Lula continúa primero en las encuestas. Según los más recientes sondeos, cosecha entre el 35 y el 40 por ciento de intención de voto, cada vez más lejos de sus rivales. La única manera que tienen los poderes fácticos de evitar que gane las elecciones de octubre es la proscripción. Y la Justicia avanza en este sentido para impedir su candidatura. El Superior Tribunal de Justicia negó al ex mandatario un hábeas corpus preventivo que evite su prisión. Fue un nuevo golpe judicial contra el líder. Un paso más hacia la proscripción. Pero Lula reiteró que seguirá luchando.

Los abogados defensores de Lula presentaron un hábeas corpus preventivo luego de que el tribunal de segunda instancia de Porto Alegre confirmara en enero por unanimidad la condena impuesta por el juez Sergio Moro contra el ex presidente y aumentara la pena de cárcel de 9 a 12 años. Pero el hábeas corpus preventivo no se concedió.

El Supremo Tribunal Federal votó por mayoría el rechazo al hábeas corpus que podría haber impedido la detención de Lula con el argumento de que no “es necesario confirmar una condena en todas las instancias para el cumplimiento efectivo de la pena”.

“No es ilegal el cumplimiento de la pena después de la segunda instancia”, dijo el juez informante del caso, Felix Fischer, con lo cual el ex presidente podría ir a prisión por la causa abierta por el juez de San Pablo Sergio Moro, en la que Lula fue condenado, sin más pruebas que la confesión de un empresario arrepentido, por la presunta posesión de un departamento en el estado de San Pablo.

Sin pronunciarse en el tema de fondo, el Tribunal avaló la condena de segunda instancia en la que los tres magistrados decidieron confirmar y aumentar la condena impuesta por Moro, a pesar de que reconocieron que no existían pruebas materiales que demostraran que Lula fuera dueño del departamento perteneciente a la constructora OAS.

“La decisión del Superior Tribunal de Justicia, penúltima parada a la que pueden recurrir los condenados en instancias inferiores, negándole a Lula da Silva un hábeas corpus preventivo que evite su prisión no sorprendió a nadie. Tanto seguidores como adversarios del ex presidente más popular de la historia brasileña lo esperaban. Los más optimistas pronosticaban un marcador final de 4-1 contra las tesis de defensa. El resultado final ha sido un arrollador 5-0”, escribió Eric Nepomuceno en su nota titulada “Nuevo golpe judicial contra Lula”, publicada el 7 de marzo en Página 12.

Nepomuceno menciona “la extensísima lista de irregularidades y limitaciones a la defensa denunciadas a lo largo del juicio por centenares de juristas altamente prestigiados, tanto brasileños como extranjeros”, pero señala que pese a esto los tribunales seguirán adelante con el acoso contra el líder.

“No existe la menor expectativa de que los jóvenes integrantes de la corte regional dejen de reiterar su pedido de prisión inmediata para el condenado en uno de los juicios más controvertidos y criticados en décadas”, considera el autor.

Las pruebas contra el ex mandatario son muy débiles y la causa tiene todas las características de un armado político-mediático para sacar del medio a Lula. Toda la acusación se sostiene en la confesión del dueño de OAS, Leo Pinheiro, en el marco de una delación premiada en la megacausa denominada Lava Jato.

Queda en manos de la Cámara de Apelaciones de Porto Alegre solicitar la detención del líder del Partido de los Trabajadores (PT) una vez que conteste las objeciones presentadas por la defensa, diligencias que se podrían demorar un mes.

A fines de enero una movilización de 70 mil personas respaldó en Porto Alegre al ex presidente bajo la consigna “Elección sin Lula es Fraude”, que desde ese momento es una presencia permanente en todos los espacios de militancia de Brasil.

Pero a la Justicia poco le importan el clamor ni la voluntad populares.

En enero, el Tribunal Federal Regional de Porto Alegre confirmó, en segunda instancia y por unanimidad, la sentencia que condenó el ex presidente Lula da Silva a prisión. Pero la Justicia fue por más, demostrando que la derecha en Brasil está dispuesta a todo: aumentó la pena, que era de nueve años y medio, a doce años y un mes de cárcel. De todos modos, se quedarán sin el circo mediático, Lula no podrá ser detenido, al menos por ahora, porque todavía quedan varias instancias para apelar el fallo. Pero con el fallo de esta semana se consumió ya una instancia. Y Lula quedó un poco más cerca de la prisión.

Los argumentos esgrimidos por los jueces en el fallo de enero son el acta de defunción de Derecho: frente a la falta de pruebas, prevaleció “la convicción nacida del conjunto de indicios”. Es decir, se basaron en las “confesiones” de ejecutivos de la constructora OAS que denunciaron al ex presidente sin otra prueba que su palabra, y que se dieron en el ámbito de un acuerdo de colaboración con las investigaciones, a cambio de una significativa reducción de sus penas. De hecho, dos de los tres jueces les redujo aún más las condenas a estos “delatores premiados”, mientras elevaba la de Lula.

“La legislación brasileña reza que un condenado en segunda instancia no puede postularse y, en caso de ser elegido, asumir. Pero hay un océano de recursos que pueden ser presentados tanto en la justicia electoral como en las cortes superiores, y son innúmeros los casos de intendentes, gobernadores y parlamentarios que llegan al final de su mandato sin haber recibido una decisión final. A Lula, pues, le quedan muchas posibilidades de llegar a disputar las elecciones”, explica Nepomuceno.

Las falsas denuncias por corrupción son las nuevas armas de los nuevos golpistas, en muchos casos, ellos mismos inmensamente corruptos. El juez federal Sergio Moro, en julio del año pasado condenó a Lula a nueve años y medio de prisión por corrupción y lavado de dinero en el marco de las investigaciones de la Operación Lava Jato. Moro halló culpable al máximo líder del PT de haber recibido de la constructora OAS un departamento tríplex en el balneario paulista de Guarujá a cambio de garantizar a la compañía contratos con Petrobras durante su gobierno (2003-2010). Lula jamás vivió en ese departamento. Ni está a su nombre. No hay ni un solo papel que lo certifique. No hay ni una sola prueba.

Fuente: El Eslabón

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