Por primera vez desde que la banda de Los Monos opera en la ciudad –y, más acá, desde que los nombres de sus integrantes comenzaron a formar parte del lenguaje ordinario de los rosarinos–, un juez federal procesó por narcotráfico a algunos de sus jefes y a sus parejas, a sus vendedores de drogas y soldaditos, más una serie de proveedores de estupefacientes de la organización de barrio Las Flores que, a pesar del descomunal intento por compararla con el cartel mexicano de Sinaloa, se dedica a la venta al menudeo a través de búnkeres y a cobrar a terceros protección de ellos mismos, entre otros negocios ilícitos. Dos cabecillas de la banda –Ariel Máximo Guille Cantero y Jorge Ema Chamorro– operaban desde la cárcel de Piñero, brindando órdenes a sus parejas que las hacían operativas en libertad. Una prolija investigación del fiscal federal Marcelo De Giovanni, que se inició en noviembre de 2014, permitió seguirlos, escucharlos mediante intervenciones telefónicas, fotografiarlos, chequear datos en registros públicos y, finalmente, allanar 47 domicilios y secuestrar una significativa cantidad de estupefacientes, precursores químicos, armas, balanzas y vehículos. Así fueron detenidas 21 personas –dos ya estaban en la cárcel, aunque activas– y desarticulada una cocina de cocaína que funcionaba en el centro de Rosario. Sólo Ariel Máximo Cantero padre, El Viejo, había tenido una condena por tráfico de marihuana a principios de este siglo.
El de la banda de Los Monos es un caso particular. Durante años se la ligó a la venta de drogas a través de la crónica periodística, aunque no existían investigaciones judiciales que avalaran las publicaciones. No se conocen querellas por calumnias e injurias iniciadas por los integrantes de la familia Cantero, líder del grupo Los Monos, contra periodistas o medios de comunicación.

Es entendible. Para qué levantar el avispero si ni la policía ni el Poder Judicial interferían –en el sentido que les correspondía hacerlo– en la actividad de la organización de barrio Las Flores.
La causa por asociación ilícita instruida en la Justicia ordinaria de Rosario por el juez Juan Carlos Vienna es reveladora del nivel de complicidad y participación policial en la banda delictiva. Unos 17 hombres de diferentes fuerzas de seguridad –fundamentalmente de la Santafesina– irán a juicio por su presunta participación en los delitos que debían combatir.
Ahora, la Justicia Federal avanza por primera vez sobre la que, se cree, es la principal actividad ilícita de la organización liderada por los Cantero.

Del búnker a Piñero

La investigación judicial que esta semana derivó en los procesamientos de 23 personas, entre ellas los cabecillas de Los Monos Guille Cantero y Ema Chamorro, junto a sus parejas Vanesa Barrios y Jésica Lloan, se inició con averiguaciones sobre un bunker de venta de drogas ubicado en Laprida y Chávez, en la zona sur de Rosario. De allí los pesquisas llegaron a otro punto de venta: Platón al 1400.
Seguimientos e intervenciones telefónicas permitieron trepar desde los soldaditos y encargados de los búnkeres a sus proveedores y administradores. Que, a su vez, llevaron a los proveedores de estupefacientes de quienes manejaban los puntos de venta.

La investigación se precipitó a fines de noviembre pasado, luego de un año de sigilo. A través de las escuchas la Policía Federal –que intervino en todo el proceso para resguardar el secreto de la pesquisa– detectó el envío de un cargamento de marihuana desde la ciudad de Corrientes a Rosario. Los efectivos siguieron un camión Mercedes Benz que partió desde Granadero Baigorria a la ciudad litoraleña, acompañado de un Volkswagen Cross Fox conducido por una mujer. Allí el chofer del camión visitó un galpón y siguió viaje para Chaco.

En la localidad de Santa Sylvina de esa provincia fue detenido por la policía. En un doble fondo ubicado detrás del asiento del conductor encontraron 399 panes de marihuana que pesaron 341 kilos. Tras una persecución a 170 kilómetros por hora que concluyó cuando las balas policiales dieron contra el automóvil, también detuvieron a la conductora del Cross Fox, Elizabeth Cocimi, que hacía de custodia del camión.
Los investigadores allanaron además el galpón de Corrientes por donde había pasado el Mercedez Benz conducido por Andrés Lasalle. Allí secuestraron 324 kilos de marihuana.

Paralelamente, el juez federal Marcelo Bailaque autorizó a pedido del fiscal De Giovanni los allanamientos de 47 domicilios de Rosario y ciudades cercanas.

Como resultado de los múltiples procedimientos fueron detenidas 19 personas con distinto grado de participación en la organización dedicada a la venta ilegal de estupefacientes. Se secuestraron cuatro kilos y medio de cocaína en el departamento “C” del sexto piso de un edificio ubicado de Dorrego 28 bis, perteneciente a Diego Fabián Cuello.

A Cuello lo detuvieron con una pistola calibre 38 y 65 municiones en un departamento de Laprida 540. Dos meses antes, a fines de septiembre, su nombre ganó notoriedad pública cuando un tribunal oral federal de Rosario lo absolvió en una causa en la que le endilgaban tener 17 kilos de droga en el corral de cerdos de una chacra de Alvear. Según el fiscal federal Adolfo Villate el procedimiento policial fue irregular. Para eso, mostró el propio video filmado por la policía durante el procedimiento, en el que se ve a un agente abrir un bolso en el que presuntamente hay dinero y gritar: “¡Bingooo!”, para luego correr hasta un auto particular.

En esta investigación, el fiscal considera a Cuello proveedor de drogas de los Cantero. A través de la intervención del teléfono que utilizaba Jésica Lloan, la pareja de Ema Chamorro que estaba detenido en Piñero, se llegó hasta Cuello.

Incluso se realizó un seguimiento de Lloan “–la que se desplazaba en un automóvil marca Peugeot 207 de color rojo, dominio KKF-334– pudiendo verificarse que dicho encuentro ocurrió en la intersección de las calles Italia y Brown de esta ciudad, momento en el que Cuello entregó una bolsa de nailon a Lloan a través de la ventanilla del lado del acompañante del vehículo en la que ésta se desplazaba, para luego retirarse”, señala el expediente.

“Es dable mencionar –continúa- que en esa oportunidad, Diego Fabián Cuello fue visto salir del edificio ubicado en calle Dorrego 28 bis, en cuyas inmediaciones, además, se hallaba estacionado el automóvil marca Volkswagen Gol Trend color rojo dominio OSE-353 que el nombrado utilizaba para desplazarse”. En ese departamento se encontraron, cuando fue allanado a fines de noviembre, cuatro kilos y medio de cocaína.

Pollo con escamas

También a través de escuchas, en este caso del teléfono que utilizaba Gonzalo Rodríguez, encargado de uno de los búnkeres investigados, se determinó el presunto tráfico de estupefacientes.
“Puede indicarse que se logró establecer que Gonzalo Rodríguez era abastecido de droga por parte de una mujer individualizada como Marisel, apodada La Loca, a quien Rodríguez tenía que entregarle el dinero de las ventas de ese material, luego de lo cual Marisel rendía cuentas con las apodadas La Tía y La Vieja”, señala el expediente.

“Dicha afirmación encuentra sustento en los mensajes de texto captados durante las intervenciones de los abonados telefónicos que éstos utilizaban, a través de los cuales Rodríguez le requería “traeme un poco de pollo…” o “traeme pollo…”, continúa.

Los policías entendieron que no se trataba de un emprendimiento avícola tradicional. “Tal conclusión se ve reforzada por las distintas transcripciones de las que se puede cotejar que en numerosas ocasiones se repite esa fórmula, como así también la de “escama”, “pura”, “especial” y “ala”, se lee en el auto de procesamiento de los integrantes de la banda.
Un ala puede ser una presa del pollo; más difícil es encontrarle escamas, propias de la merluza.

Las comunicaciones de un hombre apodado El Viejo con Gladis, que la investigación determinó que sería Gladis Obdulia Barrios, tía de la esposa de Guille Cantero, van en la misma dirección.
Viejo: Hola.
Gladis: Viejo, ¿ya está la especial?
V: Sí.
G: Bueno, escuchame necesito que me traigas cincuenta, cincuenta de especial. Y cincuenta de la pura.
V: Bueno.
G: ¿En cuánto me lo traés?
V: Y en un ratito porque yo…
G: Dale, decime en cuanto porque tengo el muchacho esperando.
V: En una hora.
G: Una hora.
V: Sí.
G: Bueno, dale. No me lo va a hacer venir al pedo que viene de lejos.
Otra conversación captada por los investigadores.
Viejo: Hola.
Gladis: Viejo.
V: Sí.
G: Necesito cincuenta de escama, cincuenta de escama y ciento cincuenta de especial.
V: Bueno, dame un rato.
GLA: Dale Viejo.
Y una más.
V: Hola, cómo, cómo, cómo?
GLA: Escuchá. Cincuenta de escama, cincuenta de escama y ciento cincuenta de especial. Fijate que la escama esté en piedra.

Los caídos

Tras una larga investigación que también permitió descubrir el funcionamiento de una cocina de cocaína en el piso 4º A de Corrientes 1913 de Rosario, el juez Bailaque procesó esta semana con prisión preventiva a Guille Cantero y Ema Chamorro como organizadores de la banda narco y a sus parejas, Vanesa Barrios y Jésica Lloan respectivamente. Y ordenó que queden detenidos en un penal del Servicio Penitenciario Federal, atento a las comodidades que le permitían en la cárcel de Piñero continuar con sus presuntas actividades delictivas.

Además, procesó a Norma Bullón; Patricia Reyna; Vilma Reyna; Dora Insaurralde; Daiana Suárez; Analía Menéndez; Jésica Lencinas; Diego Cuello; Alejandro Flores; Juan Carlos Sánchez; Cristian Bustos; Eric Quintana; Gonzalo Rodríguez y Miguel Ángel Menéndez como coautores de comercio de estupefacientes agravado por la participación de tres o más personas.

Quintana y Rodríguez eran, según la investigación, los encargados de los búnkeres de Laprida al 6600 y Platón al 1400. Bustos era el encargado de seguridad de ambos puntos de venta.
Mientras que Sánchez, Bullón, Patricia y Vilma Reyna son considerados colaboradores en la provisión de estupefacientes, así como se les achacó a Insaurralde y Lencinas ser vendedoras.

Bailaque también procesó a Andrés Lasalle, el chofer del camión Mercedez Benz detenido en Chaco, por transporte de estupefacientes. El mismo delito le achaco a Elizabeth Cocimi, quien hacía de custodia del camión en el Cross Fox que fue detenido a tiros mientras intentaba escapar.

Cristian Torancio, detenido en el galpón de Corrientes donde se secuestró marihuana, fue procesado por la misma figura pero en la modalidad de “almacenamiento”.
Finalmente, Horacio Castagno y Daniel Monserrat fueron procesados por producción y comercialización de estupefacientes, señalados como los responsables de la cocina de cocaína que funcionaba en el departamento de Corrientes al 1900.

En el auto de procesamiento, Bailaque señaló que “estamos en presencia de una organización narcocriminal que, en principio, operaría por lo menos desde el mes de noviembre del año 2014” y “se advierte que la misma estaba dirigida y organizada por Ariel Máximo Cantero y Jorge Emanuel Chamorro, quienes, como se expuso, impartían las órdenes desde donde se encontraban detenidos y a través de telefonía celular al interior de esa asociación a través de sus respectivas parejas, Vanesa Jaquelina Barrios y Jésica Ayelén Lloan”.

Fuente: El Eslabón

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