La suba del salario mínimo resuelta de manera unilateral por el gobierno de Mauricio Macri, un 24 por ciento repartido en tres cuotas durante un año, es otra muestra de la fenomenal pérdida de capacidad de compra que vienen sufriendo los bolsillos de los trabajadores, ya que la recomposición quedará por debajo de distintas proyecciones inflacionarias. La falta de acuerdo en la reunión entre gremialistas y empresarios llevó a Cambiemos a inclinar la balanza a favor de los intereses de los hombres de negocios en lugar de atenuar inequidades. Desde que en 2004 el gobierno de Néstor Kirchner reflotó el diálogo de la institución encargada, entre otras cosas, de fijar un salario testigo para los trabajadores y discutir condiciones laborales, esta fue la primera vez que no hubo consenso, por eso el macrismo estableció por decreto el nuevo valor del haber mínimo, vital y móvil, que llegará a 10.000 pesos recién a mediados de 2018.

El fracaso de la negociación colectiva en el Consejo del Salario, que se concatena con la sepultura oficial de la paritaria docente nacional, dejó latente futuras protestas por parte de las centrales sindicales, que demandaban un haber mínimo de 15.000 pesos para alcanzar el valor de la canasta básica alimentaria para una familia con dos hijos, lo que equivalía a un incremento de alrededor del 75 por ciento, mientras que la oferta del sector patronal era del 20 por ciento en tres tramos. Las dos CTA impulsan una movilización con fecha a confirmar y esperan sumar a la CGT, que si bien criticó el monto de suba decretado por el gobierno evitó pronunciarse a favor de alguna medida de fuerza.

El ajuste salarial se da en un contexto de inseguridad laboral creciente, con un desempleo urbano nacional cerca de los dos dígitos (9,2 por ciento), suspensiones, cierres de fábricas, caída del consumo popular, apertura comercial, distribución regresiva del ingreso, endeudamiento desenfrenado y estancamiento de la actividad económica, que el gobierno intenta maquillar de cara a las elecciones de octubre. El plan económico neocolonial que encarna Cambiemos deriva en una pérdida sistemática de derechos y conquistas laborales. El mismo porcentaje de aumento para el salario mínimo se trasladará al seguro de desempleo, hoy en 3.000 pesos, cuya actualización también será en tres tramos, llegando a 3.720 en julio de 2018.

Con la tasa de desocupación en alza en medio de una profunda recesión, el Indec divulgó días atrás información sobre la evolución de los ingresos de los trabajadores. Los datos del organismo confirmaron que el salario real viene en picada desde que gobierna la alianza PRO-UCR. El poder adquisitivo de trabajadores del ámbito privado, público y los que están en negro –los más perjudicados– se contrajo en promedio diez puntos durante 2016 (32 por ciento de aumento en paritarias contra 41 por ciento de inflación). Esta tendencia negativa se mantuvo en enero y febrero de este año, bimestre que anotó una suba salarial global del 2,9 por ciento mientras que los incrementos de precios oficiales treparon en igual período 3,8 por ciento. La pérdida de poder adquisitivo se ensancha a la asignación universal por hijo, jubilaciones y salario mínimo.

Mediante un estudio estadístico y comparativo, el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav) determinó que la Argentina es el país de la región donde más se redujo el poder de compra del salario mínimo, vital y móvil en el último año y medio. En este sentido, el informe destacó que el salario mínimo cubre en la Argentina un 28 por ciento menos del valor de la canasta básica total con relación a diciembre de 2015. “En el último año y medio, el salario mínimo acumuló un deterioro de ocho puntos porcentuales, producto de la aceleración de la inflación, que superó ampliamente al reajuste pactado en 2016”, se indicó.

En el reporte se analizaron los resultados efectivos de la negociación colectiva desde la salida de la crisis de inicio de siglo. “En el período posterior a la crisis de 2001, la negociación bipartita del salario mínimo contribuyó sistemáticamente a la mejora de las remuneraciones reales. Así, en siete de los doce años transcurridos entre 2003 y 2015, los porcentajes acordados superaron al nivel de la inflación del período. Sólo en cuatro períodos la inflación evolucionó a la par del aumento del salario mínimo, mientras en un solo año –2011– se posicionó por encima”, detalló el informe de la Undav.

“Si tomamos la inflación acumulada desde diciembre 2002 como base a diciembre 2015 –continuó el informe–, la misma se ubica en 845 por ciento, mientras que el salario se incrementó de 200 a 8.060 pesos para el mismo período, es decir 3.930 por ciento, lo que marca una mejora del salario real del 426 por ciento para todo el período”.

En cambio, al analizar el lapso comprendido entre diciembre de 2015 y mayo de 2017, “los incrementos en el salario mínimo, especialmente en 2016, fueron insuficientes para mantener el poder de compra. Mientras que a fines de 2015 el salario básico era de 5.588 pesos, en mayo de 2017 el mismo alcanzó los 8.060, incrementándose un 44,24 por ciento. Si tomamos la inflación acumulada publicada por el IPC de ciudad de Buenos Aires, tenemos 57,05 por ciento para todo el período analizado, es decir que el aumento del salario se queda 12,81 puntos porcentuales por debajo de la inflación, perdiendo así salario en términos reales”.

Al cotejar seis economías latinoamericanas, Argentina es el que más deterioro de poder adquisitivo del salario mínimo registra, se señaló en el reporte coordinado por Santiago Fraschina. Medido con relación a la cantidad de productos que se pueden adquirir, se da una merma cercana al 28 por ciento en el último año y medio comparado con la inflación acumulada. Algunos ejemplos: un salario mínimo compraba 388 kilos de arroz en diciembre de 2015, mientras que en junio de 2017 pudo adquirir 279 kilos; en diciembre de 2015 un salario mínimo compraba 517 botellas de litro de aceite de girasol, en tanto esa cifra se reduce a menos de la mitad (215 botellas) si se evalúa el poder adquisitivo del salario mínimo de junio de 2017. De modo similar, se desplomó la capacidad de compra del haber mínimo en harina (-42%), leche (-44%) y huevos (-39%). Las caídas más importantes se observan en los alimentos a los que se les quitaron subsidios o retenciones.

El informe concluyó: “El estudio de lo ocurrido con el salario mínimo durante los últimos meses pone en el centro de la escena el debate sobre la relación entre la inflación y el ingreso nominal de la población. El año pasado la inflación superó a la suba nominal que tuvo el salario mínimo, lo que en términos concretos implica que el ingreso mínimo laboral vigente para junio de 2017 alcanza para comprar menos productos que el salario vigente en diciembre del 2015. En contraposición, a partir de la comparación regional de la evolución del poder de compra de los ingresos mínimos se transparenta que Argentina fue el país de peores resultados a lo largo de los últimos 18 meses”.

Fuente: El Eslabón

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