Cartel irónico:

Por Jorge Liporace. Madame M., como se la conoce en los medios franceses por estos días, es una muchacha ecuatoriana que ronda los 30 años y que llegó a París en el año 2002 para intentar ganarse la vida dignamente y ahorrar, de paso, un poco de dinero.

Trabaja haciendo la limpieza en departamentos de particulares y vivió en el anonimato total que impone la condición de inmigrante sin papeles hasta que en el mes de julio de este año se presentó, como hace todo el mundo, a la prefectura del 5to distrito municipal de la capital francesa para inscribir a su hijo en el actual curso escolar.

Mientras rellenaba papeles, el empleado que la atendía le preguntó si tenía permiso de residencia en el país. La pregunta, hecha al pasar, es totalmente improcedente en los trámites de inscripción escolar. Madame M. respondió, contrariada, con la verdad. No tengo permiso de residencia, dijo, luego rellenó un par de formularios y se marchó.

A finales del mes de agosto Madame M. recibió una convocatoria de la Policía Nacional para que se presentase en la comisaría del distrito, luego, una segunda convocatoria datada para el pasado 30 de octubre en la que se decía explícitamente que el procedimiento se había iniciado, “a partir de la inscripción escolar de su hijo” que había hecho la joven meses atrás. Dejando en evidencia y por escrito el repugnante acto de delación del empleado municipal que la atendió.

El caso despertó la alerta y movilización en las organizaciones de derechos humanos, de padres de alumnos y defensa de inmigrantes, ha generado una pequeña tormenta mediática.

Una vez más la combativa asociación Réseau Education Sans Frontière (RESF) se ha movilizado para proteger a la mujer. Esta asociación, entre otras nobles acciones intenta proteger a los niños sin papeles apadrinándolos para que puedan escolarizarse y en casos extremos escondiéndolos, en hogares solidarios, de las la garras del gobierno en domicilios particulares.

Una modesta manifestación apoyó a la inmigrante, entre 50 y 80 personas, la acompañó en su presentación en la delegación de policía. Acaso la repercusión mediática y la movilización que ella generó, han permitido a la joven salir en libertad.

Los medios acosaron a Madame M., que se ha encontrado, sin quererlo, en el ojo de un fétido huracán. No se sabe por estos días si será expulsada o no del territorio francés

El caso de Madame M., uno más entre miles que hablan de la persecución, el aislamiento y la marginalidad que sufren los inmigrantes sin papeles en Francia y en Europa, tiene una carga ideológica, política y simbólica de enorme peso.

Se trata ni más ni menos de la delación de un funcionario público, por primera vez en tiempos modernos, de una madre de familia que, en plena confianza en la reputada escuela pública francesa, inscribió a su hijo en la dependencia municipal correspondiente.

Muchos temen que si los funcionarios que se encargan de la inscripción escolar de los hijos de inmigrantes sin papeles comienzan a delatar a los padres de los niños, hecho que no había ocurrido hasta ahora, la consecuencia directa será la no inscripción de esos niños al régimen escolar. Esto se traduce en miles de niños marginalizados, excluidos de la sociedad, fuera del sistema. Futuros quemacoches para reprimir.

Por otra parte, desde el gobierno se percibe a la escolarización de hijos de inmigrantes sin papeles como una manera de “legalizar” la inmigración ilegal. Pero como la ley dice que todos los niños que habiten en territorio francés deben ser escolarizados, se crea una paradoja de difícil solución en un país que suele padecer, más allá de las imposturas exportables, de cierta flojera ética.

El mismísimo brazo ejecutor de las políticas represivas contra la inmigración del gobierno de Nicolás Sarkozy, el ministro de Inmigración y filántropo, Brice Hortefeux, ha tenido que reconocer el “exceso de celo del funcionario” que ha recibido, por su parte, felicitaciones de lo mejor de la sociedad por haber cumplido con su deber de delator.

El intendente de París, el socialista Bertrand Delanoë, ha emitido un comunicado en el que dice compartir la indignación general que ha provocado el comportamiento del empleado público. Delanoë, que se encuentra en campaña dentro de su partido, ha prometido, como suele hacerse en estos casos, una investigación administrativa para “deslindar” responsabilidades.

Todo esto, como es previsible, tiene sus consecuencias. El caso Madame M. le permitirá al señor funcionario municipal que la denunció pasar a formar parte de la pútrida lista de botones de éste y otros países varios. El ministro Hortefeux estará contento de tener colaboradores eficaces y responsables que le ayuden, de forma espontánea y gratuita, en su tarea de perseguir inmigrantes.

La joven ecuatoriana, que ya no puede escapar, acaso encuentre una carta en su buzón con unas líneas de puño y letra de Carla Bruni Sarkozy, en la que la bella cantante le dedica una canción de su futuro disco.

La canción, imagino, dulce y pegajosa, podría titularse “Sarko los ama” e incluir, de onda, un sampleado de El Condor Pasa. Por su parte el niño, esperará angustiado a que un día, la misma policía que teme –cobarde– entrar en los barrios calientes y enfrentarse a los malos, golpee a la puerta de su aula para llevarlo preso.

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