Hace algunas semanas, la editorial Casagrande sacó de imprenta Memoria del polvo, del rosarino Pablo Racca. Se trata de la obra que ganó el primer premio literario del Concurso de Novela Social Rosa Wernicke, impulsado por el Concejo Municipal de Rosario en 2017, al conmemorarse el 110° aniversario del nacimiento de la escritora, periodista y crítica literaria. En 1943, Wernicke publicó Las colinas del hambre. Ese mismo año, ganó el premio municipal Manuel Musto, y por esa novela fue considerada la primera escritora enrolada en el realismo social.

La novela de Wernicke, que ya tuvimos oportunidad de leer y reseñar en esta columna tras ser reeditada en 2017 por el sello rosarino Serapis, está ambientada en la Rosario de los años 40 y en ella se ejerce una denuncia contra una ciudad pujante que se levantaba orgullosa hacia el progreso, dando la espalda a la miseria, en este caso, al pobrerío asentado en el vaciadero municipal de barrio Mataderos, hoy conocido como Tablada. La propuesta de este nuevo concurso local, en palabras de la concejala Norma Lopez, es la de ver “cómo resignificamos en estos tiempos la novela social”. Más que una motivación literaria (con el tiempo los límites de este subgénero se han diluido), la convocatoria pretende interpelar, a través de la ficción, las desigualdades que denunció el siglo pasado Rosa Wernicke, y que hoy lejos de disiparse  se han intensificado dramáticamente.

“El texto de Racca narra un conflicto social que nos interpela desde el presente, recreando las carencias y las necesidades básicas insatisfechas de una enorme parte de nuestra sociedad. Que la novela se ambiente en nuestra ciudad y represente las barriadas locales, tantas veces olvidadas por las políticas públicas, convierte al texto en una justa denuncia de la ausencia o insuficiencia del Estado municipal, provincial y nacional para responder a las demandas de los sectores más postergados”, expresaron desde el jurado, a cargo de Maia Morosano, Laura Rossi y Federico Ferroggiaro. Jurado que también hizo mención a la obra El desvío, de Mario Daniel Foffano, quien se presentó bajo el seudónimo Géminis Dual.

La voz narrativa de Memoria del polvo se sitúa en un barrio ficcionado donde se construye  comunidad entre las instituciones barriales como el colegio, el comedor, los talleres, la plaza y la actividad asamblearia en la que maestros, vecinos y militantes ponen en común los problemas de la barriada. El drama social une y da marco a los distintos personajes que intentan resolver los conflictos cotidianos de un barrio pobre.

Al ser consultado por el eslabón, Pablo Racca ubicó a su obra en un contexto histórico diferente al que puso a Wernicke a ejercer una obra literaria como denuncia. “El tono es otro. Y también lo es por mi propia experiencia y comprensión del trabajo territorial. Creo que no es una novela que denuncia, sino que narra; no es una novela que busca mostrar algo que no se conoce, sino que problematiza algo que conocemos y cómo se «es» o se «puede ser» en ese contexto”, explicó el autor, quien al concurso se presentó bajo el el seudónimo José Luis Borges.

“En la novela suceden cosas todo el tiempo, no nos detenemos a analizar y reflexionar la realidad barrial como si estuviéramos ante un objeto extraño y desconocido. El objeto en cuestión es el modo de relacionarse y vincularse con el mundo y las cosas, que quizás sea el tema de toda la literatura”, argumentó.

 

Fuente: El Eslabón

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