En septiembre de 1999, cuando este periódico empezó a jugar su papel en la calle, también era previa de elecciones, aunque presidenciales. El vencedor de esa compulsa, igual que el actual mandatario, llegó a su primer año y medio de mandato con un desgaste enorme, entre cuyas causas resaltó un escándalo de corrupción al que, tal como pasa ahora con Spagnulo, quedó asociado un apellido, Pontaquarto; y una palabra, arrepentido, en la que nos permitimos enfocar a esta altura de nuestro andar periodístico, a 26 años de nuestra primera edición.

Acá asumimos errores, malos pasos, deficiencias; y tratamos de aprender todos los días cómo mejorar lo que hacemos, de adaptar nuestra producción y desarrollo a los cambios tecnológicos. 

Revisar planes y acciones es una práctica incorporada desde la cuna, acorde a nuestro modo de organización. Somos trabajadoras y trabajadores autogestionados, sin patrón; pero con patrones ideológicos comunes que fungen de brújula, aún en medio de las más bravas tormentas, que no fueron pocas en estas casi tres décadas.

Ante este vendaval de ahora, ante tanta ráfaga diabólica infiltrada, distinguimos fuerzas que nos llegan del cielo y de la tierra para empujarnos hacia el mismo Norte de siempre.  

Las compañeras y compañeros de rumbo que ya no están soplan desde arriba con Juane Basso, uno de nuestros fundadores, el mejor de los nuestros. Por acá abajo, ante tanta tranfugueada y sometimiento a los nuevos patrones de la histórica explotación de la clase trabajadora, nosotros, con el aventón cotidiano de tantas y tantos que reman para el mismo lado, insistimos con lo de sostener nuestro papel en favor del amor y la igualdad, de la justicia social, de una comunidad organizada para el buen vivir.

Y de lo único que estamos arrepentidos es de no haber hecho más en ese sentido.

Publicado en el semanario El Eslabón del 06/09/25

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