Una pareja hetero ingresa de común acuerdo en el atractivo y peligroso juego de relaciones abiertas. Lo que Malena y Manolo no contemplaron (¿o sí?) es que iban a involucrarse sexualmente los dos con la misma persona: Martín Ayala, un tipo de la pesada y el único de los tres que sabe lo que quiere. El triángulo es la primera novela de Cecilia Rodríguez (Rosario, 1983), y fue publicada en abril de 2018 por el flamante sello El Salmón.

Del ratoneo de las subjetividades monógamas hasta la literatura anarquista, queer y feminista, del amor libre no se hablaba hasta hace algunos años salvo en ciertos reductos de militancia o activismos disidentes. En El triángulo la apertura sexual es la última carta que la pareja guarda en la manga ante la falta de deseo y una pila de años juntos, pero sin profundizar en la teoría poliamorosa ni de cuestionar la institución monogámica, se da lugar a una trama laberíntica de sexo, morbo, provocaciones y desamor.  

Por momentos la historia alcanza ciertos climas lamborghinianos (el libro es introducido por una frase del corrosivo y enrevesado Osvaldo Lamborghini”. Sé lo que digo: no puedo hablar de amor”) pero en su conjunto no invita a ninguna fiestonga. La voz narrativa omnisciente no da respiro en una interioridad agobiante en las mentes de los personajes, especialmente en Malena, pero siempre hablamos de procedimientos y estilos que van en gustos.

Si algo hay que destacar en El triángulo son las escenas de sexo. “Si no sabés contar una historia de coger, más vale que hagas elipsis, cierres la puerta y te imagines lo que quieras. Pero si vas a garchar, ¡garchá, hermano!”, comentó Guillermo Saccomano a propósito de la publicación de su novela erótica Amor Invertido. En El triángulo, los encuentros sexuales narrados por Rodríguez son pornográficos en el mejor sentido de la palabra. De tan reales, en la descripción llana y pura de la acción, son explosivos, y como  dice Gabriela Cabezón Cámara en la contratapa del libro: los personajes alcanzan una calentura capaz de hacer olas en el Paraná.

El desenlace es inesperado, candoroso, acaso feliz y deja gusto a poco. Probablemente sea un descanso para una nueva experimentación de los cuerpos que buscan límites o, por el contrario, atravesarlos a todos. El triángulo también es el primer título del sello El salmón, recientemente fundado por la poeta y gestora cultural andaluza, Rocío Muñoz Vergara, y Luis Alberto Steinmann, con una propuesta editorial novedosa e inclusiva para la ciudad. Sus libros se ofrecen en tres soportes: tinta, audio y braille. En primer lugar porque “hasta la fecha es prácticamente imposible encontrar libros en braille”, y además porque El Salmón apuesta a “la descentralización de soporte tinta como indicador único de qué cosa sea un libro”. De modo que el sello pretende defender y difundir las distintas maneras de acceso a la lectura de manera igualitaria.

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