En su flamante libro Un caballo rojo, Santiago Beretta vuelve a perderse en las calles y en las noches rosarinas para retratar sus historias. “Hay mucha literatura a lo largo de los siglos de gente que va por el mundo maravillándose y contando lo que vio”.

Una mujer que vende flores en la puerta del cementerio, una recorrida por la zona comercial de Ayacucho al fondo, los barrios Bella Vista y La Florida, el Centro, la noche, los bares, el derrotero de los inquilinos eternos y de los tipos que viajan todos los días en bondi para ir a laburar. De esas historias se nutre Santiago Beretta para escribir sus crónicas, las que aparecían en papeles fotocopiados plegados, en las páginas de la revista Apología –que dirigió y editó durante casi diez años– y en las de Un caballo rojo (2026, UNR Editora).

El germen, según el prólogo de Marcos Mizzi, tiene que ver con “un periodismo callejero que reemplaza la denuncia por el esplín, y troca lo urgente por lo que decanta después de la tormenta”. Y los personajes que desfilan por los textos del libro que presentará el viernes 14 de agosto –a las 19 en Almacén El Trocadero (Santiago 989) junto a Mizzi y Victoria Herrmann– son, en palabras de su propio autor: “Personajes delirantes, soñadores, a veces autodestructivos, locos, gente que se arriesga o se mete en problemas en pos de un sueño”. 

La calle es el mundo

“La mayoría de las crónicas fueron escritas entre 2020 y 2023. Luego de ser publicadas en distintos medios de la ciudad que me iban dando cabida y con los que tenía relación, empecé a sentir que tenían buen pulso, que tenían un buen ritmo literario”, repasa Santiago, y se explaya: “En un momento me di cuenta que tenía unas cuantas que podían formar parte de un libro y empecé a escribir otras ya pensando en ese libro”.

“En el medio –añade– hice un taller con Andrea Álvarez Mujica, una gran escritora y periodista de Buenos Aires que en su momento firmaba como Vera Land en la revista Cerdos y Peces, y ahí lo empecé a trabajar más seriamente. Hasta que en 2025 lo tomó la UNR Editora y después del proceso de selección de crónicas, de corrección, de edición, de pensar la tapa y el prólogo, llegamos a tener el libro”.

Beretta nació en Rosario en 1989. Colaboró en distintos medios de la ciudad y es autor de Rodolfo Elizalde (Iván Rosado, 2017), conversaciones con el pintor bahiense, y la novela Oficina de Investigación Existencial (Casagrande, 2024). Y compiló ¿Qué nos arrastra hacia un mismo lugar?, el libro de los hinchas de Argentino de Rosario (UNR editora, 2023).

“Lo que siento ahora es que este libro dialoga con el primer texto que escribí para la primera edición de Apología en 2010 –confiesa–. Es como si todos los textos fueran el mismo texto y todo el lenguaje fuese en realidad el mismo lenguaje; y que con distintas piezas pude armar un rompecabezas que fue la construcción de una mirada, a través de una estética, que intentó retratar la ciudad”.

A su vez –continúa– “siento que la ciudad cambió mucho y que también cambié yo, porque en el medio hubo una pandemia, cambió el país, cambió el mundo. Creo que el libro logra reflejar todos esos cambios sin ser un ensayo que dice que la cosa cambió, sino que es alguien que está caminando la calle y se está dando cuenta que todo está cambiando”.

Esa pasión u obsesión por retratar esos mundos urbanos, suburbanos y hasta subterráneos, Beretta la atribuye en cierta manera a ser hijo de profesores universitarios. “En mi casa siempre hubo muchos libros y siempre leí mucho –admite–. Y siempre desde chico me llamaron la atención los personajes de la calle. No necesariamente esa cosa más brava o marginal sino también la picaresca, esa cosa más aventurera que yo veía en la calle y que en las instituciones siempre me parecía todo como más formal, más aburrido. Las crónicas me permitieron dialogar con todo ese mundo que me maravillaba pero desde un lugar propio que era de testigo o de escucha, de cronista y no de pistolero (risas)”.

“La calle siempre fue como el llamado de ir hacia el mundo, como perseguir un sueño. Hay mucha literatura que busca desde el periodismo o desde la ficción ir hacia la calle y contar el mundo. No todo es Cortázar o la literatura fantástica o la ciencia ficción sino que hay mucha literatura a lo largo de los siglos de gente que va por el mundo maravillándose y cuenta lo que vio. Es una vieja aventura del hombre, de la humanidad”. 

Escribir, soñar, ¿por dónde empezar?

Beretta confiesa que empezó a escribir “cuando estaba en la secundaria pero eran más bien poemas, letra de rock”, y marca una conversación como el génesis de esa y otra de sus grandes pasiones. “Un día me agarró un viejo y me cuenta que había ido puerta por puerta en la zona norte a hacer socios de Argentino y que de pibe había puesto ladrillos para que hagan la cancha. Me conmovió el viejo y me hice hincha del Salaíto por esa conversación”.

Y sigue: “Si bien todavía no tenía ni idea de que iba a ser escritor, siempre pensé que esa charla cambió el rumbo de mi vida para siempre, como si de alguna manera me hubiera enamorado de un relato, de una forma de decir la vida y decir el mundo. Supongo que esa fascinación estuvo desde chico y que después apareció la escritura para poder organizarla y para también hacer mi propia aventura”. 

Santiago cuenta que de pibe le gustaba acompañar a su padre a los bares, leer la sección deportiva del diario y, sobre todo, escuchar historias que se contaban en las mesas. “Siempre me llamaron la atención ese tipo de personajes que se metían en problemas o que arriesgaban mucho en pos de un sueño que generalmente era delirante –señala–. Personajes delirantes, soñadores, a veces autodestructivos, locos, pero que tenían una forma de hablar de la vida y de sus aventuras que para mí era lo mismo o mejor incluso que la buena literatura, y quedaba totalmente prendido de esos relatos”. 

Respecto del título del libro, el autor suelta una anécdota: “Mi abuelo era empleado de Estexa, lo echaron en los 90 y se iba a trabajar en bicicleta. Tenía una bici roja que terminó siendo mía y una noche, después de un asado en la Sexta en el que por supuesto se bebió mucho, cuando volvía para mi casa, a la altura del Parque Independencia, medio que ya no daba más de pedalear. La cosa es que llegué a mi casa como pude y dije, bueno, se convirtió en un caballo la bici, como esas historias de los que se maman en el campo y el caballo los lleva”. 

Por último, ante la consulta de qué significa la literatura en su vida, el Santi se despacha sin titubear: “Es un poco lo que le dio sentido a mi vida. Obviamente que está la familia, están los amigos, el fútbol, el amor, pero la forma que yo encontré para poder sentirme bien conmigo y para poder construir cosas con los demás fue la literatura. En la lectura y la escritura encontré una forma de sentirme bien y a la vez saber que lo que hago, después de muchos años y mucho trabajo, también le puede llegar y gustar a los demás”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 8/8/26

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