Beatriz Vignoli (Rosario, 1965) es la primera poeta mujer en integrar la mítica colección Poetas argentinos de la Editorial Biblioteca, que ya había publicado a Hugo Gola, Francisco Paco Urondo, Francisco Madariaga y Rodolfo Alonso. Y lo hace con Expreso, título que re inaugura esta serie de libros de poemas, después de más de 40 años sin actividad. 

Recordemos que la Biblioteca Constancio C. Vigil, dentro de la cual se destaca la editorial, fue un proyecto cultural y pedagógico enorme que funcionó en Rosario desde mediados de los 60 hasta 1977, año en que la institución de Tablada fue intervenida y saqueada por la última dictadura genocida, cívico-militar. Actualmente, desde la recuperación de la personería jurídica y de sus bienes por parte de sus socios históricos, el enorme edificio de Gaboto y Alem también funciona como sitio de Memoria, Verdad y Justicia. En esas mismas instalaciones, el pasado viernes 29 de abril, Beatriz Vignoli presentó el primer libro de su segunda etapa como poeta, es decir, después de la publicación de Viernes, su obra poética reunida hasta 2021 con una cronología de vida incluida, en un tomo alucinante a cargo del sello porteño Nebliplateada. En la nueva era, Expreso está signado por la salida al exterior post cuarentena, expresión de esa libertad que fue ganando la calle otra vez, aunque también por un accidente que sufrió la autora: un puñado de estos poemas expresan la gratitud hacia las personas que la acompañaron en su recuperación, y que también aparecen en las dedicatorias como si fueran arcángeles, arriba, abajo y en los cuatro puntos cardinales.

Volviendo a la libertad recuperada, Beatriz Vignoli contó que para la composición de este libro lo primero fue el procedimiento: sus caminatas después del encierro pandémico. Una técnica de producción artística que “más que en la literatura aparece en el arte contemporáneo, y en algún punto no importa lo que ese procedimiento produzca, sino que lo que importa es proceder de tal manera y no de otra, y yo salgo a la calle con esa misión, salir a pasear para que aparezca el poema”, contó la autora en la presentación. Lo mismo ocurre con la materia de los sueños, algo en lo que Vignoli viene trabajando desde hace tiempo en sus talleres de escritura. “No somos nada sin el ferrocarril nocturno del sueño”, escribe en el poema que le da nombre al libro.  De vuelta a las calles, en modo flaneur, aparece la tensión permanente con “lo rosarino”, o como dice ella, con ironía o tierna malicia, “lo insoportable rosarino”.

Al final, sale de la humorada diciendo que Rosario, como ninguna otra ciudad que haya conocido, tiene, por su arquitectura y ese qué sé yo, una entrada de luz diferente porque es la luz que alumbran los recuerdos de su infancia. Hay una serie de poemas como Western, Ámbar, La Sexta, 7 de octubre que recuperan de Rosario un paisaje, la intemperie y las orillas (cito de memoria las impresiones que ella compartió en La Vigil y busco el poema El suelo en llamas (Sueño del puente rojo) que dice así: “Desde la otra orilla a aquella otra orilla/ no se queman puentes para impedir el paso/ sino para cruzarlos ardiendo”).

No lo digo yo, lo dijo Rafael Ielpi en la reseña que escribió sobre este mismo libro en Página/12: “Beatriz es ella misma reconocida también como un mito en la cultura de Rosario”, porque, y esto sí lo digo yo, buena parte de la obra de Vignoli es una mitificación de la ciudad. La mitología Vignoli es la historia reciente, los bordes y los refugios de nuestra ciudad; también es todo lo que la ciudad no fue ni será nunca, y aún así persiste el deseo de ir a su encuentro y de inventarla con generosidad. Como un jinete (o un colectivo expreso) que irrumpe en la noche desierta y cabalga el espíritu indómito de su poesía, para alumbrar los caminos antes de que vuelvan los brujos. 

Expreso también incluye un poema dedicado a Ruben Naranjo, fundador del proyecto Vigil (Este hombre sigue) como “un homenaje a lo que no pudieron destruir”. Del mismo registro elegíaco, a partir de un sueño, surge el primer poema dedicado a Federico García Lorca (asesinado por el franquismo) y a Alfonsina Storni que se titula Poema aún no escrito, fechado alrededor de 1937. Es sabido que Vignoli es una de las voces más auténticas y originales de la poesía contemporánea, también es la mejor lectora y crítica de arte de nuestro litoral, pero todo su trabajo es inseparable de su vocación militante, como difusora y agitadora cultural, siempre al rescate de una mitología popular que es necesario reinventar y darle continuidad. Quizás por eso, el regreso de esta colección de la Editorial Biblioteca con una obra suya le devuelva a la Vigil lo que es un poco de todos, para alumbrar lo que vendrá.

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