De la épica (otra más) victoria ante Inglaterra, a la final del domingo ante España. La bandera de Malvinas que jamás olvidaré ¿Será el último concierto de Messi?
Si el popular cantito dice que «el que no salta es un inglés», Lautaro Martínez se eleva, minuto 92, y pone la frente. El premio por ese gol ante Inglaterra en tiempo de descuento fue el pasaje a la final, este domingo a las 16 ante España. “Desde la primera vez que mi viejo me compró un par de botines siempre soñé con hacer este gol”, recordó este miércoles, apenas terminado el partido, ante el primer micrófono que le pusieron adelante.
El club donde estrenó esos botines fue Liniers, de Bahía Blanca. Allí, cuenta Ezequiel Bilder en el libro Semilleros, el delantero también se ganaba sus premios: “Podían consistir en una ronda de gaseosas para el equipo o la promesa de que alguien de la Comisión llegara al primer entrenamiento de la semana con cubanitos rellenos con dulce de leche, símbolo de la identidad bahiense”.
Si algo de épica se le podía agregar a las remontadas de la Selección Argentina en este Mundial 2026, era que el rival fuese Inglaterra. Un primer tiempo digno de un primer round, en el que los rivales se estudian y casi no sueltan las manos. En el inicio del segundo, golpe y a la lona. Conteo muy breve y arriba de nuevo. A pelearla y a jugar. Cuando la campana o el pitazo apremian, aparecen dos golpes certeros. Si primero hay que saber sufrir, después también.
“Es sólo fútbol, y punto”, avisó Diego Maradona antes del cruce de 1986, con la guerra de Malvinas aún latente. Lo mismo respondió ahora Lionel Scaloni. Ambos sabían que en la cancha de lo simbólico se jugaba algo más. Las estrofas populares («Por Malvinas» dice el cantito actual; «por los pibes de Malvinas» el del Mundial anterior), que se entonan en estadios, plazas y monumentos, y en el vestuario de los jugadores, así lo entienden.
Y ya lo ve
Curiosamente Jorge Luis Borges, a quien se acusaba de antipatria, chicaneó a los futboleros argentinos por apasionarse de una costumbre inglesa. “Es raro observar que siendo Inglaterra un país generalmente odiado, nunca se haya usado ese argumento en su contra, como país generador de deportes puramente físicos”, le respondió al DT César Luis Menotti días después del Mundial 78.
Aunque el fútbol que inventaron los ingleses se parece cada vez menos al actual. Se termina un mundial de tecnología exagerada. Al fuera de juego semiautomático (con el que el VAR reemplaza la labor de los jueces de línea) se le suma ahora un chip en la pelota tan sensible que denunció a un jugador croata adelantado por un pelo (literal). El delay de bandera, la revisión de un gol por falta previa, y más.

Pero no siempre la tecnología ayuda. Una pelota que da en un cable (el que sostiene una cámara aérea) y favorece a Inglaterra ante Noruega. Y la novedad: el árbitro/cameraman que se mete en el medio de las jugadas para filmarlas de cerca, sin importar la obstrucción del juego.
«Hasta siempre, señor árbitro», comienza el cuento La columna tecnológica. Fútbol y ciencia, publicado en 1990, en el que Roberto Fontanarrosa anticipa algunas situaciones del fútbol actual. Cuando las decisiones de los hombres de negro (entre varios otros colores) favorecen a la Argentina, medios ingleses y españoles hablan de “amaño”. Los otros errores, como los que beneficiaron a sus seleccionados, son “polémicas”.
Banderas en tu corazón
El duelo de semifinales se dio justo en la semana que murió Antonio Rattín, emblema de Boca y la Selección. Lo expulsaron ante Inglaterra en el Mundial del 66, y por él se inventaron las tarjetas roja y amarilla. En redes sociales, muchos le resaltaron su patriotismo por estrujar aquella vez el banderín británico. Otros siguieron recreando como cierto lo de la alfombra roja de la reina y los chocolates aireados que le arrojaban.
Pero Rattín, aunque nos pese y se desbarate esa linda historia, era probritánico. Se lo confesó al periodista Chris Taylor en su libro The Beautiful Game: “Qué lástima que no fuimos ingleses. Nunca tendríamos que haber peleado contra las invasiones” de 1806 y 1807. A su admiración por la corona se le suma su CV en política: fue diputado nacional por el espacio que lideraba el ex comisario Luis Abelardo Patti, condenado por delitos de lesa humanidad.
El gobierno nacional, que lanzó una campaña para adueñarse de la Selección y contraponerla con el kirchnerismo, tuvo la mala fortuna del cruce con Inglaterra. A la admiración sin tapujos del presidente Milei a Margaret Thatcher se sumó en la semana el pedido de la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva para que hinchas no ingresen al estadio de Atlanta (Georgia, Estados Unidos) con banderas o mensajes alusivos a Malvinas. “Es contenido político”, argumentó.
“La funcionaria se dio un tiro en los dos pies. Su actitud cipaya, colonizada, sólo es posible con un gobierno como el de Javier Milei”, escribió el periodista Gustavo Veiga, en referencia a la bandera (una sábana de hotel pintada con aerosol) que pasó de la tribuna a la cancha y que recordaba: “Las Malvinas son argentinas”.

La exhibieron varios jugadores. El ex Rosario Central Giovani Lo Celso la desplegó sobre el césped para que el mensaje quede claro, pese a los esfuerzos de la transmisión oficial por ocultarla. Y aunque no le guste al propio Milei, que después del partido y de esa bandera pidió “no mezclar las cosas” y cuestionó el “patrioterismo barato”, prefiero lo que dijo Omar De Felippe, ex combatiente y con pasado como DT de Newell’s: “El deporte nunca cambia la historia, pero a veces ayuda a sanar emociones que siguen muy vivas”.
Paradojas del destino y del calendario, el día después el oficialismo intentó en el Senado votar la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, con la que busca eliminar restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros. Hubo quórum para el debate, pero faltaron votos. No fue sólo un partido.
¿El último baile?
“Era una victoria que el pueblo argentino quería”, declaró Lionel Messi. Me gusta cuando se habla de «pueblo» y no de «gente». El capitán también le regaló el triunfo al que “la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes, que la vive peleando”.
No abundaron las preguntas sobre la bandera. En la conferencia de prensa de Lionel Scaloni, por ejemplo, ningún periodista se la mencionó. Una pena.

El domingo a las 16 jugarán Argentina y España. Esta es la verdadera finalísima, nada que ver con la que se suspendió en Qatar por la guerra cercana. Aunque me cueste escribirlo, es probable que sea el último partido de Messi con la camiseta de la Selección. “¿Qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo”, le había dicho el Indio Solari en un audio que luego no se animó a enviarle.
En la víspera a un recital con los Fundamentalistas, al Indio le deslizaron la posibilidad de que ese, el del día siguiente, sea su último recital. “Bueno… festejemos”, devolvió.

Publicado en el semanario El Eslabón del 18/7/26
¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por diez mil pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario de papel de El Eslabón o la versión web elesla.com. Además participás de sorteos y descuentos en comercios amigos. Para suscribirte, envianos un mensaje por Whatsapp.


