la riqueza de este sector y proteger con más conciencia este tejido solidario que atraviesa tantas dimensiones de nuestra vida. Y, tal vez, muchas personas descubrirían que ya forman parte de la economía social… sin siquiera saberlo.

 

* Socio Fundador de Fundación Pro.Y.E.C.T.Ar. (Programas y Estrategias de transformar Argentina), abogado, con posgrado en cooperativas. Autor de varios libros.

 

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