La Canasta Básica Alimentaria en Rosario aumentó un 50% respecto de 2020. El análisis social y económico de Paula Durán, coordinadora de la Usina de Datos de la UNR, un observatorio conformado por economistas, estadistas y politólogos.

El pasado 5 de abril, la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) lanzó su informe mensual sobre el precio de la Canasta Básica Alimentaria local con un relevamiento en Coto, Carrefour, Jumbo y La Gallega. Y los resultados otra vez marcaron un alza en alimentos básicos, esta vez de un tres por ciento mensual. Los números, que muestran una suba del 50 por ciento con respecto al año pasado, preocupan y a la vez exigen un seguimiento interdisciplinario para dimensionarlos en todo su impacto. 

“Nosotros creíamos que en la ciudad había cierta vacancia o falta de una voz propia de un organismo como es la Universidad, con el prestigio, con la seriedad y con la profundidad con la que se trabaja en esta sobre determinados temas. También que hacían falta algunos indicadores de coyuntura, es decir, datos que estén lo más cerca de la actualidad posible”, dice Paula Durán, coordinadora de la incipiente Usina de Datos de la UNR. Para ella, la creación de este espacio dedicado a la producción y análisis sobre la realidad social y económica de la región, “pretende transformar esa información en conocimiento, y ese conocimiento en opinión pública y decisión política”. Todo esto con el propósito de generar “indicadores y datos que aporten a la difusión, a la lectura y al debate de lo social y lo económico”, explica.

¿Para qué me alcanza?

El pasado 5 de abril, la Usina de Datos de la UNR lanzó su informe mensual sobre el precio de la Canasta Básica Alimentaria de la ciudad. El resultado fue obtenido a partir de un relevamiento de los precios de los 58 productos que componen la misma, en cinco cadenas de compra: Coto, Carrefour, Jumbo y La Gallega. 

Según los datos adquiridos, un “adulto equivalente” (varón de 30 a 60 años con un requerimiento energético de 2.750 kilocalorías diarias) necesita 7.309 pesos para poder acceder a la Canasta Básica. Por su parte, una familia de cuatro miembros (de 40, 35, 17 y 15 años) necesitó un monto de 27.850 pesos. Se trata de un aumento de un 3 por ciento en comparación con el mes pasado. 

Por su parte, el informe muestra que el incremento del precio de la CBA rosarina se debe principalmente a la suba de los precios de verduras y hortalizas, con un 12,2 por ciento de aumento; aceites y grasas, con un 8,9 y legumbres, con un 6,5 por ciento.

Además, el trabajo detalla que entre marzo de 2020 y el mismo mes de 2021, la Canasta aumentó todos los meses, marcando mayores incrementos en marzo, julio, octubre de 2020, y enero de 2021. El aumento interanual, respecto al costo de la CBA en el mismo mes del año anterior, fue de 50 por ciento. 

Para Durán, “los fuertes aumentos de la Canasta Básica Alimentaria tienen efectos que se ven, sobre todo, en los datos que informan el aumento de la indigencia, que no es más que los hogares, y las poblaciones que habitan en esos hogares, que no tienen los recursos suficientes para comprar el alimento básico”. “Esta realidad, que ya existía pero que ahora se agudizó y se extendió, tiene que ver además con que los alimentos aumentaron más que el resto de bienes y servicios, y por tanto afectó en mayor medida a sectores de menores ingresos que destinan buena parte de estos para comer y que cada vez son más lo que no alcanzan a satisfacer”, explica. Y agrega: “Una de cada diez personas se encuentra en situación de indigencia, y esta es una realidad más que angustiante”.

Según la coordinadora de la Usina de Datos de la UNR, otro fenómeno que afecta a los sectores más vulnerados de la sociedad está relacionado con el deterioro de los ingresos de los hogares, “que van perdiendo no solamente capacidad de compra con la baja en los niveles de ingresos sino que también están perdiendo ingresos por falta de posibilidades de trabajo o por reducción de horas de trabajo debido a la pandemia”. 

Por su parte, el estudio desarrollado durante la tercera semana del pasado mes también reveló cuál es el poder de compra de diversos tipos de ingreso, como el haber mínimo jubilatorio, la Pensión Universal para el Adulto Mayor, el Salario Mínimo Vital y Móvil y la Asignación Universal Por Hijo. Así, se demostró que la jubilación y el salario mínimo alcanzan a cubrir 2,8 canastas básicas alimentarias, mientras que la Pensión Universal para el Adulto Mayor solo permite comprar 2,3 canastas. Por su parte, el monto de la AUH no alcanza para adquirir una CBA, llegando solo a cubrir menos de la mitad de su precio. 

Aunque las distintas políticas sociales desarrolladas para hacer frente a la pobreza han logrado la reducción de la indigencia, Durán explica que “si bien los importes se fueron recomponiendo y reajustando, ante el aumento de los precios de los alimentos estos quedan lejos de cubrir las necesidades alimentarias de la población”. Y suma: “ Si bien hacen un aporte que es vital en estos casos para conseguir el mínimo sustento, no son suficientes para pensar en satisfacer las necesidades alimentarias, dado que los ajustes no alcanzan a recuperar el poder de compra que tenían en su momento”.

Al final de la llamada, Paula insiste en que los análisis de la Canasta Básica rosarina realizados desde la Usina son tan sólo “un producto intermedio hacia otro mayor que estamos trabajando que es el de la estimación de la pobreza”. En ese sentido, la información hasta ahora disponible arroja una muestra de los niveles de indigencia del último semestre en el aglomerado urbano: “La pobreza en el Gran Rosario afecta al 38,3 por ciento de las personas. En el Gran Santa Fe, al 39,8 por ciento. Esto significa que cerca del 40 por ciento de la población de los principales aglomerados de la provincia se encuentran en situación de pobreza, es decir, debajo de esta canasta de bienes, no solamente de alimentos sino de otros bienes y servicios básicos”, concluye Durán.

Un trabajo complejo

El equipo que conforma este observatorio, creado en noviembre de 2019, es interdisciplinar y está conformado por economistas, estadistas y licenciados en Ciencia Política. Y según la página web de la Usina, “tiene como propósito medir la magnitud, evolución y características de fenómenos como la pobreza, la situación ocupacional y la actividad económica de Rosario y la región; complementando el análisis de la realidad social local con enfoques transversales: de género, ciclo de vida y sustentabilidad”. 

Como expresa Durán, el equipo notaba que existía la necesidad de realizar investigaciones que sean generadas en y por los miembros de una universidad pública que también se define a sí misma como plural, democrática y feminista: “Muchas veces veíamos también que había determinados temas que eran consultados fundamentalmente en universidades privadas y entonces nos parecía que la Universidad de Rosario tenía, que nuestra Universidad pública de la ciudad, tenía que generar este espacio que recién estamos comenzando”. “La idea, además, es producir también sinergias con los distintos observatorios y centros de estudios e investigación de la Universidad que están funcionando, para poner en valor la información y los estudios que se realizan en nuestra casa de estudios referidos a estos temas”, agrega.

Cuando desde El Eslabón se le consulta acerca de la articulación de los trabajos de investigación con distintas acciones que puedan llevarse adelante en conjunto con los distintos actores de la sociedad, Durán contesta que esta tarea “es fundamental”, sobre todo para “pensar la utilidad de la información obtenida”. En ese sentido, la docente e investigadora remarca que los informes desarrollados hasta el momento han sido tomados por medios de comunicación, pero también han recibido consultas de “representantes del poder legislativo del gobierno local en relación a algunos temas que nosotros publicamos”. 

Finalmente, Paula plantea que tanto para ella como para el equipo es importante resaltar “la calidad de la información”, dado que su intención es “que los datos que se construyan sean de extrema rigurosidad y sirvan para combatir también algunos fenómenos de desinformación, en este contexto de distribución masiva de desinformación o de lo que nosotros llamamos la posverdad”.

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