Ayelén Pujol es una jugadora de toda la cancha: estudió periodismo deportivo, que le valió para poner su pluma al servicio de un montón de medios gráficos; juega a la pelota en el Norita Fútbol Club, el equipo que homenajea en su nombre a la emblemática referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora Nora Cortiñas; es militante feminista y futbolera de años, y desde hace unos meses se le sumó el mote de escritora, con su reciente ¡Qué jugadora! Un siglo de fútbol femenino en la Argentina, libro que reconstruye la historia del deporte de la redonda en el ámbito de las mujeres en nuestro país, los logros y las luchas disputadas en el verde césped y fuera de él. Además, también jugó fuerte en el 34º Encuentro Nacional de Mujeres, en la ciudad de La Plata, donde la columna futbolera fue numerosa. 

De machonas y tortilleras

“Hay algo de la idea del libro que tiene que ver con lo personal, obvio. Yo juego al fútbol desde chica y en un momento dejé de hacerlo porque me afectaban las palabras que usaban las mujeres que jugábamos, esto de machona, varonera, tortillera”, confiesa Ayelén, cuya obra fue prologada por su colega periodista Ángela Lerena, y continúa: “Por otro lado está ese propio recorrido y todas las preguntas del por qué casi sólo se conocían a los futbolistas varones y no mujeres. Después, cuando estudié periodismo deportivo, toda la historia que dábamos estaba protagonizada por varones. También el libro está atravesado por el feminismo, que me permitió responder esas preguntas, y por qué cuando nos pensábamos sobre el fútbol de mujeres había un vacío”. 

Para llenar ese hueco en la cancha, Pujol se puso a indagar y a escribir. “Me llamaron la atención muchas cosas durante la investigación, porque casi no había nada al respecto. Un partido que cuando terminó las futbolistas tuvieron que pelearse con el varón que organizaba ese torneo y quería llevarse toda la plata de la recaudación. Después el Mundial de 1971, en el que las pioneras te cuentan que fueron solas y la situación era de soledad. Hay un montón de historias personales, que incluyen un montón de luchas para romper lo establecido, para liberar esa opresión que genera la sociedad, que margina por algo”.

“El fútbol es un espacio constructor de idolatría, de anécdotas, de chicanas y nosotras no estábamos en eso”, señala Ayelén, cuya reciente publicación fue declarada de interés deportivo y para la promoción de los derechos de las mujeres por la Legislatura porteña, y argumenta: “Así que un poco el libro es eso, recorrer y responder esos interrogantes es que surge la idea del libro. Viene a llenar un vacío en un momento histórico particular, en el que desde el fútbol también se fue avanzando en la conquista de derechos para las mujeres, las lesbianas, las trans, las travestis”.

Una vida redonda

Ayelén nació y se crió en Monte Grande, provincia de Buenos Aires, cuando corría 1982. Su amor por el fútbol la llevó a estudiar Periodismo Deportivo en DeporTEA, y su preocupación por lo social la llevó a las aulas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) a seguir la carrera de Trabajo Social, justamente.

El talento como redactora, que comenzó a desplegar con apenas dos décadas de vida, lo puso a disposición en las secciones deportivas de Clarín, Infobae y Perfil, de las revistas deportivas Un Caño y El Gráfico, y del suplemento “Enganche” de Página/12. “Siempre fui de leer y escribir, desde muy chica. Estudié periodismo deportivo primero para canalizar esta pasión por el fútbol, aunque después me gustó mucho el periodismo en sí. Laburo en medios desde los 20 años, y en su mayoría fueron medios gráficos, que es lo que más me gusta, contar historias a través de la escritura. Lo del libro no lo había pensado nunca, fue algo que se fue dando. Tuve la suerte de que saliera en un momento muy particular”, revela en diálogo con el eslabón.

En 2018 tuvo el honor de ser la representante argentina en la votación para el Balón de Oro de fútbol femenino, que la prestigiosa y conocida revista France Football entregó a jugadoras por primera vez en su historia. Y además juega al fútbol desde que tiene uso de razón. “Al principio jugaba con mi hermana, en casa, y después en la calle con los pibes del barrio o en la escuela. Y recuerdo que en la primaria se organizaron unos torneos de fútbol femenino, en los que que también participé”, repasa esta fana de Boca. “Ahora juego fútbol 5. Ya estoy vieja pero lo sigo intentando”, dice entre risas, y aclara: “Juego abajo, a la izquierda”.

El Encuentro que se jugó en La Plata

Entre la multitud que copó las calles de la ciudad de las diagonales, en el marco del 34º Encuentro Nacional de Mujeres de la semana pasada, las futboleras y futbolistas también se hicieron escuchar. “Fui con mis compañeras de equipo y tuvimos la suerte de ir acompañadas por dos Pioneras, como Betty García y Teresa Suárez, que jugaron el Mundial 71”, destaca esta mujer que conduce –junto a Mónica Santino– el programa radial Cambio de Frente, que se emite los sábados en la porteña FM Club 94.7.

Y claro que el arranque en el país del torneo semiprofesional de fútbol femenino le dio una impronta diferente al Encuentro. “Fue muy especial y muy distinto a otros encuentros, por la posibilidad de ir con ellas que son parte de otra generación y hoy están viviendo un montón de reparaciones históricas de algo que sufrieron durante mucho tiempo, y que hoy pueden gritarle al mundo que son futbolistas, con total libertad, y obtener muchos reconocimientos que no tuvieron en su momento. Son compañeras que estaban jubiladas en sus casas y ahora son también parte de la historia de nuestro fútbol. Se inscribieron en los talleres y marcharon encabezando la columna de fútbol, que fue la más grande de todos los encuentros, con alrededor de 400 compañeras de los distintos espacios vinculados al fútbol”. 

“Esto marca que cada vez somos más y estamos mejor organizadas –destaca la autora–. Esto no tiene vuelta atrás. Y esto no es algo que pasa sólo en el fútbol profesional de hoy, sino que es algo que sucede también en las villas, en barrios populares, en los clubes, en los countrys, en las canchitas alquiladas, esto trasciende las clases sociales. En la cancha somos todas iguales, no hay distinción, no importa de dónde venís”.

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