El papa Francisco canonizó este domingo 14 de octubre a dos nuevos santos con trayectorias vinculadas a la opción por los pobres y a los principios innovadores del Concilio Vaticano II: el papa Pablo VI y el arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado mientras celebraba misa en El Salvador, en 1980, denunciando la represión ilegal.

La ceremonia celebrada en el Vaticano fue multitudinaria. Asistieron más de 70 mil personas y se pudieron observar banderas salvadoreñas ondeando en la plaza San Pedro.

En la homilía por el Papa como parte de la canonización, Francisco hizo referencia a monseñor Romero como alguien “que dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cerca de los pobres y su gente”.

Miles de salvadoreños llegaron hasta Roma a presenciar la canonización de quien fue bautizado como “San Romero de América”.

Monseñor Romero nació en Ciudad Barrios en 1917, en una familia humilde. Desde muy pequeño, trabajó como carpintero y desde que fue ordenado sacerdote se dedicó a tener un contacto muy directo con el pueblo, especialmente con los más humildes.

En 1977 fue nombrado arzobispo de San Salvador, en pleno período de represión y de enfrentamientos entre la derecha y sus grupos de choque paramilitares, y la izquierda. En ese contexto de violencia creciente, Romero siguió adelante con su labor pastoral junto a los más necesitados y se comprometió con la defensa de los derechos humanos en un marco de creciente represión.

El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba misa en la capilla del hospital de la Divina Providencia de El Salvador, fue asesinado a balazos por un personaje pagado y controlado por el represor y mayor del ejército salvadoreño Roberto D’Aubuisson, según pudo comprobar años después la Comisión de la Verdad creada por Naciones Unidas después de los Acuerdos de Paz de Chapultepec. Los Acuerdos concluyeron en 1992 con la guerra civil de El Salvador, que costó la vida de más de 75 mil personas y produjo varios miles de desaparecidos.

El 25 de mayo de 2015, Romero fue consagrado beato en El Salvador por ser considerado un mártir. El decreto de beatificación fue firmado por el papa Francisco en marzo de ese año, después de años de retrasos por parte de sectores conservadores de la Iglesia que rechazan la Teología de la Liberación.

El proceso de canonización se abrió en 1997 pero fue trabado y retrasado hasta que llegó el papa Francisco.
Pablo VI, cuyo nombre era Juan Bautista Montini, nació en Brescia (norte de Italia) en 1897. Durante la Segunda Guerra Mundial se ocupó de la búsqueda de desaparecidos y la asistencia a los perseguidos, especialmente judíos. El 21 de junio de 1963 fue elegido pontífice. Tuvo la difícil tarea de implementar las reformas dispuestas por el Concilio Vaticano II, venciendo las resistencias de los sectores más conservadores de la Iglesia.

Una de sus encíclicas más célebres, y muy apreciadas en América Latina, fue Populorum Progressio, con un claro contenido progresista en lo social. En este texto se refirió al desequilibrio entre países ricos y pobres, criticando el neocolonialismo y afirmando el derecho de todos los pueblos al bienestar.

“El reconocimiento formal que la Iglesia Católica hace hoy de la santidad del obispo mártir salvadoreño Oscar Arnulfo Romero resulta sumamente trascendente para América Latina en el momento en que avanzan procesos políticos de restauración conservadora y neoliberal, con fuertes componentes autoritarios contra los que en su momento luchó y a los que combatió el obispo centroamericano. Comenzando por el hecho de que en El Salvador gobierna actualmente el derechista partido ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), fundado en 1981 por el mayor Roberto d’Aubuisson Arrieta el militar que al frente de su grupo (a quien no casualmente se denominaba “la conexión argentina”), fue directo responsable del asesinato de Romero”, señaló Washington Uranga en su nota titulada “San Romero de América”, publicada en Página 12.

Más notas relacionadas
Más por Pablo Bilsky
  • Motoqueros (capítulo 4)

    Decidido a no volver esa noche al trabajo, para no tener que pelearse con el boliviano, se
  • Los chicos tirábamos tizas

    Yo no sé, no. Ese sábado, Pedro se despertó sabiendo que lo mandarían a la verdulería temp
  • Banderas

    La energía en el centro de la disputa. Los datos de la realidad. La desterritorialización.
Más en Columnistas

Dejá un comentario

Sugerencia

Motoqueros (capítulo 4)

Decidido a no volver esa noche al trabajo, para no tener que pelearse con el boliviano, se