El escritor rosarino Daniel Basilio, que de chico odiaba el mundo de la redonda y después se volvió un apasionado, está a punto de publicar Yo Fútbol Club, novela en la que cuenta la historia de un tipo que quiere ganar la Libertadores él solito.

Daniel Basilio, artista multifacético si los hay, se prepara para lanzar su segundo libro, que sucederá a La noche se presta para pegarle a un viejo. Aquella vez eran cuentos, ahora es formato novela. Basilio se define como escritor y director audiovisual, pero admitirá que también es –o fue en algún momento y quizás, o seguramente, volverá a serlo– guionista, actor, periodista, nadador, relator de fútbol, murguero y hasta mimo.

“Este libro lo escribí en 2012, de un tirón”, aclara de entrada este hincha de Newell’s que se crío en una familia partida literalmente al medio entre canayas y leprosos. “No siempre me gustó el fútbol, fue recién a partir de los 12 o 13 años. Antes lo odiaba porque me gustaban otros deportes y sentía que me hacían a un lado justamente por eso”, admite, y agrega: “Me gustaba el teatro también, dibujar, escribir, y eso me hacía sentir un poco aislado”.

Pero algo ocurrió, o un cúmulo de cosas en realidad, que provocaron un cambio de frente en los gustos personales del pibe que dividía su infancia entre los barrios Tablada, la Sexta y Grandoli. “En un momento, mi viejo me empezó a hablar mucho de la historia de Newell’s. No sé igual si fue eso por lo que me empezó a gustar el fútbol, porque creo que fueron varias cosas, no algo puntual”, señala. “También en esos tiempos empecé a ir a las canchas, como a investigar, y empecé yo a jugar al fútbol. A la vez, mis amigos, a los que antes tampoco les gustaba el fútbol, les empezó a gustar y nos juntábamos a jugar en el barrio”, remarca.

“Cuando me empezó a gustar el fútbol, me apasionó bastante. Miraba todas las ligas del mundo: la chilena, el Ascenso, la Serie A de Italia en la Rai, todo antes de este boom de la Champions League. Incluso, hace unos años empecé a mirar ligas de Asia”, enumera Daniel, y añade: “Empecé a leer mucho de estadísticas de fútbol, de tácticas. Al ver todas estas otras ligas, además, empecé a aprender de otros países, de cuestiones políticas, religiosas, que tienen que ver con los equipos, algo que me gusta mucho, las historias de los clubes del mundo, o de los países que están ligados al fútbol”. Toda esa data, en algún momento se vería volcada en su otra pasión –la escritura– que, a diferencia de la relacionada al deporte de la redonda, arrastraba desde bien pequeño.

Escribo, luego juego

Daniel, que cuando se calza los cortos se ubica en el fondo de la cancha (“Jugué en todos los puestos de la defensa, pero lo que más me gusta es de 2 o de 5”), rememora: “Me empezó a gustar mucho el fútbol y estaba viendo qué hacía con toda esa información. Más adelante, como me fui volcando hacia la escritura, surgió la idea de conjugar las dos cosas: lo que me interesa del fútbol, que no solamente tiene que ver con el juego en sí, y la literatura”.

Basilio, que además practicó aikido, boxeo y básquet, pero que en el único deporte que compitió fue en natación, en el club El Tala, continúa: “Así, pensando un poco cómo el fútbol toca transversalmente casi todos los ejes en los cuales vivimos, es que nació Yo Fútbol Club, que trata sobre un tipo, Jimeno Marotte, que tiene mucho dinero y es muy resentido”. Tras señalar que el protagonista de su segundo libro “es descendiente de oligarcas, devenido en magnate de medios”, dispara: “El tipo odia el fútbol y lo quiere destruir desde adentro. Entonces se arma un plan ridículo, absurdo, que es ganar la Copa Libertadores él solo. Solo contra todos los equipos”.

Para averiguar cómo carajo hizo Jimeno para llegar a disputar el máximo certamen continental a nivel clubes, habrá que leer la novela. “La historia empieza casi en la final de la Copa y va hacia atrás. En paralelo también voy contando cómo él va invirtiendo en programas de simulación, porque una de las hipótesis que trato es que la gente cada vez más va a elegir la realidad de su equipo en el videojuego antes que esta realidad tangible que vivimos todos los días, en la que hay pocos equipos poderosos”.

La cosa empezó hace unos cuantos años, pero recién se concretará por estos días. “Lo escribí de un tirón”, indica Daniel, y confiesa: “Antes tenía un cuentito y medio que agarré una idea de ahí y la terminé anexando a la novela, para que quedara todo junto. Es de 2012, pero después le fui agregando algunas cosas y corrigiendo otras. Tenía cero expectativa de publicación, lo hice porque tenía ganas mientras escribía otras cosas en paralelo”.

El libro, al momento en que usted está leyendo esta nota, está en etapa de encuadernación. “Con la editorial que tenemos, Casagrande, siempre se sacan 50 o 60 ejemplares artesanales, de tapa dura y cocidos, y después se hace la versión industrial, que es la que está en las librerías”, señala el autor, y concluye: “Calculo que saldrá en un mes y después ya le pondremos fecha a la presentación”.

Clásico de clásicos

Basilio padre, leproso como Daniel, su abuela y su hermana, fue quien le inculcó al autor “la lectura que tiene más que ver con lo político-histórico”; mientras que su madre, canaya al igual que su tío y su hermano, fue quien “me incentivó a leer los clásicos de la literatura: Poe, Lovecraft, Borges, Cortázar”. Ese combo hizo que al también actor, que se puso a las órdenes de Carla Saccani en la maratónica obra Octaedro, lo terminarán de enamorar las letras. “Escribo desde chiquito. Ya en el jardín hacía historietas, cuentitos ilustrados”, recuerda. “Es muy loco, pero cuando empecé a jugar al fútbol dejé toda esa faceta más artística y la retomé recién a los 17 o 18”.

Daniel detalla que “a Fontanarrosa lo leí bastante, no sólo literatura sino también sus historietas, y también leí El fútbol a sol y sombra, de Galeano, algunas cosas de Sacheri y Soriano, pero poco, y hace unos días el libro de Kurt Lutman”, pero confiesa: “En general no suelo leer literatura de fútbol. Sí me gusta leer sobre fútbol pero otras cosas: las estadísticas, notas de color, una revista digital que se llama The Tactical Room, en la que escriben directores técnicos, porque me gusta mucho la táctica del juego. Hace poco leí la biografía de Arrigo Sacchi (DT italiano), y suelo leer más artículos periodísticos”.

Entre todas las actividades que realiza este rosarino nacido en 1986, el periodismo deportivo también tuvo su espacio. “Hice un programa en la Cristal Bell en el que cubríamos el ascenso, así que fui mucho a ver a Argentino, cuando estaba en la B Nacional, porque encima tengo un amigo que es hincha, y a Central Córdoba, cuando todavía Tiro estaba en el Federal B, creo”, rememora, y acota: “También transmití algunos partidos en Red TL, en un programa que duró muy poco, a veces relatando y otras como comentarista. Es que mi habilidad secreta, cuando era chico, era relatar partidos. Lo hacía incluso en los videojuegos: le bajábamos el volumen a la tele y lo relataba yo”.

Loco por el fútbol

La obsesión de Basilio por el más popular de los deportes lo llevó a pasar horas y horas frente a la pantalla, siguiendo las alternativas de partidos en otros idiomas. “Lo que más me sorprendió de afuera son las ligas de la Unión Soviética, me parece muy loco”, revela el autor del libro de historieta El ciclo de Cornelio gris, con los dibujos de Nacho Marx, y la novela gráfica Übertraven, que sacó junto a Ramiro Paz, y agrega: “El Dinamo Kiev era el más campeón de la liga de la Unión Soviética, y cuando se dividió y ahora pasó a ser de Ucrania, acumula títulos de distintos países”.

De las cuestiones de acá, remarca su sorpresa de que “los equipos de Rosario, como los del resto del interior, no se cuenten los títulos de la era amateur o de las ligas locales”. Este fanático de los números y las estadísticas aclara además que “aunque muy pocos lo saben, el primer club de la ciudad en ganar un título internacional no lo ganó Central, sino Plaza Rosario Athletic, y después vino Central Córdoba, que ganó la Copa Beccar Varela, ya en el profesionalismo”.

Tras aclarar que por estos días ya no juega ni va a la cancha, “por cuestiones laborales, y también porque estoy un poco desencantado”, Daniel enumera a aquellos futbolistas que le llenaron los ojos. “En vivo, jugador sarpado que vi –que obviamente por condiciones externas al juego no llegó más lejos– es el Ogro Fabbiani. Un tipo gigante con una técnica impresionante, un jugador de fútbol 5, un crack. Las veces que lo vi a Riquelme también me impresionó –aunque antes no me caía muy bien (risas)–, por sus pases, por la pausa justa. Y a nivel internacional me gusta mucho Zlatan Ibrahimovic, que en cierto sentido me hace acordar a Fabbiani: alto, la baja bien, buena pegada con las dos piernas, y no me quiero olvidar de Trezeguet, que cuando vino a Newell’s mostraba algunos destellos de calidad”.

Y a la hora de elegir aquellos que la rompen pero con la pluma en lugar de con la pelota, menciona a “Paul Auster, el francés Michel Houellebecq, que es uno de mis favoritos ahora, John Fante, la literatura ligada a la ciencia ficción, pero más relacionada a la filosofía, como Philip Dick, y también la de terror, sobre todo la japonesa. Y de acá me gustan mucho Samanta Schweblin, que me parece una cuentista formidable, Pablo Ramos, y obviamente Borges y Cortázar”.

Antes de despedirse, Daniel, que también estudió clown con Piripincho (Héctor Ansaldi), fue mimo y también integrante de la murga Los vecinos re contentos, se define: “Me siento más que nada escritor. Aunque todo lo otro me gusta, ese es el lugar en el que más me hallo”.

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