La victoria del correísmo a través de la candidatura de Andrés Arauz evidencia la continuidad de una coalición social intensa, resistente a los embates de los espacios antinacionales ecuatorianos. El solo hecho de quedar primera en la contienda, tras cuatro años de traición, persecución y proscripción, amerita evaluarse cual un logro popular trascendente. Sin embargo muestra también que la prédica contraria a la obra de gobierno liderada por Rafael Correa logró éxito parcial al acorralar a sus seguidores en un núcleo duro que no logró cautivar las cercanías.

Con una segunda vuelta en ciernes, cabe indicar que la eventual llegada a la grilla de Yaku Pérez implicaría un dilema de difícil resolución para que UNES consiga esa atracción que conduzca a la dirección del Estado ecuatoriano. A diferencia de Guillermo Lasso, con un perfil liberal conservador firme y tan contenedor de la tropa propia como expulsor de quienes se ubican por fuera del ideologismo privatista y dolarizante, el candidato de Pachakutik posee un discurso apto para atraer fuerzas de centroizquierda capaces de desequilibrar.

Como explicamos en el texto anterior, Pérez cultiva una imagen honesta, acompañada de propuestas ecológicas e indianistas que, aunque muy retrasadas con respecto a las transformaciones sociales y latinoamericanistas del correísmo, están lejos de configurar una opción hostil para varias corrientes de tono socialista. En particular para la Izquierda Democrática que sorprendió con un 16,01 por ciento con Xavier Hervás como postulante. Este sector muestra que la cuestión generacional ya no puede ser analizada década por década sino con un lustro como mensura.

En realidad aún no se sabe quién disputará con Arauz la presidencia. El recuento definitivo tardará varios días y falta por contar el voto de algo más de 410.000 ecuatorianos que viven en el extranjero. Ese ansiado segundo lugar está muy peleado: mientras Pérez logró un 19,71 por ciento, Lasso arañó el 19,65. Es decir, puede haber novedades. Pero si las cosas se mantienen así, el correísmo tendrá que exprimir sus capacidades comunicacionales para salir airoso. Puede hacerlo, tiene con qué y es preciso prever que esas franjas decisivas tiendan a repartirse.

Una conclusión de las elecciones de este domingo es que las falsas acusaciones del hasta ahora presidente Lenin Moreno, de núcleos empresarios y de jueces, canalizadas a través de los medios de comunicación, limaron la voluntad de quienes sin formar parte de la corriente de Rafael Correa, se habían mostrado en comicios anteriores proclives a respaldarlo. En concreto: muchos jóvenes progresistas, que habitualmente se muestran reactivos a la manipulación del periodismo venal, se dejaron atravesar por sus campañas y fueron reconducidos hacia variantes que redujeron el caudal.

De allí que la lista que encabeza el economista de 35 años tenga que estudiar dos opciones básicas para desplegar, a partir de esa definición, el rumbo de la campaña sobre el ballotage: posicionar a Correa como jefe e inspirador de la nómina o relegarlo a un segundo plano para atrapar sufragios que desconfían de su transparencia. No es sencilla la decisión, pues el objetivo de Arauz no es otro que el de Correa: vencer. Ante caracterizaciones inmediatas sobre alguna de las variantes es pertinente reflexionar, ahondar en las características del electorado al cual se anhela impactar y en base a eso, actuar.

La persistencia del movimiento nacional ecuatoriano asentado en blancos humildes, indígenas, espacios ligados a la producción local y un sector de la oficialidad entre otros, es en sí misma un triunfo. Esto se ratifica al observarse la continuidad de numerosos respaldos en las tres grandes zonas que fracturan la nación y contienen derivaciones políticas y sociales. Es decir, el correísmo sigue siendo la principal tendencia ecuatoriana y sigue siendo abarcativa. Es previsible que los apoyos para Lasso se encapsulen ante la imposibilidad de reformular su discurso y que las nada homogéneas vertientes del Pachakutik, con la esperanza de un triunfo, se amalgamen por un tiempo y desplieguen fuerza centrípeta que realce su actuación del domingo 7.

Finalmente, la defección ostensible de Lenin Moreno –ex vicepresidente de Correa, promovido por el líder en el anterior comicio presidencial– mereció un repudio integral. Si la primacía de Arauz es su primera manifestación, el fracaso del candidato oficial –Isidro Romero, con el 1,82 por ciento–, da cuenta de su paso al basurero de la historia. En los días venideros tendremos un panorama más claro del horizonte. América latina observa con interés. Una genuina victoria popular puede activar los resortes que conduzcan a una vitalización del congelado Unasur. Una caída será celebrada por Luis Almagro y toda una faja de la Organización de Estados Americanos que conjuga lo peor de la región.

*Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

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