Club pionero en expulsar a militares de la última dictadura como socios honorarios, el Millonario levantó en una de sus sedes un espacio que recuerda crímenes de lesa humanidad y homenajea a sus socios desaparecidos.

Los “asaditos”, usados en la jerga de los militares con funciones en la Esma, no eran otra cosa que la quema de personas. El Campo de Deportes, ubicado entre el centro clandestino y el Río de la Plata, hacía de crematorio a cielo abierto. Allí iban a parar los cuerpos de detenidos que no eran arrojados en los vuelos de la muerte, otro de los crímenes de lesa humanidad. 

Por ese lugar, se sospecha en base a testimonios, pasaron el periodista y escritor Rodolfo Walsh y la líder montonera Norma Arrostito. Ahora –y tal como ocurrió con la Esma desde 2004– fue reconvertido en sitio de memoria. El protagonista de esa acción fue el Club Atlético River Plate, que levantó en terrenos cedidos por el Estado tres pilares con la consigna Memoria, Verdad, Justicia.

De larga tradición en la lucha por los derechos humanos, la entidad de Núñez pasó de ser sede principal del Mundial 78 en los años oscuros y de reconocer a dictadores como socios honorarios, a ser pionera en expulsarlos de esa condición y de inaugurar este espacio que se conectará en un recorrido con la ex Esma.

Variaciones en rojo y blanco

A dos meses del inicio de la Copa del Mundo de 1978, las y los socios de River ya no podían ingresar al estadio Monumental, sede principal del certamen. Y el plantel de Primera, se lee en Clubes de fútbol en tiempos de dictadura (UNSAM Edita, 2018), cambiaba a diario de lugar de entrenamiento. 

Terminado el Mundial y consagrada la Selección Argentina, River expresaba el “orgullo” por el aporte de su estadio –donde la Albiceleste jugó primera fase y final– y de cinco jugadores al plantel campeón. Pero tuvo consecuencias: endeudamientos y demás perjuicios deportivos, sociales y culturales. La intervención del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM) “obligó al club a tomar un crédito que casi lo lleva a la quiebra”, remarca Germán Roitbarg, integrante de la Comisión de Derechos Humanos de River, en diálogo con este medio.

Con la euforia aún latente por el título del equipo de César Luis Menotti, el club de Núñez nombró, en octubre de 1978, como socios honorarios a Jorge Rafael Videla, Eduardo Massera, Ramón Agosti, Carlos Lacoste, entre otros jerarcas de la dictadura. El propio presidente riverplatense Aragón Cabrera le entregó el carnet a Videla, hincha reconocido de Independiente. En 1981, la lista se engrosó con el entonces presidente de facto Roberto Viola y otros funcionarios militares más.

Como contrapartida de ese homenaje a represores, que entonces copiaron varios clubes, River fue pionero en quitarles esa condición honoraria. Y lo hizo en 1997, en épocas de Punto Final y Obediencia Debida. El proyecto lo llevó a cabo, casi en soledad, el secretario José María Aguilar, luego presidente desde 2001 a 2009.

Más adelante, el club reconoció en el mismísimo campo de juego del Monumental a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y restituyó el carnet de socios a desaparecidos, en sintonía con el trabajo que viene realizando la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino.

Pilares fundamentales

En 2003, el Estado nacional firmó con el club un convenio de cesión de uso del predio donde funcionó el Campo de Deportes de la Esma. “Es como un horno crematorio de Auschwitz”, dijeron del lugar familiares de víctimas que se opusieron a ese acuerdo.

Desde la firma, el club comenzó a trabajar a la par de un consejo consultivo que incluye a organismos de derechos humanos. Resultado de eso, en el lugar –conocido ahora como Predio Cantilo– se inauguró el pasado 26 de marzo un Sitio de Memoria, que pronto se conectará, a través de un recorrido, con la Ex Esma. La idea es sumar un nuevo capítulo a la historia de horror del principal centro clandestino de detención.

“Habrá una muestra permanente”, adelanta Roitbarg, y agrega: “Seremos guías para contarles a los chicos de colegios y de las inferiores de River y otras instituciones, la historia de lo que sucedió ahí. Habrá también un espacio para reflexionar. El desafío ahora es llenar de contenido ese lugar”.

Antes de levantar los tres pilares, River financió las nuevas excavaciones en el lugar, la más grande (7 hectáreas) que llevó a cabo el reconocido Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). El resultado de ese trabajo, al igual que los dos realizados con anterioridad, fue negativo: no se hallaron cuerpos. Sí un auto, que habría sido robado por los milicos.

En el Predio Cantilo, mirando a los pilares, también se colocaron cuatro viejas butacas del Monumental de los años 70, en homenaje a socios detenidos-desaparecidos. “Como es una búsqueda abierta no se va a poner una butaca por cada socio”, aclara el referente millonario de la Coordinadora de DDHH del Fútbol Argentino. “Para nosotros tiene una representación enorme”. 

La memoria estalla hasta vencer

“Es importante, en un contexto de tanto negacionismo” promovido por el gobierno nacional, “mantener viva la Memoria, Verdad y Justicia”, subraya Germán Roitbarg, de la Comisión de DDHH de River.

A eso, añade que “en un país tan futbolero, en el que lo primero que le preguntás a una persona es el nombre y segundo de qué cuadro es, encontramos a través del fútbol un lugar desde el que le llegamos a un montón de gente que no está relacionada con los derechos humanos, porque lo desconoce, porque no ha tenido una formación”.

En ese sentido, sostiene que “lo más importante en esta materia es que no continuemos hablando para gente convencida” sobre lo ocurrido 50 años atrás y sus posteriores consecuencias, “para el círculo que ya conoce, ya sabe lo que pasó y que todos los 24 de marzo están en la plaza”.

“Hay que ampliar esa lucha –continúa este hincha gallina y militante–, seguirla en instituciones como River, pero también como Rosario Central, Ferro, San Lorenzo, Boca, Independiente, Racing”. Así, dice, se llega “mucho más popularmente” a hablar del tema, “y alcanza más visibilidad, desde un lugar identitario más cercano como es el fútbol”.

En un partido de 1977 ante Huracán en Parque Patricios, la hinchada de River entonó las estrofas de la marcha peronista, desafiando a las autoridades militares. En un Superclásico como el que se jugó el domingo, pero del 19 de septiembre de 1982, también en dictadura, la barra colgó una bandera invitando a una movilización y paro nacional de la CGT, tres días después del partido.

Esa tarde, cuenta Andrés Burgo en su flamante libro Este es el famoso River, hubo un olvidable 1 a 1, por la 12ª fecha del torneo Metropolitano. Lo que quedó fue la consigna escrita en los 22 metros de largo que tenía el trapo: «Luchar es participar y movilizar. Luche y se van. El hambre no espera. El 22 a Plaza de Perón».

Publicado en el semanario El Eslabón del 18/4/26

¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 8000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.

Más notas relacionadas
Más por Facundo Paredes
Más en Deportes

Dejá un comentario

Sugerencia

Se recalienta el reclamo universitario

Una masiva marcha de antorchas se realizó para exigir la implementación de la Ley de Finan