Desde la Fundación EOS para la infancia y la juventud remarcan el daño que provoca un gobierno que se dedica pura y exclusivamente a romper lazos sociales. “Cuando uno no ve al semejante deja de verse a sí mismo, y se pierde”.
La Fundación EOS (Encuentro de Organizaciones y Saberes) para la infancia y la juventud se presenta como “una Organización de la Sociedad Civil que promueve, coordina, desarrolla y difunde acciones a favor del cumplimiento de los Derechos Humanos y los Derechos del Niño”. Mariel Vallasciani es psicóloga y preside este espacio que nació en 2014 pero que tiene como antecedente a la Asociación Engranajes que funcionaba en Villa Constitución.
“Nos constituimos en Rosario siguiendo nuestra participación regional y nacional desde el Movimiento Chicos del Pueblo. Hoy continuamos además como miembros de la Mesa de Articulación de Niñez y Adolescencia junto a casi 200 organizaciones de todo el país”, repasa Mariel, y agrega: “Lo propusimos como un espacio de encuentro entre organizaciones sociales porque veíamos que había muchas organizaciones barriales que no llegaban a poder constituirse en personería jurídica por la cantidad de costos y exigencias y resolvimos hacerlo de manera conjunta y bajo una sola persona jurídica”.
“Siempre trabajamos mucho con lo que es infancia y juventud, y obviamente que eso atraviesa absolutamente todo: salud mental, derechos humanos, educación popular. Sabemos que para trabajar con infancias tenés que fortalecer los lazos primarios, los lazos familiares, y con las compañeras y compañeros referentes barriales siempre estuvimos muy atentos a lo que iba sucediendo en los barrios”, añade.
En cuanto al contexto actual, con un gobierno que se dedica a atacar a las barriadas, a las pibas y pibes, que se obsesionó desde un principio con la baja de imputabilidad, que promueve discursos de mucho odio, que tiene como otro de sus blancos predilectos a la cultura y a lo simbólico, y que pone todas sus energías en cercenar derechos, Vallasciani señala: “Estamos atravesando un momento bastante complejo porque no solamente es un Estado ausente, es un Gobierno –o un desgobierno, mejor dicho– que está destruyendo no solamente la parte económica, sino que pega mucho en lo social y en lo individual, que se dedica a destruir derechos y a hacer perder el eje de cómo se conformaba la sociedad”.
“Ese famoso sálvese quién pueda de los noventa –continúa– empezó a tener mucha más potencia en este momento a través de una política de odio, de resentimientos y de no ver al otro como semejante. Y eso llega y nos ha afectado mucho a muchas organizaciones, por eso decimos que hoy por hoy estamos tratando de empezar desde los cimientos porque vienen arrasando con todo. Se han apropiado de las palabras y han logrado que no tengan sentido”.
“La degradación de la palabra del otro es tal que no hay bases para generar una confianza entre uno y otro. No se ve al otro como semejante. Y cuando decimos uno no ve a al semejante deja de verse a uno mismo y se pierde. Venimos trabajando sobre esa forma de subjetivación porque lo simbólico ya se hizo añicos y vos, sin ese eje simbólico, te enfrentás a una realidad que muchas veces es inventada desde los espacios de poder y es asimilada sin repregunta alguna”. remarca.
Desarma y sangra
La Negra, que así es como se la conoce a Mariel, hace hincapié en la importancia de consolidar espacios, de reagrupar, de promover encuentros, de estar atentos a las pibas y los pibes que están muy solos y vulnerables, que no encuentran con quién hablar, alguien que los escuche y les genere confianza y un horizonte con posibilidades para todas y todos.
“Estamos trabajando más que nada en poder armar grupos porque en lo colectivo, aquello que considerábamos que era nuestro eje, estamos unos escaloncitos más abajo. Lo urgente es que cada niño pueda creer en el otro porque si no hay una creencia en el otro, no hay posibilidad ninguna de aprendizaje y mucho menos de poder ver hacia el futuro. Empezar a creer en el otro es, desde ya, cumplir las promesas que se hacen”.
Y continúa: “Son cosas muy simples, el hecho de estar, de esperar, de cuidar, por más que haya rechazo o que haya mucha desconfianza. Porque se está dando en edades muy chicas que hay como una coraza que impide poder vincularte con el otro. Desde el lugar de los adultos, desde el lugar de los educadores, tenemos que empezar a construir en forma conjunta la posibilidad de que haya alguien en quien creer, alguien que sabés que va a estar, y desde ahí poder ir armando esa vinculación con sus padres, ir viendo cómo el grupo se va cuidando a sí mismo y qué interacciones se dan. Y recuperar la importancia de esa gran palabra que es la lealtad porque cuando se empieza a dar en un grupo la lealtad, eso te da esperanza de que todo puede ir cambiando”.

Hoy por hoy, la Fundación EOS está trabajando en barrio La Sexta y en el centro. “El desarraigo de los barrios a veces lleva a los chicos y chicas a habitar la calle y el centro es un lugar de muchos desarraigos. Trabajamos mucho con los compañeros de ese universo mágico que es La Toma, dando talleres y capacitaciones. Empezamos con un grupo muy especial y es realmente muy esperanzador porque el grupo estaba conformado por adolescentes que venían de alguna que otra intervención de Niñez, con un grupo grande de la comunidad LGTBI y con usuarios de salud mental. La excusa son los talleres, en los que uno va aprendiendo a hacer, pero desde ahí se trabajan un montón de vinculaciones”. “Algunas chicas trans nos decían que para ellas fue muy valioso poder ver que se habían mancomunado y que se cuidaban más allá de lo que es la comunidad en sí, que poder trabajar con los chicos de Niñez y con usuarios de salud mental les había formado otra visión más grande de cómo se pueden enfrentar las realidades, que son realmente difíciles, conociendo cómo las atraviesan los demás y formando parte de eso también, de ese resistir y de ese pensarse juntos para hacer. Ahí empezamos y seguimos con el taller de entrenamiento actoral que ya lleva tres obras estrenadas”, subraya.
Mariel agrega: “Después tenemos desde hace seis años la huerta agroecológica, que tiene también aromáticas, y que fue otra experiencia maravillosa de poder abrir porque después del conflicto con las tierras tomadas de la Universidad es como que se pudo cruzar una frontera que en un momento parecía infranqueable. La huerta está en la Siberia, detrás de la facultad de Ciencias Sociales, y la estamos trabajando con referentes del barrio, con algunos apoyos técnicos de ingenieros agrónomos que nos da la propia Universidad, y en conjunto con la escuela secundaria que es muy nuevita y a la que van ingresando muchos chicos que son del barrio también”.
En ese sentido, añade que “también estamos con un laboratorio y estudio de grabación musical donde se han creado cosas maravillosas. Con esta situación tan adversa, a todas las organizaciones sociales nos falta muchísimo y venimos remándola porque es una pesadilla lo que se viene atravesando. Pero ahí estamos, tratando de resistir y de poner luz, de pensar que realmente se puede construir un futuro distinto”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 11/4/26
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