La defensa de los humedales trasladó sus reclamos al Congreso. El objetivo es lograr “no cualquier ley” y fortalecer un movimiento popular que crece y brega por transformaciones profundas.

El reinicio del debate en el Congreso de una ley que los contemple y los proteja reaviva el estado de alerta y movilización de los humedales de la Argentina y quienes los acompañan desde el ecosistema sociohumano en la puja por lograr ese objetivo. La “personalización” de los humedales a la que se apela en el primer párrafo es tan descabellada en términos de racionalidad científica y periodística, como válida para intentar narrar el espíritu del planteo de muchos y muchas que vienen haciendo todo lo humanamente posible para contar con el marco legal reclamado, al que inscriben en el marco de una causa mucho más amplia: “un sistema de organización de vida que no tenga en cuenta solamente a los seres humanos”.

La síntesis que se cita para intentar expresar el sentido de la intensa y constante movida multisectorial de los últimos años en favor de los humedales no corresponde a ninguno de sus protagonistas locales –devenidos referencia nacional–, que este último jueves trasladaron el escenario de su reclamo a la sede del Congreso en Buenos Aires. Fue un vicepresidente de un país, David Choquehaunca, quien la pronunció, nuevamente, en estos días y en el marco de una gira por plena Europa, en la que no se presenta solamente desde esa investidura institucional: “Yo vengo del Abya Yala porque nosotros tenemos que empezar a hablar con identidad propia”, sitúa. Y explica: que “en el Abya Yala no había fronteras ni banderas nacionales que nos dividan, se trabajaba siempre la armonía, la esperanza”. De origen aimara igual que Evo Morales, el otro gran referente de la fuerza política que hoy gobierna Bolivia, Choquehuanca reafirma: “Todos los que nos alimentamos con la leche de la Madre Tierra, que es el agua, somos hermanos y necesitamos trabajar como hermanos”.

La prédica aimara y de tantos otros pueblos originarios comienza a fungir de guía de humedales y multisectoriales que bregan por nuevas leyes y hasta de impulsores y autores de leyes ya aprobadas: “La nueva Ley de Educación Ambiental Integral que se aprobó el año pasado toma el Manifiesto por la Vida y el concepto del buen vivir de los pueblos originarios para recuperar la relación con la naturaleza”, remarca –a modo de ejemplo y señal de coincidencia con la mención al vice boliviano– Vanina Landra, trabajadora de la educación y activa participante de las movidas de los últimos años en Rosario. “Se cambia la perspectiva socioambiental –añade–: ya no se habla de medio ambiente sino de ambiente, que no se puede pensar sin los aspectos culturales, sociales, económicos; ya no se habla de recursos naturales, se habla de bienes comunes con lo que eso implica a nivel de derechos; no se habla de desarrollo sostenible sino de una ética sustentable”.

“En relación al ambiente hay mucho definido en lógicas comerciales; y esto es lo que viene a cambiar la perspectiva socioambiental. Por eso se recupera la cosmovisión de los pueblos originarios, por su relación con la naturaleza”, completa Landra, que también coincide con otras consideraciones que se le comparten, como la de emparentar el movimiento ambientalista con otros como el feminista, signados por la convicción y la amplitud de convocatoria necesarias para exponer y revertir paradigmas hasta no hace mucho casi incuestionables.

En este sentido, sirve volver a Choquehuanca y sus expresiones del 18 de septiembre pasado en Ostende, Bélgica, en el marco del festival político Manifiesta: “Estamos diciendo que queremos volver al camino de la unidad del equilibrio, de la complementariedad”, explicó, según lo difundido por la Agencia Boliviana de Información (ABI).

“Por eso decimos que nuestra lucha va más allá del capitalismo y del socialismo, lo más importante es la vida, es el retorno al equilibrio de la vida, de la complementariedad, del consenso, de la armonía y de la paz”, continuó. “Tenemos que aprender a caminar con respeto. Necesitamos aprender a hablar con medida, a amar con medida, lo que buscamos es el respeto porque todos somos semejantes y todos somos diferentes al mismo tiempo. Necesitamos volver a la comunidad y descolonizar la mente. Necesitamos una hermandad mundial contra los depredadores de la Madre Tierra, necesitamos construir una hermandad mundial para salvar la vida. Para nosotros los de la cultura de la vida, lo más importante es la vida”, abundó el referente surgido del sindicalismo campesino y el Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia, fuerzas donde lo místico no quita lo político y no faltaron ni faltan debates internos ni disposición para pelear hasta la muerte para que no los devoren los de afuera.

Foto: Télam

Tampoco faltaron ni faltan debates y algunos recelos entre quienes la vienen remando en defensa de los humedales, pero también prevalecen en ese colectivo la firmeza y la paciencia suficientes para ir aislando a arribistas que lo quieren subordinar a intereses distintos y conteniendo y encauzando a adherentes menos conscientes de la importancia de lo que está en juego y la profundidad de las transformaciones que se impulsan.

Por lo pronto, todo suma al propósito inmediato. Porque aunque no se trata sólo de eso, lograr una ley de humedales que no sea cualquier ley sino la acordada al calor de las movilizaciones, fortalecería a la multiplicidad de organizaciones locales señeras en la temática ambiental, cuyos posicionamientos y acciones se amplificaron en los últimos años gracias a la desgracia del intenso y sostenido impacto en el aire de Rosario de la quema de pastizales de las islas.

En este caso, en lugar de operar como cortina, el humo hizo más visible el movimiento ecologista, sobre el que autoridades y grandes medios de comunicación posaron su mirada, lo que implica beneficios en términos de difusión pero también riesgos de banalización y simplificación de un proceso complejo y con muchos aspectos conflictivos y contradictorios por resolver y redefinir. El mismo gobierno boliviano que propone hermandad contra los depredadores de la Madre Tierra tiene entre sus principales fuentes de ingresos económicos lo recaudado de las grandes empresas que extraen de su territorio bienes comunes como gas y petróleo. Además, Bolivia es uno de los países del mundo con más yacimientos de litio, el mineral estrella de estos tiempos, también abundante en la Argentina y presente sobre todo en salares, que forman parte de los humedales cuya protección se está discutiendo.

De hecho, el sector de la minería es uno de los que más presiona para evitar una ley que sea “cualquier ley”. Y lo hace con el apoyo de provincias que, como Bolivia, se nutren económicamente de los dividendos de esa actividad. También la agroindustria y los desarrolladores inmobiliarios presionan fuerte en el mismo sentido que la minería, haciendo hincapié en las consecuencias negativas de la ley para actividades generadoras de divisas y empleo, tan necesarias hoy en un país con índices de pobreza alarmantes.

Así, se apunta a instalar lo de “economía o cuidado del ambiente” como una dicotomía insalvable, del tipo de aquella “economía o salud” que el gobierno nacional planteó en los inicios de la pandemia.

Así, la tarea principal de los humedales y sus defensores parece ser neutralizar reduccionismos de ese tipo, insistiendo en el ejercicio de poner el debate puntual en el marco del desafío mayor, aquel de avanzar hacia el “nuevo sistema” que vocean líderes como Choquehuanca, asumiendo lo que se expresa en el Manifiesto por la Vida por una Ética para la Sustentabilidad, que en su primer punto recuerda que “la crisis ambiental es una crisis de civilización. Es la crisis de un modelo económico, tecnológico y cultural que ha depredado la naturaleza y negado a las culturas alternas. El modelo civilizatorio dominante degrada el ambiente, subvalora la diversidad cultural y desconoce al Otro (al indígena, al pobre, a la mujer, al negro, al Sur) mientras privilegia un modo de producción y un estilo de vida insustentables que se han vuelto hegemónicos en el proceso de globalización”.

Debate en cuarto intermedio

Un plenario de comisiones de la Cámara de Diputados de la Nación significó el reinicio, el último jueves, del debate en el Congreso de una Ley de Humedales, reclamada hace años por diversas organizaciones ecologistas. En esa reciente reunión de las comisiones de Recursos Naturales, Agricultura y Presupuesto, se barajaron una decena de proyectos, pero tras varias horas de debate, la decisión fue pasar a un cuarto intermedio hasta el próximo jueves a las 10, para pasar a la firma el dictamen que habilite el tratamiento en el recinto de sesiones.

“Para poder construir un dictamen del mayor nivel de acuerdo posible y coincidiendo todos en la necesidad de que este Congreso dictamine y tenga a bien poder lograr la media sanción que nos corresponde, hemos acordado que los bloques van a ir arrimando durante el transcurso de estos días propuestas concretas de modificaciones o sugerencias a los proyectos que estamos discutiendo”, explicó el presidente de la comisión de Recursos Naturales de la cámara baja, Leonardo Grosso, impulsor de la iniciativa que cuenta con el respaldo de centenares de organizaciones entre las que se cuentan las de Rosario y alrededores, que se hicieron sentir con una manifestación frente a la sede del Congreso mientras los diputados y diputadas exponían sus posturas.

También viajaron a Buenos Aires el jueves el intendente de Rosario, Pablo Javkin, y su par de Villa Constitución, Jorge Berti, quienes estuvieron en el salón donde se llevó a cabo la reunión.

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