Son organizaciones sociales que trabajan en los territorios, con una perspectiva de derechos y de justicia social; lo hacen con experiencias en las que el hacer colectivo es también una oportunidad para enriquecerse como comunidad. Se reconocen en el Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (Ceaal). A principios de agosto el Colectivo Argentino de este consejo se reunió en Rosario. La urgencia por fortalecer la tarea solidaria, una de las conclusiones de ese encuentro.

El Ceaal se presenta como “un movimiento de educación popular, que como red, actúa y acompaña procesos de transformación educativa, social, política, cultural y económica, de las sociedades latinoamericanas y del Caribe”. Que trabaja “en escenarios locales, nacionales y regionales, en diálogo con el mundo, a favor de la soberanía e integración de los pueblos, la justicia social y la democracia” y siempre desde “las perspectivas de los derechos humanos, la equidad de género, la interculturalidad crítica y una opción ética, pedagógica y política emancipadora”. 

Con esas premisas se mueven las organizaciones que se dieron cita el 6 y 7 de agosto en el Museo de la Ciudad de Rosario “Wladimir Mijielievich”. Allí estuvieron referentas y referentes de la Asociación Ecuménica de Cuyo (Mendoza); Canoa Hábitat Popular y Acción Educativa, de Santa Fe; Pañuelos en Rebeldía de Buenos Aires y Rosario; el Centro de Educación Popular de la Universidad de Jujuy y Nodo Tau, la organización rosarina anfitriona del encuentro nacional y que recientemente se sumó al Ceaal.

Compartir las experiencias llevadas adelante por las organizaciones sociales durante la pandemia, ponerlas en común y recuperar las estrategias que dejaron a la vista son algunas de las tareas que se dieron en ese encuentro. El saldo que deja es más que enriquecedor, fortalece la línea de trabajo cooperativo, solidario y apoyado siempre en la perspectiva de los derechos. Las afirmaciones las comparten con El Eslabón tres referentas del Ceaal que participaron de esa reunión. 

Carolina Fernández participa de Nodo Tau, una organización social cumple 27 años en octubre próximo que trabaja con las tecnologías y los sectores populares, siempre en diferentes proyectos y actividades. Pero destaca siempre con un eje constante que es el espacio de taller. La aclaración la hace para resaltar que esa forma de abordar las iniciativas les permiten construir nuevos saberes, desde la mirada de la educación popular, donde los aprendizajes tienen que ver con la concientización y la participación.

“Desde ese lugar pensamos las tecnologías, no solo para apropiarnos de un modelo hegemónico sino para pensar el para qué las usamos, en qué mejoran la vida, cómo nos sirven en esta comunidad. Y esa problematización la hemos hecho siempre desde los espacios de taller”, expresa.

Esa mirada puesta en el hacer ha mantenido una cercanía de Nodo Tau con los ideales de trabajo del Ceaal. “Siempre valoramos mucho lo que hacen para nutrirnos”, dice Fernández y repasa que en la pandemia comenzaron a participar de las reuniones virtuales del Consejo, del que desde este año ya forman parte. Destaca que este primer encuentro presencial se haya concretado en Rosario y lo sintetiza como un espacio de “enriquecimiento mutuo para construir nuevos saberes”. “Fue de mucha reflexión, de compartir preocupaciones y luchas. Fue movilizador”, afirma.

Nodo Tau cursó a las organizaciones presentes la invitación a recorrer la planta de reciclado de residuos electrónicos que tiene en el noroeste de la ciudad, “que viene trabajando con el Santa Fe Más, y que se inició con el Nueva Oportunidad”, dice Fernández de los programas provinciales que apoyan estas iniciativas. 

En el encuentro de Rosario, uno de los temas centrales señala fue cómo trabajaron las organizaciones sociales en la pandemia, las dificultades comunes con las que se encontraron y lo que viene por delante. “Me quedó resonando cómo la pandemia profundizó las violencias en nuestros cuerpos y territorios, pero también cómo solidarizarnos y preguntarnos dónde hay que estar para acompañar a las organizaciones que las denuncian. Eso es algo que nos convoca”, expresa.

Entre otras conclusiones que comparte, reconoce que en este tiempo de aislamiento por la pandemia se fueron dando procesos de construcciones colectivas, en tanto “experiencias político pedagógicas” necesarias de recuperar. “Desde Nodo Tau seguimos construyendo colectividad con los jóvenes, seguimos con los talleres. Recuperar esto es reconocer los procesos colectivos que se fueron dando más allá de la pandemia y que construyen otras posibilidades”, rescata.

Vivir con dignidad

Sandra Gallo integra Canoa Hábitat Popular, una organización social “que lleva 35 años trabajando con los barrios de sectores populares de Santa Fe (ciudad) y con la «zona de la costa», tal como la presenta. 

Gallo se explaya sobre la idea de hábitat, para decir que lo entienden “como un derecho a vivir dignamente”. Habla de un espacio físico que va más allá de lo territorial, que implica “una dinámica participativa, activa y comprometida”. Y que también se desarrolla “desde la dimensión de los feminismos: el espacio que habitamos tiene que tener una distribución más igualitaria entre mujeres, niñes, personas adultas. Una apropiación del espacio para la vida”.

Sandra Gallo estuvo en el encuentro del Ceaal en Rosario, en el cual expuso como preocupación común cómo el tiempo de aislamiento en la pandemia profundizó “ciertas cuestiones de las subjetividades individuales y colectivas”. La referencia la hace a la agudización de la búsqueda de salidas individuales por sobre lo colectivo, una tarea difícil sobre la que habrá que seguir dando pelea. 

Una de las certezas que les dejó el tiempo de distanciamiento fue el de “recuperar las estrategias de comunicación comunitaria y popular. Aquellas como “una herramienta que habilita y también es de disputa política”. Para graficar al eje que apunta, pone como ejemplo la discusión mediática centrada en el aumento o no del dólar, como cuestiones alejadas de la realidad de los sectores más vulnerados pero que a la vez impactan fuertemente en la vida de las personas. 

“Fue muy importante encontrarnos. Nos propusimos profundizar el análisis de la realidad y buscar puntos convergentes para pensarnos juntes”, rescata del encuentro en Rosario. Para la referenta de Canoa Hábitat Popular, otra de las valoraciones que deja esa reunión es la de recuperar de esa puesta en común, “una propuesta metodológica de construcción, que sea una herramienta creada de nuestra propia práctica de educación popular, para poder llevarla a los territorios en los que trabajamos”.

El acento en los DDHH

María Rosa Goldar pertenece a la Asociación Ecuménica de Cuyo más conocida por la sigla FEC por Fundación Ecuménica de Cuyo, que forma parte del Ceaal desde hace más de 20 años. “Siempre trabajamos articuladamente en el campo de los derechos humanos, la educación popular, la formación, el trabajo territorial, y en Memoria, Verdad y Justicia”, amplía refiriéndose al campo de acción en el que se mueve la organización mendocina, que este año cumple 50 años. En ese detalle, agrega que el acento de esa labor está en las y los jóvenes, en las mujeres y en las personas migrantes.

De la cita dada en Rosario, celebra la incorporación de Nodo Tau al Ceaal Argentina y destaca que fue un encuentro muy motivador, en especial por la oportunidad de verse cara a cara luego de la pandemia. Asegura que es a partir de las conversaciones dadas en la reunión local que pudieron hacer lecturas de lo que ha significado la pandemia para la vida diaria de los sectores populares, cómo se hicieron más visibles las condiciones de desigualdad y los desafíos que se abrieron.

“Las organizaciones sociales fueron las que permitieron en los territorios dar continuidad literalmente a la vida en ese contexto”, afirma la referenta de Mendoza en relación a la tarea asumida en la pandemia, pero también para alertar de la necesidad de un trabajo común y solidario de las organizaciones que integran el Ceaal de Argentina.

Golder reconoce las fuertes dificultades que tienen las organizaciones en ciertas provincias “para enfrentar lo que es la criminalización de la acción organizada”. “En ese sentido, planteamos como líneas en común para estos próximos años, estrechar lazos de solidaridad entre las organizaciones sociales, otros colectivos y movimientos que no pertenecen a Ceaal, para cuerpar las luchas sociales en función de una vida más justa y digna para todas y todos”.

Otra de las metas que destaca al igual que las dos compañeras de Santa Fe es la recuperación de las experiencias organizativas en la pandemia, “y poder avanzar en metodologías con perspectiva feminista, antirracial y de educación popular para trabajar en el territorio”. Así como también atender a la formación de las y los militantes populares, como puede ser la creación de una Escuela Feminista en articulación con el Ceaal. 

No quedan afuera de estos retos de trabajo en común que menciona la incidencia de la educación popular en las políticas educativas, en especial en lo referido a personas jóvenes y adultas; la recuperación de la economía solidaria y el trabajo contra las múltiples violencias, de manera de promover otras formas de vínculos.

María Rosa Goldar destaca el legado del educador brasileño Paulo Freire como inspiración de todo lo que encaran como parte del Consejo: “El Ceaal piensa en una educación que coloque a la vida en el centro, y no que sea para un sistema que reproduce y genera desigualdades. Una escuela que enseñe y aprenda a reconocer saberes que se dan en otros espacios. Nosotros reivindicamos la vida en un carácter integral, en carácter armónico con la Madre Tierra, en el Buen Vivir de los pueblos originarios”.

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