A la hora de abordar la información sobre la política provincial de seguridad y los proyectos legislativos que el Ejecutivo alienta en estos días, es menester expresar que desde acá se siente que las personas nunca dejan de ser personas. Y que aunque delincan o cometan acciones que se aborrecen, tienen derechos a los que merecen acceder en tanto personas y que se establecieron a través de normas de similar y hasta superior rango de las que definen y sancionan las conductas delictivas. 

Es por esto que se lamenta y repudia tanto empeño por descalificar y violentar estos derechos, como el que se puede apreciar en el gobierno encabezado por Maximiliano Pullaro y en legisladoras y legisladores de las bancadas oficialistas y también de otros signos partidarios. Desde acá preocupa que abunde la soberbia de desconocer que toda conducta es humana al fin, que lo bueno o malo son las conductas, no los humanos y humanas y sus derechos.

Desde acá se siente que todas las personas nacen con la misma inocencia. Y que crecen en condiciones que inciden en sus distintas conductas, que varían con el transcurso del tiempo. Y no es que no haya plena conciencia de lo que se siente ante actos cuyas consecuencias duelen profundamente y provocan mucha bronca. Es sólo que también se asume que no hay quien nunca haya tenido o pueda tener conductas y actitudes que afecten a otros y otras del mismo modo. Así de complejas suelen ser algunas problemáticas y los debates sobre cómo saldarlas.

Pero lo que en cualquier caso desde acá prevalece y congrega es el anhelo de convivir con todo lo que vive en derredor en paz y armonía, de sostener el amor y la igualdad como sentimiento y entidad que están, que existen, que son fuente de felicidad. Y que debieran ser ley suprema para medir lo justo y atinado de toda nueva ley que se proponga, más aún cuando de penas se trata. 

Desde acá se cree que las penas deben y pueden ser cada vez menos, que todas las conductas deben y pueden mejorar, que la inocencia que se mata va a renacer, que el dolor y la injusticia no son eternos.

Publicado en el semanario El Eslabón del 30/5/26

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