Las movilizaciones del 24 de marzo pasado en todo el país tuvieron entre sus rasgos comunes el expreso rechazo al gobierno libertario, cuyo alcance crece y trasciende cada vez más diferencias y límites políticos y partidarios que parecían insalvables hasta hace muy poco. La convergencia en la ocupación del espacio público para manifestaciones de reclamo y repudio a medidas oficiales se sostiene y consolida, a la vez que sube en cantidad y variedad de protagonistas.
A los incansables jubilados, las protestas incesantes por el abandono de la asistencia a la discapacidad, los conflictos sindicales puntuales por salarios a la baja y cierres de fábricas, la puja constante de docentes y estatales resistiendo ajustes y destrucción de políticas públicas se le suman paulatinamente otros colectivos con sus propias reivindicaciones. Todos y todas confluyeron el martes pasado en las marchas por el 50 aniversario del Golpe, en un clima de unidad y empatía que reanima esperanzas y agiganta un desafío: construir un gran frente que derrote al mileinato, revierta los efectos de sus políticas y reconstruya los parámetros de la convivencia y las reglas de juego de la democracia que supimos recuperar tras la oscuridad de aquella dictadura que se extendió hasta 1983.
Con este panorama, resulta llamativo que el sesgo claramente opositor de las recientes movilizaciones del 24 de marzo siga inhallable en referentes de espacios políticos con peso y responsabilidades institucionales no abducidos completamente por las fuerzas del cielo libertario.
Incluso dirigentes que gobiernan provincias y ciudades sin alianzas electorales formales con el oficialismo nacional, insisten en avalar a Javier Milei. Hasta cuando se pronuncian críticamente sobre algunos aspectos de la gestión actual, evitan manifestaciones de repudio y acusaciones directas que sí vomitan sin disimulo sobre la principal fuerza opositora. El gobernador de la provincia de Santa Fe y el intendente de Rosario son dos ejemplazos en ese sentido, tal como se puede apreciar en sus actitudes y mensajes respecto del nuevo aniversario del Golpe del 76. Aunque no se subieron al negacionismo reeditado desde la Casa Rosada, al diferenciarse evitaron una vez más expresiones que den cuenta de un cambio de actitud y posicionamiento frente al gobierno nacional, al que siguen percibiendo como parte de “los buenos”. La similitud con algunos posicionamientos de fuerzas políticas en los primeros años de aquél “Proceso de Reorganización Nacional” que irrumpió hace 50 años es apreciable; y cada vez más difícil de entender.
Publicado en el semanario El Eslabón del 28/3/26
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