El compositor de Pedro y sus cómplices se refirió a las casi una decena de proyectos que lo tienen como protagonista. El pianista y guitarrista rosarino destacó “la experiencia más enriquecedora” que le brindó la música: tocar en la calle.

El músico Pedro Jozami está enfocado en el recital que brindará el próximo viernes 19 de enero a las 22 en el Parador Manaus (Pintor Musto 211, Costa Alta). Pedro y sus cómplices se presentará en un formato de trío acústico con Jozami en guitarra criolla (piano y voz), Fernando Gurisano (el baterista de siempre) y el bajista Dante Silnik. “En esta oportunidad, Franco Colautti, uno de los integrantes, no va a poder estar, entonces para no perder el envión pensamos un formato casi minimalista, porque en principio iba a ser guitarra, cajón peruano y bajo. Y no, después decidimos meter un set de percusión, sumar el piano y coros”, apunta.

El origen de Pedro y sus cómplices fue mentado por un bajista que tocaba con el entrevistado hace años, y que con el tiempo dejó la banda. “Nos habíamos conocido en la Siberia, en la escuela de música. Trabajábamos en proyectos más comerciales, y cuando me pasaba a buscar para ir a ensayar con esa banda, con la que hacíamos cumbias para fiestas y cumpleaños, me arengó a tal punto para que yo haga mis temas, que comenzamos a trabajar con un violero, eso era el 2009”, cuenta Jozami.

En 2013 grabaron el primer disco, Infinito Abstracto, y tiempo después el segundo, Derrame de Lucidez. “Mi idea siempre fue mantener un promedio de toque mensual -continua Pedro- y es algo que no hemos logrado. Y esto tiene que ver con cierta libertad que tiene la banda. Cada uno hace lo que quiere. Por eso a lo largo del tiempo se han sumado y bajado músicos”, explica el cantante, que a pesar de los cambios en la formación no se aparta del camino. “La música que hacemos son canciones y no están apuntadas a una cosa muy comercial, más que nada es interpretar poeticamente, a través de la música, cuestiones mas filosóficas”, afirma.

Las composiciones de Jozami se erigen desde ciertos estilos que se manifiestan más sutilmente, con líricas cotidianas y sinceras. “Las canciones hablan desde el sentido común, el día a día, canciones plasmadas sin tanta metáfora. Desde el punto de vista de las letras es bastante entendible, sin doble sentido ni nada de eso”, manifiesta el pianista, a la vez que adelanta futuras piezas: “El tercer disco no está nada encasillado tampoco. Son 12 temas pero con ritmos diferentes, si el anterior tenía variaciones de género, éste directamente rompe con todo. Hay una chacarera, un tema clásico, un reggae, siempre hablando de la célula rítmica melódica, pero el formato es canción, música y letra. Después las cuestiones de género tampoco se respetan demasiado porque como es un lugar de encuentro, la idea es hacer lo que uno quiere de una manera relajada. No se trabaja el género como tal, puede aparecer otro que rompa completamente con el discurso musical que se viene llevando a cabo, este es uno de los sellos distintivos que puede tener la banda”, destaca Jozami.

Pedro y sus proyectos
En la charla con este periódico, Jozami confiesa: “Yo si no toco me muero. La vida para mí es tocar y hacer música”, sintetiza el autor, que además es partícipe de agrupaciones como Los Satélites del Paraná, junto a César Artero, Alejo Castillo y Mauro Orizi. “De los proyectos que participo, Los Satélites tienen un enfoque un poco más comercial pero sin perder la alegría, el dinamismo del trabajo grupal, que es horizontal”, plantea.
Y añade: “Tenemos un repertorio conocido pero buscamos que no sea tan trillado. Lo bueno es que manejamos diferentes bloques de género, por ejemplo el de cumbia santafesina, clásicos de Los Palmeras como Parrandero, o Vienes y te vas, que es un carnavalito norteño; o Las horas más lindas, que tocaban Los Wawanco. Buscamos música que movilice a generaciones que tienen ganas de divertirse. El reggaeton lo evitamos de momento”.

“Hay una cuestión de gusto”, remarca, para luego agregar: “No nos sentimos para nada cómodos, y además, lo hace todo el mundo. Otra es buscar canciones por ejemplo de Palito Ortega, para que la gente grande se identifique con la juventud, pero él tiene su punto flaco, Palito sonaba en épocas que estaba la dictadura, y ahora no estamos tan lejos de la situación específica del país y del mundo con relación a la derecha hoy”.

Sobre ese aspecto, Jozami amplía la idea: “No queremos caer en la demagogia, o que se nos vaya al carajo lo que queremos trasmitir. Si vamos a hacer tema que sonó en una época nefasta, hacemos una introducción para que se entienda lo que queremos decir, y no se interprete lo contrario”, aclaró el músico, que ponderó en este aspecto el trabajo de César Artero, un animador muy particular con el que también comparte arte en Pato Mojado. “Es el capitán, y no desde el payaso que maneja muy bien, sino desde otro punto, con intervenciones, cantando, tocando el trombón y el triángulo”, indica.

Pedro también es parte de Arlequín, servidor de dos patrones, una comedia de arte que lo tiene como partícipe desde hace años. “Son un grupo grande que sale para todos lados”, aclara. También secunda un espectáculo de magia y música junto al mago Agustín: “Aparte de ser primo mío, fue uno de los que me impulsó en esto de hacer música en vivo, y me abrió las puertas de todas las cosas que pasaron después. Jozami también se suma a las presentaciones de La Esencia, la banda de cumbia santafesina que crece en popularidad. “Estoy cuando puedo, y de a poquito voy sumando algunas composiciones, pero no es una prioridad en este momento. El tema de tocar tarde, en el segundo turno, desgasta bastante”, asegura quien también amenizó ciertas noches en El Diablito bar, solo con el piano; con repertorios de estándar de jazz, milongas, del generoso legado de García y Spinetta, y de las propias composiciones que siempre están a mano.

El escenario mayor de la vida
“Para mi tocar en la calle fue algo maravilloso. Estuve en teatros, bares, restaurantes, con catering y todo eso, pero la verdad que tocar en la vía pública es lo más gratificante que me pasó. Es un escenario cambiante y no sabés lo que va a pasar, para bien y para mal. Está la posibilidad de acercarse a un público que de otra manera no escucharía lo que uno hace”, destaca Jozami. Para el artista rosarino “otra ventaja es que es gratuito, que puede ver cualquier persona, gente que está pidiendo, que te saca una foto, que te da una estampita, que te regala un helado, el intercambio que se da es único”.

“Ni siquiera en los parques –continúa Jozami–, que en general se trabaja más cómodo, y con gente que no está tan de paso. Claro que tiene su desgaste emocional: llegar a la peatonal con el generador, con la nafta, con el instrumento, con el auto, con los de tránsito, con la policía, con la GUM, con el permiso de la municipalidad, y no te sale, te llueve, o la gente tiene calor y está de mal humor, es un combo que también puede ser nefasto, pero cuando se da la química y sale lindo, es maravilloso. Aparte es una fuente de ingreso importante, porque no es sólo llevarse la moneda del día sino que surgen contrataciones”, concluye.

Nota publicada en la edición 334 del periódico El Eslabón.

 

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