Mientras Adorni le mete cascada a su mansión, el pueblo se hunde en la miseria. El uso de la tarjeta de crédito para comer y el pago de la mínima para estirar la agonía, los prestamistas usureros y los casinitos en los barrios.

“Viejo, hay que comprarle zapatillas, mochilas y útiles a los chicos que empiezan las clases”. “Pasá la tarjeta y el mes que viene vamos achicando”. Estos diálogos se daban más que frecuentemente hace algunos años en cualquier hogar argentino. Hoy la tarjeta se pasa para comer. Antes se pedían créditos para cambiar el auto o remodelar la casa, hoy se sacan para pagar las expensas, el cable y la cuota del club. Antes el banco se quedaba con tu casa si te endeudabas hasta el cuello y no podías pagar, hoy se la quedan los narcos. Antes se pedían préstamos para una situación de urgencia y se devolvía con algún interés lo más pronto posible, hoy se piden préstamos para llegar a fin de mes y el mes que viene se pide otro para pagarle al prestamista y que no te balee la casa. Hoy los soldaditos en los barrios ya no sólo venden falopa sino que son usureros y hasta casinos ambulantes: sí, los pibes y –sobre todo– las pibas, que antes entregaban bolsitas a través de un agujero en la pared de un búnker, hoy fían fichas para apostar online y generar deudores diarios. Una problemática compleja que no es nueva pero que se profundizó en los últimos años. La gente que se endeudaba para mejorar su calidad de vida, hoy lo hace para sobrevivir. Y en los barrios para no morir.

“El narcotráfico, la economía ilegal, ha diversificado su presencia en los barrios y ya no solamente es sostener la comercialización, la distribución o la venta, sino que también el prestamismo y la modalidad de los casinitos empiezan a ocupar un lugar importante”, advierte Luciano Vigoni, licenciado en Ciencia Política referente en temas de violencias jóvenes y políticas públicas con extenso recorrido en el territorio. “La gente está usando la tarjeta de crédito en los comercios de cercanía para comprar alimentos para el día a día. Después pagan el mínimo y el resto que les queda es con tasas realmente usureras por lo tanto cada vez se van endeudando más”, aporta Juan José Sisca presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme).

No va más

Lucho Vigoni transitó y mucho los barrios de Rosario, sobre todo los más castigados. Fue director del Programa Nueva Oportunidad, aquella política pública orientada al trabajo integral y territorial que impulsó el gobierno de Lifschitz y que persistió en el tiempo aún con modificaciones incluso nominales. El politólogo desde hace un tiempo viene reflejando su preocupación por algunas situaciones puntuales en las periferias de la ciudad. Entre ellas el prestamismo usurero. “Es una estructura intermedia que presta guita y que cobra interés, no es nueva pero recrudeció en el último tiempo. Aquella persona en el barrio que no tiene tarjeta de crédito le pide plata a un intermediario con un interés muy alto y muy peligroso. El préstamo puede ser por un día, una semana o un mes y si no pagás a tiempo te ejecutan bienes y hasta se quedan con tu vivienda. Por más que Mercado Pago y las plataformas son todas usureras, tienen una regulación. En el barrio la regulación es la desesperación del pibe, de la piba, del compañero y en condiciones muy desiguales”, señala Vigoni.

“Esto obviamente no nació ahora, sino que hace dos años que se venía observando. La recesión económica, un delirante como el que tenemos de presidente que no entiende nada de la economía real y tiene una única mirada puesta en lo financiero, y en la entrada y salida de divisas. Su modelo productivo es la finanza, el modelo agroexportador y todo lo que está pasando con el petróleo y con el gas, donde no hay un mercado interno protegido, donde las industrias se están dejando caer. Sumado a que venimos de una dictadura, de los 90, de fines de 2001 y del macrismo, es decir que en cada uno de esos procesos de crisis caíste un poco más y la recuperación nunca fue tal, es un combo muy complicado. Entonces, en una Argentina en la que quedó poco soporte vos cortás el mercado interno, cortás la transferencia de guita, las políticas sociales que había tenido el gobierno de Alberto Fernández, el Potenciar Trabajo, la protección del mercado interno, las ferias populares y los programas productivos que generaban empleo, todo se complejiza. No es que no existía guita de la ilegalidad, sino que todo esto entre ferias, entre changas, entre fábricas, había un ingreso. Hoy el ingreso y la subsistencia están dados por la economía ilegal y fundamentalmente quien ocupa un lugar central es el prestamista. Hay una cantidad de familias que están por debajo de la línea de la pobreza, pero sobre todo endeudadas, que piden préstamos para subsistir, para morfar, para ir al hospital a las tres o cuatro de la mañana en un Uber, para comprar unas salchichas o un poco de arroz en el almacén, para comprar alitas o menudos o lo que sea para un guiso. Todo recae en préstamos que tienen que ver con estos tipos, esta estructura que presta guita a tasas usurarias”, agrega.

Ilustración: revista Crisis

El otro fenómeno que preocupa a Vigoni y a quienes laburan territorialmente en los barrios castigados de la ciudad, son los lamentablemente célebres casinitos: “En pandemia, la Provincia habilitó a los casinos para que se pudiera jugar virtualmente. En paralelo a eso se crearon grandes plataformas de casinos ilegales que tienen una particularidad que es que no podés entrar a la plataforma solo, hay una figura intermedia que es el cajerito o la cajerita, que en su gran mayoría son mujeres. Entonces, vos tenés ganas de jugar y son las dos de la mañana, le escribís a la cajerita y le decís quiero jugar 20 mil pesos. Ella te pasa un usuario y te da la ficha. Si ganás, hacés captura de pantalla y la cajerita te paga. Si perdés, tenés por ejemplo hasta el miércoles para pagarme las veinte lucas. En algún momento hicimos una investigación y llegamos hasta ahí pero nadie nos quiere contar quién administra, quién es el que maneja esta plataforma. Obviamente que es el narcotráfico, pero también pueden ser los dueños de las plataformas legales, formales. Lo preocupante también es que puede jugar cualquiera, aunque sea menor. Todo esto necesita de una gran estructura de ingenieros en sistemas, contraseñas, sostenimiento de páginas. Es un negocio muy grande y se dice que hay cerca de 5 mil en toda la provincia”. 

Lo cierto es que la precarización laboral, que el gobierno de Milei reivindica como baja en la tasa de desempleo contabilizando los miles y miles de trabajadores en negro en plataformas de traslado o reparto y otras variantes de la economía informal. “Vamos a una economía cada vez más precaria, con cada vez menos posibilidades de laburo formal y protegido. En los sectores populares no existe más ese tipo de trabajo”, fustiga Luciano, y arremete: “Al mismo tiempo hay un despegue en la concentración de la riqueza donde el que tiene guita está haciendo cada vez más guita. Este modelo productivo en nuestra ciudad está haciendo que se sigan desarrollando y lo vemos en el Concejo con excepciones por todos lados de megaedificios, y el crecimiento en el periurbano de cada vez más barrios privados. Mientras tanto en el territorio, la pobreza y las condiciones de vida se van deteriorando cada vez más. La gran pregunta es: ¿quién discute la generación del trabajo? Este modelo nos va a llevar a una catástrofe no solamente económica sino que también tiene que ver con los vínculos porque el endeudamiento lo que hace también es estallar los vínculos. En una sociedad atravesada por las redes, por el individualismo y por una angustia que viene recorriendo hace rato nuestra sociedad, las crisis económicas lo que hacen es exacerbar todo eso. Entonces crecen las tasas de suicidio, las consultas en relación a salud mental, la desnutrición infantil, Todo se vuelve mucho más complejo y preocupante”.

Tiki taka

Juan José Sisca, de Apyme, insiste con el uso del plástico para los gastos cotidianos. “Según los informes que hay de las tarjetas de crédito, la mora en el sistema financiero está alrededor del 11 por ciento cuando hace un par de años no superaba el 2 por ciento. Y la cantidad de familias que hay endeudadas es realmente muy llamativa, muy importante y, lamentablemente, se corta en escaso tiempo porque en cuanto no pagás el mínimo, chau la tarjeta. Y después tenés que ir al banco a negociar y los intereses te matan. Es un círculo vicioso, es un salvavidas de plomo”, remarca el referente de los almaceneros, y argumenta: “Antes se usaba la tarjeta para comprar a plazo, el Ahora 12 que era importante, y si tenías trabajo y ganabas lo suficiente, bárbaro, porque podías comprar el electrodoméstico. Pero hoy las grandes empresas de electrodomésticos están cerrando sucursales porque cada vez venden menos. Antes se usaba la tarjeta para mejorar la calidad de vida, unas zapatillas para los chicos, una bicicleta, ahora es para comer porque lo que gana no le alcanza para llegar al fin de mes. Nosotros venimos planteando un modelo económico que está en las antípodas de este. Y por otro lado estamos trabajando en una ley de emergencia de Apyme. Y hay que generar la unidad de todos los sectores populares. Esa es la única salida”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 23/5/26

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