Ante un nuevo derby rosarino, el reconocido periodista y escritor trazó una línea del tiempo sobre el más pasional partido del fútbol argentino. “Newell’s y Central están dentro de los equipos grandes”, afirmó.

El clásico de la ciudad cuna de la bandera “tiene algo que lo distingue por encima de todos los demás clásicos del fútbol nuestro. Es el primero. Es el que se jugó antes”. Así se pone en marcha el libro Clásicos. Pasado y presente de las grandes rivalidades del fútbol argentino, que Alejandro Fabbri escribió hace un par de años atrás. Este domingo volvieron a verse las caras, en el estadio Marcelo Bielsa, por la séptima fecha del torneo local. Para el cronista e historiador futbolero, este “es un clásico enorme, y tiene más condimentos adicionales por la enorme cantidad de jugadores que le dio al fútbol argentino y a la Selección, y también, lamentablemente, por esta violencia insólita que genera con gente enfurecida”.

Los últimos serán los primeros

Si bien el periodismo porteño instaló que el clásico más antiguo en estas tierras es el River-Racing, de aquellas rivalidades que aún se mantienen vigentes, los primeros en cruzarse fueron Rosario Central y Newell’s, ya que el Millonario y la Academia marcaron con el tiempo su enemistad futbolística con Boca e Independiente respectivamente.

Aquel derby pionero tuvo lugar en Plaza Jewell (el estadio de Atlético del Rosario) en 1905, en el marco de la Liga Rosarina de Fútbol. La victoria fue rojinegra, gracias al gol de Faustino González. “¿Sabés qué pasó acá?”, le pregunta a su hermano uno de los personajes del relato El visitante, de Elvio Gandolfo –que el entrañable Roberto Fontanarrosa incluyó en la antología Cuentos de Fútbol Argentino–. “No”, le contestó. “Acá se jugó el primer clásico”, le respondió el otro, mientras dejaban atrás la terminal de ómnibus. 

“Como todo clásico grande, el de Rosario tiene mil historias”, se mete Fabbri, periodista todoterreno de reconocida trayectoria en medios gráficos, radiales y televisivos. Y arranca a contar algunos tramos de su última publicación: “Lo que quise hacer es juntarlo con otros clásicos santafesinos, para ponerlo en ámbito. Porque este es un país lleno de clásicos, y si bien hay rivalidades muy fuertes como ésta, en el origen, Newell’s y Central tenían mucha rivalidad con Central Córdoba, que era mucho más grande que ahora”. Pero la historia –y las malas campañas– separó a los Charrúas de las grandes ligas. “Hoy ya no se enfrentan porque están en diferentes categorías. Y la incorporación al campeonato de Buenos Aires en el 39, le dio otras características. Los hizo clubes nacionales”.

Es que en 1931, tal como ocurría en Buenos Aires, aquí también se le puso fin al amateurismo con la creación de la Asociación Rosarina de Fútbol, en la que compitieron con exclusividad hasta 1939, cuando fueron invitados a codearse en la Primera División, porque “tenían buenos equipos, ganaron copas ante rivales porteños y mostraron su capacidad para proveer de futbolistas al resto”. Y el 18 de julio de ese año, se vieron las caras por primera vez en un torneo de AFA, y empataron 1 a 1, en el Parque Independencia.

Otros tiempos, otra la historia

La pasión y la rivalidad fue creciendo con el correr de los enfrentamientos, y no pocas veces la cosa se les fue de la mano, algunas dentro del campo de juego, y muchas afuera. “Creo que al mismo tiempo es el clásico que se ha degenerado más”, se lamenta quien fue cronista de los diarios Clarín, La Voz, La Nación y El Heraldo. “Es el más violento. En los últimos 30 años se fueron agravando, antes no pasaba así”, asegura el ex Radio Continental, Belgrano, Mitre, AM750 y con presente en Del Plata, quien posiblemente no se imaginaba con semejante trayectoria en los medios cuando con apenas 15 años presenció el folclore rosarino en los alrededores del estadio Monumental, donde se enfrentaron por las semifinales del campeonato Nacional de 1971, aquel partido que tan bien recreó el Negro Fontanarrosa con la popular historia del Viejo Casale en el cuento 19 de diciembre de 1971, y que Daniel Rearte contrapuso con Felicitaciones ingeniero. “Mis viejos me llevaron a comer a la Costanera, en la Capital Federal, y a la tarde era el partido. Estábamos muy cerca de ahí, y recuerdo perfectamente todos los carritos lleno de hinchas de Central y Newell’s mezclados, no había tantas camisetas, porque no se vendían muchas en esa época, pero estaban todos juntos”, rememora Fabbri, con esa risa jocosa que denota un episodio hoy imposible de realizar. “Ahí seguramente había hermanos, amigos, que eran unos canayas y otros leprosos. Esa multitud que vino desde Rosario, se calculan unas 50 mil personas más o menos, vino y se fue por la misma Ruta 9, que no era aún la autopista que es ahora, y no pasó nada ni a la ida ni a la vuelta. Y uno quedó eliminado y el otro jugó la final y salió campeón por primera vez, como fue Central. No pasó nada”.

El comentarista en el equipo de transmisión de Víctor Hugo Morales opina que aquel “era otro país, evidentemente”, aporta que “todo eso se fue degenerando y ya en los años 80 se registraron batallas campales, varias”, y no le esquiva al bulto: “Lamentablemente el periodismo tiene mucho que ver con eso”.

En ese sentido, el autor de El nacimiento de una pasión, Historias negras del fútbol argentino, e Historias secretas de los Mundiales –entre otros títulos– sostiene que “en el fútbol en general hubo un triunfo de los violentos, liderados por bandas de sinvergüenzas, de delincuentes, gente complicada que cree que el fútbol es más importante de la vida, y que no se puede perder”. Pero esa cuestión no es excluyente del duelo rosarino: “También había gente de Independiente y Racing yendo juntos a la cancha, y hoy eso es imposible. Recuerdo de aquella época una vez que los jugadores de los equipos de Avellaneda estaban cenando cada uno en su sede, que están muy cerca una de otra, y se fueron en grupo, juntos caminando hasta la cancha”.

Este fanático de las estadísticas remarca que los equipos rosarinos fueron atrapados por lo que considera una de las máximas del fútbol argentino, que es el miedo a perder, ya que “en los últimos tiempos”, antes de la impresionante racha ganadora del auriazul tras su vuelta a la máxima categoría, “han empatado más que nunca, así todos quedan tranquilos”. Y ejemplifica: “En Argentina, es mucho más importante no perder que las ganas de ganar. Y la pauta te la da la AFA, ya que el nuestro es el único país del mundo que suspendió los descensos en pandemia”.

Cosa de grandes

Alejandro Fabbri, que cuenta en su haber con trofeos periodísticos como coberturas en Mundiales, de mayores y juveniles, y en cuyo abultado currículum figuran laburos en revistas como El Gráfico y Goles, se desmarca de la lógica sobre los cinco grandes (Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo). Dice que los del Parque y los de Arroyito “tienen una historia gigantesca”, por lo que “soy de los porteños que cree que son equipos grandes, que están dentro de los grandes del fútbol argentino”, ya que “no podemos pensar que los grandes son sólo de Buenos Aires. Y lo mismo digo de Estudiantes de La Plata, que ganó 4 Copas Libertadores”.

Este reconocido hincha de Platense le otorga al derby rosarino un plus, que lo diferencia del resto: “Tiene más condimentos adicionales por la enorme cantidad de jugadores que le dio al fútbol argentino y a la Selección, aunque también, lamentablemente, por esta violencia insólita que genera con gente enfurecida”. Y admite: “Este es uno de los peores momentos de los equipos. Porque hoy tienen equipos muy discretos, y por primera vez en la historia Santa Fe está por encima, con Colón, que viene de salir campeón”. 

Además, agrega diferencias como las del lindo folclore que se genera en la ciudad –salvo excepciones un poco subidas de tono– ante la inminencia de cada enfrentamiento. “Creo que desde el gol de Poy se abre una grieta gigantesca. Viene la creación de la OCAL (Organización Canalla Anti Leprosa) del Colorado Vázquez y todas esas historias que tienen en Rosario, como hacerlo festejar a Poy lo de la palomita, que ya debe tener las rodillas a la miseria pobre”, se ríe, como lo hizo Fontanarrosa en su fantástico libro No te vayas campeón, en el que asegura que “menos mal que el Aldo no hizo el gol de chilena”, porque las recreaciones podrían generar graves consecuencias. “Recuerdo –sigue el conductor de Sportia, el noticiero de TyC Sports– que Jorge Luis Borges cuando se quedó ciego le hicieron una nota en la revista Gente, y allí dijo que «cuando me fui quedando ciego, los primeros colores que dejé de ver fueron el rojo y el negro», y éstos lo pegaron por todos lados, cargando a los hinchas de Newell’s. También en La Habana, Cuba, se lo encontraron al hijo del Che, que era hincha de Rosario Central aunque no le gustaba mucho el fútbol. Y el tipo le tiró la pelota a Poy para que hiciera la palomita ahí”, en la capital cubana. “Son esas cosas que tiene el fútbol”, subraya.

Fabbri, que en la tele condujo Estudio Fútbol y Código F, con pasos por Canal 7 y Canal 9, comentó, desde 1989 hasta 2016, los partidos en transmisiones oficiales, primero en Fútbol de Primera, y más tarde en Fútbol Para Todos. De esos años de cabinas trabajando para la pantalla chica, recuerda “el partido que ganó Newell’s en Arroyito 1 a 0, con gol de (Julián) Maidana, en 2004, que fue el año que salió campeón”. Y se despide con otro recuerdo, de cuando aún no era trabajador de prensa. “Fue uno que vi en cancha de Atlanta. Era una cosa rara ver ahí un partido entre Central y Newell’s”. Aquel duelo en el estadio que el Bohemio tiene en Villa Crespo correspondió al Metropolitano de 1976, ya en dictadura, y se jugó el 16 de mayo. “Empataron 1 a 1. Ñuls tenía la cancha clausurada, porque le habían roto la cabeza al árbitro en un partido contra Ferro. Lo recuerdo porque yo soy de Caballito y tenía mis amigos de Ferro que hablaban de ese partido. Y el árbitro era Jorge Álvarez, un árbitro que se destacaba mucho porque era totalmente pelado. Ese partido iba 2 a 2 y le metieron un proyectil en la cabeza y se suspendió, así que cuando le tocó a Newell’s de local, lo hicieron jugar con Central en Buenos Aires”.

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