Una guía de espacios periodísticos de calidad y por fuera de canales hegemónicos para informarse y entender la Copa del Mundo, lo que ocurre dentro y fuera de la cancha. Guerra, partidazos, paz y goles.
Era conocida la costumbre, cada 4 años, del escritor uruguayo Eduardo Galeano: “Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: Cerrado por fútbol”. Ese mes que dura el certamen (ahora un poco más por la cantidad de seleccionados), la agenda periodística está cooptada por análisis serios y no tan serios de los partidos, abundancia extrema de estadísticas, debates y show.
Pero los mundiales, se sabe, no son sólo aquello que disputan los seleccionados de cada país en una cancha de fútbol. Son “una enciclopedia viva”, como dijo en Telesur la periodista platense Viviana Vila. “Una oportunidad maravillosa para aprender de cultura, de países, de historia, de geografía, política y contiendas políticas, de poderosos y oprimidos, de víctimas y victimarios, de movimientos de los pueblos, y también podés aprender de fútbol”, me dice ahora para El Eslabón. “¿¡Cómo los países en guerra pueden encontrar en el fútbol un paréntesis a tanto dolor?! Pensar en eso –subraya– nos mejora como comunicadores, como ciudadanos”.
Sin la formalidad del saco y la corbata de la tele, ni lo estruendoso de algunos canales de streaming, ni las estructuras de los grandes medios, ni el apuro por la primicia que tantos estragos hace por estas horas, espacios como Casa Taganskaya, Lástima a Nadie/Anfibia y Corazón y pases cortos, cado uno a su manera, cubren el Mundial 2026.
Lo viejo funciona

Juan José Panno, Ariel Scher, Daniel Miguez, Rodolfo Chisleanschi, Alejandro Fabbri, Daniel Guiñazú, Marcelo Manuele sacan a relucir sus DNI y sus CV, y suman: “Entre todos, 477 años de vida y 339 de periodismo”. Con esa experiencia puesta al servicio de las miradas actuales, lanzaron vía redes sociales Corazón y pases cortos, que fue nombre de grupo de Whatsapp en Qatar 2022, y que ahora abren al público lector en Facebook e Instagram. Además, los sábados a las 11, suman transmisión en vivo por Youtube.
“Nos conocemos desde hace décadas, somos amigos, hemos coincidido en diversos medios, nos juntamos a comer asados o lo que sea, y venimos disfrutando de charlas y debates en este chat del que nadie puede entrar ni salir desde hace años”, revela Rodolfo Chisleanschi, y añade que compartir esas conversaciones que fueron internas “representaba un buen desafío periodístico en formatos diferentes a los que siempre hemos trabajado”.
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Plumas finas y exquisitas no le faltan a este “chat futbolero” y “ámbito de reflexión”, como se caracterizan. “Quisimos creer que desde la experiencia y los conocimientos que hayamos acumulado en tantos años de periodismo podíamos brindar una mirada serena del Mundial y de todo lo que va pasando durante y alrededor del Mundial”.
Entre los años de trayectoria en la profesión están las coberturas mundialistas. Este que organizan «conjuntamente» Estados Unidos, México y Canadá tiene sus particularidades, remarca Chisleanschi. “Comenzó en medio de una guerra entre dos países que lo juegan”, con uno de ellos como anfitrión, y –agrega– “en un mundo revuelto como hacía tiempo no ocurría”.
Conociendo Rusia, Qatar y EEUU

Todo arrancó en Taganskaya, el barrio de Moscú donde se alojaron los periodistas Ezequiel Fernández Moores, Daniel Arcucci, Alejandro Wall, Marcelo Gantman y Martín Golbard para cubrir Rusia 2018. “Después de trabajar, a las 2 o 3 de la mañana empezábamos a discutir, de fútbol, de Moscú, de lo que nos pasaba, del país en el que vivíamos. Y ahí alguien pensó en poder grabar eso. Lo hicimos de manera absolutamente informal”, me cuenta Fernández Moores.
Así nació Casa Taganskaya, un espacio al que sus autores definen como “tertulias futboleras”. Aquello que al principio fue “muy desprolijo” y sólo por Facebook, fue luego tomando forma. “Mucha gente nos empezó a decir que lo seguía, que la pasaba bien con el diálogo”, añade el también histórico columnista del diario La Nación.
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Atraídos por la idea, Canal 14 de México les dio pantalla en Qatar 2022. “Ahí se hizo un poco más «profesional», menos informal, porque era un formato más televisivo”, explica Fernández Moores desde Estados Unidos, y agrega que ahora (también en Instagram, Twitter y Youtube) el espacio ganó en calidad de imagen y sonido “pero siempre con el viejo espíritu de Rusia”. Esto es, dice Ezequiel, “con ese intento de espontaneidad y diálogo informal, pero periodístico”. O como lo describió Alejandro Wall hace 8 años, cuando arrancaron el proyecto: “Una sola conversación sobre fútbol y deportes. Sin gritar”.
Lástima a Nadie y Anfibia se han unido
Medios digitales parientes, hermanados en esa mezcla de periodismo y literatura, el colectivo Lástima a Nadie Maestro y la revista Anfibia conformaron una alianza para cubrir el Mundial. El objetivo, me dice Juan Stanisci, es “profundizar la mirada del fútbol como un elemento más de la cultura”. Y se explaya: “Anfibia es un medio de hace años, con notas de periodismo narrativo bastante extensas, mucho análisis, textos con una escritura muy cuidada. Y nosotros buscamos lo mismo, siempre dentro del deporte”.
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El fundador de Lástima remarca que “la alianza surge en ese sentido: nosotros le aportamos el costado deportivo, pero manteniendo las maneras y las formas en las que ellos laburan”. En esas crónicas, añade, la pelota dialoga con la literatura, la música, el cine, con la política, la historia. “La idea es darle la vuelta a algunos temas que no son tan fáciles de googlear, sino con los intereses propios de nosotros, de las búsquedas, con nuestra mirada”.
Como un guiño a la emblemática revista El Gráfico, cada martes habrá una nota en Anfibia. “Donde mires hay mundial, pero no todo es fútbol”, destaca el convenio. “Leer es una pausa”. Mientras que en la web lastimera continuará el seguimiento diario de partidos e historias.
Peligro de fake
La noticia falsa que difundió el canal de streaming Luzu sobre la muerte del padre de Messi despertó un debate casi dormido: el de chequear información. Encontrar medios de comunicación y espacios integrados por periodistas y comunicadores confiables, no es poco en este contexto.
Así lo ve Ezequiel Fernández Moores: “Tenés que estar cada vez más atento, porque la mentira viene cada vez mejor fabricada. Si a nosotros, que estamos entrenados, nos obliga a estar bien atentos, porque si nos agarra distraídos caemos víctimas del engaño, me imagino lo fácil que resulta engañar a todo el mundo con tanta fake que hay, bien montada, bien hecha”.

Viviana Vila, que sigue el Mundial desde el programa televisivo La cancha es nuestra (Telesur), afirma: “La primicia se terminó hace rato, a partir de esta desesperación por un like”. Esta mujer –que en Rusia fue la primera de habla hispana en comentar un Mundial para la cadena estadounidense Telemundo– opina que “el like marcó un antes y un después: un millón de likes te empodera, te cotiza, te eleva, te hace sentir mejor, ficticiamente o no, pero ocurre. Todo lo contrario cuando no hay likes: la depresión, la angustia, el poco sentido que le encontrás a las cosas porque el otro no te devuelve un centro. Es peligroso y hay que atenderlo”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 27/6/26
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