La Copa del Mundo pasa de partidazos, sorpresas y goleadas al acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos. En el mismo lodo se mezclan también momentos inolvidables y las pausas de hidratación, estadios repletos y visas denegadas.
Este Mundial es una locura. Estados Unidos brinda una exhibición ante Paraguay y su presidente Donald Trump se la pierde por una pelea de UFC. Aunque la Fifa exige exclusividad de eventos deportivos, en EEUU juega de visitante. La Casa Blanca manda.
¡Qué locura este Mundial! Curazao le empata a Alemania a los 22’, justo en horario de pausa de hidratación. “Me dieron pena”, declara el ex delantero inglés Alan Shearer al podcast The Rest is Football. “Marcaron y, apenas 30 segundos después, el partido se detuvo. Eso les ha frenado por completo”. No creo, de todas maneras, que sirva de excusa para explicar el 7 a 1 final.
Publicidad larga que, a veces, regresa con el partido en marcha. Hombre de traje a un costado de la cancha que, tablet en mano, le pide al árbitro no reanudar hasta que finalice el último comercial. La cadena estadounidense Telemundo promete no emitir publicidades durante el «cooling break» como sí hace la Fox, su competidora.

Repito: este Mundial es una locura. Antes habían empatado Brasil y Marruecos y por suerte, en las conferencias de prensa posteriores, la Fifa habilitará el español, idioma prohibido en un principio. Días después, entra en escena un tal Vozinha, arquero héroe de Cabo Verde en el 0 a 0 ante España, que aún espera la Visa para su madre.
Más tarde, Irán empata ante Nueva Zelanda en Los Ángeles y antes de volar a México –donde es obligado a concentrar– Infantino pasa por el vestuario y le da palmaditas en la espalda al plantel: “Eres más fuerte que cualquier cosa”. Y también se hace el gracioso: “Si el entrenador necesita un delantero, juego el siguiente partido con ustedes”. Pero Amir Ghalenoei, DT iraní, no se ríe: “Quizá seamos la selección más oprimida de la historia de los mundiales”. Mirada incómoda, Gianni lo sigue escuchando: “Aprendimos de ti que el fútbol es un espacio de humanidad, pero el anfitrión nos quitó un poco de esa humanidad”. La consigna del pin («168», en alusión a la cantidad de niños y niñas que murieron en el ataque estadounidense-israelí a la escuela de Minab) que la Fifa les prohibió llevar a los futbolistas de Irán se coló en las tribunas.
La misma entidad que suele imponer condiciones a los países anfitriones –exenciones fiscales para sus integrantes y hasta anulación de leyes laborales vigente para trabajos relacionados con el mundial– se excusó ante la expulsión del árbitro somalí con un “no lo controlamos todo”.
Insisto: este Mundial es una locura. Dos goles de Mbappé, dos de Haaland, tres de Messi, y Marcelo Gallardo, ídolo de River devenido en panelista. Del Napoleón ganador y duro con los periodistas, a participar en el streaming del Kun Agüero, el Pollo Vignolo y el Cabezón Ruggeri. Al otro día, Congo le saca un empate a Portugal, sin goles de Cristiano Ronaldo, y lo vemos “al Diego”. Qué nostalgia el Diego y los mundiales. Pero en este caso, promociona una casa de apuestas.
Ya comenzó la segunda fecha de la fase de grupos y Brasil le prende velas a Neymar, convocado pese a las reiteradas lesiones. Cuando Carlo Ancelotti lo incluyó en la lista, festejaron también los sponsors de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y del propio jugador. “Apenas media hora después de que su nombre fuera confirmado”, escribió Lucas Bombana en Folha de S. Paulo, “Neymar ya había publicado tres vídeos de algunos de sus principales patrocinadores en las redes sociales”.

Pero antes no debo olvidarme del partidazo 4 a 2 entre Inglaterra y Croacia. Y del Loco Bielsa, que hace rato nos advirtió que el fútbol se parece más a las empresas que a los espectadores, y que ahora mira para abajo en las fotos promocionales para el certamen. Justifica la pose diciendo que no es modelo, aunque el resto de los protagonistas demuestre lo contrario.
Que no decaiga esta locura, que este lunes vuelve a jugar la Selección, en medio de un rumor que se hizo noticia, sobre el padre de Messi. Indignación de periodistas y streamers, que ¡al fin! recordaron la importancia de chequear la información.
El escritor mexicano Juan Villoro destaca el “oasis” que representan los mundiales, con casacas limpias de patrocinadores. “El Mundial genera la ilusión de que los protagonistas disputan en nombre de un país y no de una aerolínea de Singapur”. Pero la Fifa de Infantino y Trump se las ingenia para encontrar otro hueco disponible para auspiciantes. Al menos por ahora, la camiseta no se mancha. Este Mundial, no me canso de decirlo, es una locura.
Publicado en el semanario El Eslabón del 20/6/26
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