A pesar de haber sido el más votado individualmente en las Primarias, el cabeza de la lista de los candidatos a diputados nacionales por Cambiemos Santa Fe, Albor Cantard, continúa siendo casi un desconocido para la mayoría de los habitantes de la provincia. Una primera aproximación: mientras en su juventud supo admirar y correr por izquierda a Raúl Alfonsín, en la actualidad observa la tumba del ex presidente recostado sobre el ala derecha del partido boina blanca –aunque a los correligionarios no les guste que se los ubique en ese andarivel ideológico–. En un encuentro realizado en el hotel Presidente de Rosario, el ex rector de la Universidad Nacional del Litoral puso a prueba los límites de Biopolítica, este formato de entrevistas iniciado hace tres meses en El Eslabón y Redacción Rosario, en el que con preguntas disparadoras, más o menos similares, las personas reconstruyen su vida política –de ahí el nombre y no de la categoría sociológica utilizada por Michel Foucault–. Con el estilo Zen que promueve el gurú presidencial Jaime Durán Barba, cuando Cantard no habla de su historia, sino del presente, deja fluir el relato preparado para la campaña, que no exige más que “dar cuenta de lo que quiere la gente”, repetir los clichés que articulan todos los funcionarios nacionales y no dejarse llevar a la zona de riesgo que puede proponer alguna pregunta. Así se permite hablar de “crecimiento”, “corrupción” y “desarrollo”, cuando en realidad se lo consulta sobre el cierre de fábricas, los Panamá Papers o los miles de despidos. No se recomienda encarar esta nota con el estómago vacío.

—¿Dónde ubicás el inicio de tu historia política?
—En el año 82. Yo estaba estudiando abogacía en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en momentos de Malvinas, cuando se empieza a sentir una apertura democrática y la inminencia de la caída de la dictadura. Ya en la segunda mitad de ese año empecé a vincularme con los estudiantes. Ya a fines de ese año me sentí seducido políticamente por la figura de Raúl Alfonsín y a partir de ahí empezó mi actividad política en la Universidad.
En esa época obviamente había ingresos restringidos, aranceles, hubo toda una campaña de los estudiantes por la gratuidad.

—¿En tu casa había alguna identidad partidaria marcada?
—Mi abuelo materno había tenido actividad política. Era un hombre del desarrollismo vinculado a (Arturo) Frondizi, y muy fuertemente a (Carlos) Sylvestre Begnis. Él es concejal en Santa Fe en la última etapa de la democracia por el grupo de Sylvestre Begnis, y él es el que de alguna manera me marca políticamente, porque me regala en esos años el libro La Cuestión Argentina de Alfonsín.

—¿Qué lecturas y referencias recordás que te hayan marcado políticamente?
—En particular ese libro al que me refería recién de Alfonsín. Y después multiplicidad de lecturas. Aquel momento de la apertura explosiva de la vuelta de la democracia, que a nivel estudiantil también se replicaba. La mesa de la concertación, donde estaban todos los partidos políticos y participaban por garantizar la vuelta del sistema democrático, y había una convivencia muy fuerte entre las distintas fuerzas políticas. Yo en el año ‘83 estaba en Franja Morada, pero en mi facultad era muy fuerte por ese entonces el Partido Intransigente que tenía su agrupación y obviamente el Peronismo, la JUP. Encontrarnos todos los días en el bar de la facultad o en una casita del centro de estudiantes, era algo que veía con mucho entusiasmo.

—De estudiante a rector, ¿cómo fue tu recorrido dentro de la universidad?
—Bueno yo a fines del ‘84 me casé, nació mi primer hijo en el ‘85, y marco eso porque fueron los años de mayor compromiso con la militancia estudiantil. Yo estudiaba y trabajaba como empleado del ex Banco Provincial. Fui presidente del centro de estudiantes de derecho, de la Federación Universitaria del Litoral y consejero superior. Cuando me recibí me acogí al retiro voluntario del banco y me fui para empezar a trabajar en la profesión. Dos o tres años después fui convocado por el arquitecto (Hugo) Storero cuando fue electo rector de la universidad del Litoral. Estuve con él todo su primer mandato, luego paso por la obra social de la universidad, hasta que me integro como secretario de posgrado a principios del 2000 en mi facultad, donde estuve 4 o 5 años hasta que en 2005 me eligieron decano de la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. En el medio tuve tres concursos docentes, como jefe de trabajos prácticos, primero, dos años después como adjunto, y ya en los 2000 como profesor titular.

—¿Toda tu actividad política estuvo enmarcada en la Universidad?
—Si bien siempre estuve de alguna manera vinculado siguiendo las cuestiones partidarias, porque nunca deje de participar de la juventud radical, el cien por ciento de la actividad política fue política universitaria. Hasta hace un mes atrás.
Fui decano nada más que un par de años, porque un poco la coyuntura hizo que al entonces rector Mario Barletta lo eligieran intendente en la ciudad de Santa Fe, y a medio término hubo una nueva convocatoria de asamblea para completar el mandato de él y me eligieron a mí como rector. Después me eligieron dos veces más así que estuve ocho años como rector hasta que el presidente Macri me convoca para la secretaría de políticas universitarias el 10 de diciembre de 2015.

—¿Cómo terminaste siendo la cabeza de la lista de diputados nacionales santafesinos por Cambiemos?
—Se dieron un par de circunstancias. Por un lado tenía un respaldo muy fuerte y era muy importante en la provincia de Santa Fe que el radicalismo dentro de Cambiemos tenga un rol central, en este caso puntual era encabezar la lista de diputados nacionales y además tenía y tengo obviamente un compromiso muy fuerte con esta gestión del presidente Macri, en la cual fui parte desde el primer día.
Creo que en estos días se ha notado, desde que empezó todo esto, que avanzamos en muy corto plazo en lo que son niveles de conocimiento, en transmitir el mensaje de Cambiemos y recorrer lo extenso de nuestra provincia.

—¿Y cual es ese mensaje de Cambiemos?
—Es el mensaje que nos transmite la gente, que es el mensaje de los argentinos. Estamos convencidos que los argentinos llegamos a uno momento en donde hubo determinadas cosas que nos cansaron, nos hartaron y dijimos basta. Basta de la prepotencia, basta de autoritarismo, basta de la falta de respeto a las instituciones, basta de no respetar la división de poderes, basta de corrupción, de que se nos metan en nuestras casas dos y hasta tres veces por semana por cadena nacional, basta de desaprovechar oportunidades de un país en crecimiento, creo que nos deja después de años y años de crecimiento a tasas muy importantes un treinta por ciento de pobres en la Argentina. Queremos vivir en un país normal, queremos que la Argentina esté vinculada al mundo, no sesgada en sus relaciones internacionales solamente con Venezuela e Irán, queremos un país que crezca y que vaya resolviendo sus problemas de fondo.

—¿No son contradictorios con ese mensaje los decretazos del presidente para poner jueces en la Corte Suprema? ¿O sus negociados con amigos y familia? ¿O la estafa por la estatización de los 170 millones de dólares que habían pedido prestados las empresas de Macri al exterior, que le regaló la dictadura cuando cuando el actual mandatario ya era uno de sus directivos? ¿O los Panamá Papers?
—Yo creo que justamente en todos, sino en la gran mayoría de los casos que vos planteás, se marca la diferencia del cambio cultural de la política en la Argentina. Cuando surge el tema de los Panamá Papers, el presidente no salió a denostar al juez o al fiscal que está llevando adelante una investigación, sino que se presentó a la justicia a constatar los papeles y que investiguen. Cuando ocurre lo de la designación por decreto de los ministros de la Corte, que yo creo que fue un error, dio marcha atrás y frenó la iniciativa que había tenido dejando que los mecanismos constitucionales operen.
Este es un gobierno que en un año y medio ha sostenido la Asignación Universal por Hijo, la ha ampliado, es un gobierno que ha llevado adelante la reparación histórica a los jubilados, es un gobierno que ha puesto en marcha después de décadas un plan de créditos hipotecarios de acceso al crédito para los que menos tienen, que ha aumentado el presupuesto universitario. Y en tantas otras cosas podemos decir que es un gobierno que realmente gobierna para todos. Y que tiene un prurito en el que permanentemente tiene que dar explicación de porqué las medidas que toma parecen favorecer a un sector.
Ejemplifico con la eliminación de las retenciones, en una Argentina claramente agroexportadora, particularmente provincias como la nuestra que han permitido una reactivación en el mercado.
El ejemplo más paradigmático de esto es el tema ferrocarriles, si algo destruyó el neoliberalismo en los ‘90 fueron los ferrocarriles argentinos y lo que está haciendo este gobierno es levantando vías. Antes que termine este mandato de Mauricio Macri va a haber inaugurado más de 1600 kilómetros de vías.

—Pero en la provincia cada semana cierra una fábrica, hay cientos de miles de despidos, tarifazos, comercio e industria denuncian caída del consumo, los últimos informes de la Universidad Católica, por citar una fuente que el macrismo no ha cuestionado en otros tiempos, hablan de un fuerte aumento de la pobreza…
—Veníamos con un arrastre de un déficit creciente, de una inflación creciente, que empezó a corregirse, con un nivel de subsidios en tarifas inviable, un problema energético terrible en al Argentina, de ser exportadora de energía pasó a ser importadora. Es cierto que en la primera parte de 2016, particularmente los dos primeros trimestres hubo pérdidas de empleo, se perdieron 120 mil puestos en todo el país, pero empezó a haber una recuperación a partir del segundo semestre que la pérdida de empleo se paró y hoy en la Argentina en lo que va de 2017, ya se han recuperado por encima de los empleos perdidos en el primer semestre de 2016. Hoy a nivel de empleos estamos igual o levemente por encima de la situación del 2015, así que hubo un marcado recupero.
Esto creo que es sin duda lo que los argentinos ven y los santafesinos ven. Y por eso la expectativa hacia el futuro es optimista, de esperanza, de un camino que no deja de tener obstáculos, que no deja de ser difícil, y que no deja de existir un esfuerzo de todos los argentinos pero que estamos convencidos de que es el camino correcto y que todos los días estamos un poco mejor. Y esto es lo que explica a mi modo de ver el resultado electoral del 13 de agosto en todo el país y particularmente en la provincia de Santa Fe.

—¿Por qué hablan de triunfo cuando Cambiemos sólo ganó en 11 provincias mientras que perdió en 14, incluidas Buenos Aires y Santa Fe? Además está el escándalo del festejo del presidente a las diez de la noche cuando aún faltaban ingresar datos fundamentales que mostraban otra realidad. ¿No hubo manipulación en la carga de datos?
—En primer lugar el tema de cómo fueron dándose los datos y en qué momento se terminó de hacer el recuento provisorio no difiere de otras oportunidades. Y si difiere, difiere positivamente de lo que pasó en los últimos años en la Argentina. Fue siempre igual. Acá en la provincia de Santa Fe que hemos estado meses esperando el resultado de las elecciones.
Por otro lado, en la provincia de Santa Fe, para dar un ejemplo, hubo 57 listas para diputados nacionales, algo similar ha ocurrido en las otras provincias del país, más de 50 listas y opciones de candidatos. El oficialismo, Cambiemos, obtiene alrededor del 35 por ciento y es la única fuerza que pese a ser la más joven, porque se constituyó hace apenas dos años atrás, tuvo presencia en las 23 provincias del país. Pero en un menú de 50 opciones, la nuestra obtuvo un tercio de los votos. Siempre en una elección legislativa hay más diversidad de propuestas.

 

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