
En el marco de la inauguración del 24° Festival de Cine Latinoamericano Rosario, que continuará su periplo hasta el 18 de septiembre; el pasado viernes en el teatro La Comedia, se exhibió una reelaboración del filme Muñequitas Porteñas, estrenada en 1931, revelada como la primera película hablada del cine nacional.
La pieza dirigida en su momento por José Agustín Ferreyra, y protagonizada por María Turgenova y Floren Delbene, fue restaurada por una iniciativa del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, de la ciudad de Buenos Aires, y se estrenó esta temporada en el Bafici bajo el singular nombre Muñequita Porteña.
La paradoja es que, hasta el momento, los discos fonográfico usados para su estreno el 7 de agosto de 1931 están extraviados. Por esta ausencia significativa es que Santiago Loza y Ariel Gurevich fueron convocados para reescribir los diálogos a partir de las imágenes de la película, de las que se rescataron seis de los ochos actos de la versión original.
Lo que se pudo vivenciar en el estreno en el festival de cine 2017, fue una suerte de doblaje en vivo, De espaldas y de perfil, Rosario Bléfari, Javier Drolas, Vanesa Maja y Pato Aramburu le pusieron voz jugando con la representación de los personajes en directo. El guitarrista Fernando Kabusacki, un referente de la música en el universo cinematográfico vernáculo, le imprimió sonoridad orquestal junto a Matías Mango, en teclados.
Kabusacki y compañia le dieron sentido a la primera película hablada y acompañaron las intensidades del desarrollo. Un entretenimiento mágico esto de doblar una película en vivo. Con dispositivos literarios, y humorísticos, como pequeñas fugas del argumento principal, o efectos especiales guturales, como la realización del hecho de tomar un sorbo de agua.
Muñequitas Porteñas es una película que tiene casi 90 años. Por esto mismo, los autores de la reversión jugaron con los modismos de la época y crearon un correlato verosímil en una historia donde la tragedia y el amor conviven.
Escenas como la charla que entablan una mujer florista y Don Nicolás, un hombre grueso y bigotón en el Buenos Aires del año 30, convertida en un diálogo alocado, permite que los autores hagan pequeños análisis cinematográficos de los personajes y escenas secundarios Y sus capacidades para hacer atajos entre la compleja trama y desviar un rato al espectador.
Entre tanto juego, las voces de los personajes de esta historia se preguntaron también por Santiago Maldonado y generaron un aplauso generalizado. Una experiencia cinematográfica presencial, con un doblaje que jugó con las imágenes acústicas logrando un valor en sí mismo, en un filme que dio un salto del cine mudo al hablado.