La influencia paterna en los mejores deportistas del mundo. El caso de Jorge Messi, hombre clave en la carrera de Lionel. Y el café que se tomó con un periodista rosarino de policiales que difundió una noticia sobre otro de sus hijos.

Antes de nacer, Mike Tyson fue abandonado por su padre biológico, Purcell Tyson. A los dos años lo abandonó su padrastro, Jimmy Kirkpatrick. Como su madre murió joven, lo crió Cus D’Amato. Primero lo sacó de la calle y luego lo convirtió en campeón mundial de boxeo. LeBron James, otro número uno –pero del básquet–, tampoco llegó a conocer a su papá por el mismo motivo. 

Como contrapartida, están los padres demasiado presentes. Como Earl Woods, padre de Tiger Woods, el mejor golfista de la historia. A los 7 meses ya lo hacía practicar el swing para instalar el movimiento en el subconsciente. Entrenamiento militar (fue coronel estadounidense en Vietnam) para soportar la presión y hasta lo trató “como prisionero de guerra para endurecerlo”.

Exagerada también fue la presencia de Mike Agassi, el “tirano” padre de Andre Agassi, ex número uno del tenis. Máquina tirapelotas (unas 2500 diarias) y crítico eterno de su hijo. Mientras peleaba por su vida, entubado y con serias dificultades para hablar, Mike lo reprendió por una derrota reciente ante Pete Sampras. “Si pudiera se levantaría de la cama y me tiraría al suelo de un puñetazo”, confesó Andre en su autobiografía Open.

También fueron número uno las hermanas Serena y Venus Williams. Su padre Richard Williams fue obsesivo en el entrenamiento de sus hijas, pero con otras maneras. Les retrasó el ingreso al circuito para que tuvieran tiempo de estudio y recreación. Aunque también él fue padre abandónico de otra familia con cinco hijos.

Rafael Nadal vivió con sus padres hasta 2018. “Fui yo la que le propuso ir a vivir juntos y se quedó como… «¿por qué?»”, cuenta Mery Perelló, su esposa. Tenía 31 años y todos los Grand Slam. Sin embargo, la figura fuerte en la carrera del tenista fue la de su tío Toni. Entrenamientos extremos, horas sin beber agua “para que aprendiera a sufrir”, revela en la serie de Netflix Rafa, la que tanto le gustó a Lionel Messi.

El astro rosarino tuvo en su padre Jorge, que murió el sábado pasado a los 68 años, un “papá, amigo y representante”, que “nunca me regalaba muchos elogios”, según lo definió en una conmovedora carta de despedida. Hombre clave en su trayectoria: cuidado excesivo de su imagen, hizo un culto de la privacidad familiar. “El misterio más conocido del planeta”, lo definió alguna vez el escritor Martín Caparrós.

Grande, pa

Jorge Messi fue primero albañil. Aprendió el oficio de su padre Eusebio. Juntos construyeron la casa donde nacieron y se criaron los cuatro hijos que tuvo con Celia Cuccittini. Pasó por las inferiores de Newell’s hasta que le tocó la colimba. Después fue metalúrgico en Acindar. La mutual de la empresa siderúrgica fue la primera que colaboró en el tratamiento que necesitaba Lionel Messi para crecer. Después lo continuó el club del Parque Independencia. Pero también eso se cortó pronto, lo que obligó a Jorge a llevar a su hijo a River.

Las trabas que puso la Lepra por el pase y el desinterés del Millonario por aportar al tratamiento, propiciaron la salida del país. A Barcelona viajó la familia completa, pero pronto quedaron padre e hijo, por falta de adaptación del resto. “A Leo lo dejamos un poco solo”, dice su hermano Matías, con un dejo de tristeza, en el programa de la TV española Informe Robinson.

En el libro Messi íntimo, su autor Ariel Senosiain remarca que Jorge, “invisible y omnipresente a la vez, acompañó cada momento de la trayectoria” de Lionel. Desde las inferiores en la Lepra cuando “le silbaba para activarlo” hasta convertirse en su representante. “A mi hijo y a mí nadie nos toma el pelo”, apuró a los dirigentes catalanes cuando el pase no se hacía. 

Mucho tiempo se creyó erróneamente que fue el propio Jorge quien le hizo llegar un VHS con jugadas de su hijo a Marcelo Bielsa (a través de su ayudante Claudio Vivas) en 2002, meses después de la temprana eliminación del Mundial Corea-Japón. El famoso video que el Loco pidió reproducir en velocidad normal. “Está en velocidad normal”, le respondieron. 

Dos años después, cuando llegó el llamado de la Selección Argentina, Jorge suspiró un “¡por fin!”. Fue para jugar el famoso 8 a 0 ante Paraguay, armado exclusivamente para blindar al rosarino ante el acechante interés del seleccionado español.

Los momentos malos entre ambos no se redujeron a aquellas semanas de soledad e incertidumbre en Barcelona. En 2017, ambos fueron condenados a 21 meses de prisión por fraude fiscal en España. La falta de antecedentes penales y la condena menor a dos años evitaron la cárcel.

El otro Messi

Esta historia le pertenece al periodista Hernán Lascano. La escribió en 2010, en el extinto blog Cinco lucas en el cabarute, un espacio de colegas rosarinos para pensar sobre prácticas del oficio, que tan bien le vendría ahora a canales porteños que sobrevolaron con drones el velorio de Jorge Messi.

En 2008 habían detenido a Matías Messi, hermano de Lío, por portar un arma robada. “Apenas un episodio chico acompañado por un apellido grande”. Pero como sus criterios de noticiabilidad no eran los mismos que los de sus superiores del diario La Capital, Hernán escribió esa nota, y pronto la noticia recorrió el mundo. Días después, Jorge Messi lo llamó por teléfono y le pidió una reunión.

Este fragmento del texto de Lascano podría integrar un manual de periodismo: “Una persona que quiere hablar con un periodista lo único que desea es interactuar con la firma que aparece en el diario. No con el ser de carne y hueso que ese periodista es. Eso es lo mejor para evitar tomarse las cosas personalmente. Lo que yo era entonces o soy ahora a Jorge Messi le interesa tanto como los malvoncitos de la casa de mi vieja”. 

Se reunieron en un bar de San Luis y Suipacha. “En este tipo de laburo –me dice ahora el cronista de policiales– uno se acostumbra a los bifes. No fui preocupado ni con temor”. En su nota del blog recordó que “estaba resuelto a no dejarme conmover por la sobrenatural admiración y curiosidad que siento por su hijo futbolista”. Aunque, aclaraba, “él venía a hablarme del otro hijo”.

La conversación fue tan “normal”, ni cordial ni hostil, que –escribió– “no tuve tiempo de que me cayera ni bien ni mal”. Lo recordó algo molesto con Maradona, recién asumido DT de la Selección, porque había dicho aquello de «Mascherano y diez más», como ninguneando a su nene.

Después fueron al asunto que los convocaba. Jorge le contó a Hernán que la familia estaba creando una fundación y temía que lo ocurrido con Matías salpicara la imagen de Lionel. Y sólo le pidió que, de haber otra publicación, le dieran “la chance de responder alguna cosa”.

En 2015 hubo un episodio similar, que obligó a Matías a realizar tareas comunitarias en el Club Deportivo Leones que hoy preside: una SAD encubierta propiedad de la familia, cuyos integrantes (hermana, hijo, abogado, etc.) están repartidos en cargos de comisión directiva. Y en 2017 chocó con su lancha. Sangre y, otra vez, arma ilegal.

“Me comuniqué con los contactos que él me dejó por si ocurría alguna otra situación, no sólo con Matías sino con alguien del entorno Messi, y no me respondió nadie”, cuenta ahora Lascano, y reconoce: “A medida que pasaban los años, el apellido Messi era más importante, es comprensible que puedan ni siquiera haber ubicado quién era la persona que les mandaba un texto”.

Aquella charla de bar duró unos 10 minutos. Y Hernán pagó el café.

Publicado en el semanario El Eslabón del 15/8/26

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