Tras dos años de sufrir una enfermedad, transitarla y sobreponerse, el investigador, crítico literario y docente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Alberto Giordano (Rufino, 1959) empezó a llevar un cuaderno de notas, un diario personal, pero en Facebook. Los textos publicados entre noviembre de 2014 y diciembre de 2015 en la red social fueron recopilados en El tiempo de la convalecencia: Fragmentos de un diario en Facebook, que la editorial de Rosario Ivan Rosado lanzó a mediados de 2017.

Psicoanalisis, literatura, Piazzolla, Susana Giménez, César Aira, Puig, Miranda y Los Redonditos; ser padre, ser hijo, descubrirse huérfano, ser amante y esposo, el amor, la angustia y la desesperación, los sueños, los colegas, los suplementos culturales y el ensayo, son algunos de los tópicos que recorre el autor en este diario y de ningún modo sirven para ordenar con justicia una lectura o una aproximación a la obra.

El compendio pudo llamarse un poco en chiste “los domingos del profesor”, sino fuera porque que ya se le había ocurrido antes a Enrique Anderson Imbert para uno de sus libros de ensayos. Por eso “la convalecencia” resultó más oportuno para el título porque fue el período en la vida del autor, en el que fueron escritos los textos.

Conocemos el carácter disruptivo o dislocante (y sanador, por qué no) del humor en la escritura académica o no, y Giordano organiza de antemano su trabajo con esa premisa ética, porque después de haber estado en el infierno (su enfermedad, la depresión) reflexiona que es conveniente que uno no se tome demasiado enserio. La autoironía es el recurso que el autor pone en juego, no solo para encubrir ciertas vanidades, gajes del oficio,  sino también para estar más o menos a salvo de la estupidez. Más no del ridículo: Giordano se la banca y para ello elige tiernamente a una “antagonista”: su hija adolescente que no le deja pasar una, a propósito de que a las hijas mujeres en general, y aunque no lo confesamos, nos encanta que nuestros padres mueran en el intento de hacernos reír.

Como critico académico, Giordano se dedicó en obras e investigaciones, incluso en seminarios que dicta en la UNR, a las literaturas del yo.  “El giro autobiográfico” es un concepto del propio autor. A caso también lo obsesione un poco, en algunas entradas, el pacto de la lectura autobiográfica y la reticencia en ciertos ámbitos a lo autorreferencial. ¿Qué literatura no lo es? se pregunta con impaciencia.

Aún cuando desde las primeras páginas, o posteos, el profesor advierte con cierta modestia “las dificultades experimentales de la notación circunstancial de quien está acostumbrado a la retórica argumentativa”, en aquellas notaciones virtuales e inmediatas, de registro de lo cotidiano, el autor despliega su intimidad no como espectáculo, como reality show de un intelectual (lo cual sería poco auspicioso), sino como construcción narrativa de sí mismo (todos de algún modo nos contamos quienes somos), en tanto se vuelve un proyecto de cura, porque allana el camino al deseo y al placer ….de la escritura misma, con sus rodeos, sus transgresiones y problemas específicos de los que se ocupa la academia en particular, y los padecen los neuróticos en general.

Como el crítico en tanto “escritor aplazado” de Roland Barthes, con quien Giordano ¡no se compara! pero se identifica, que se duela ante la imposibilidad de concebir la obra, y en el entre, pone en acto la pura potencia, y escribe. Entonces, El tiempo de la convalescencia deja de ser el diario de un ensayista neurótico obsesivo, y transmuta en un diario de escritor, a caso uno de los géneros literarios más exquisitos desde Montaigne pasando por Cesare Pavese hasta el propio Barthes. (En el medio, Giordano comenta infinidad de autores que se encomendaron la misma tarea, y de los que vale la pena tomar nota).

Por eso, la apuesta experimental de Giordano de mantener un diario personal y hacerlo público en una red social (permeable a ciertos lenguajes más que a otros) transmuta en una suerte de pasión en la que Facebook es una excusa y se vuelve, frente a la obra consumada, con su peso y materialidad, un dato accesorio. En este libro Giordano deja entrever que escribir puede ser una forma de vida apasionante, porque en principio, ya es una forma de hacer posible la vida misma, de vivirla. ¿ A caso no se trata de eso? .

 

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