“En la vida he procurado servir antes que servirme; ser artífice del destino común. Lo que importa es trabajar por nuestros semejantes. Jugarse por ellos. El alcance de nuestra abnegación es la piedra de toque de toda grandeza verdadera. Por lo demás, los puestos de responsabilidad no se reclaman, sino que se merecen”. Así comienza –luego de atravesar dos intensos prólogos, uno de su autor y otro de Felipe Pigna– el libro Yo, Perón, del ya fallecido Enrique Pavón Pereyra (1921-2004), cuya reedición ha lanzado Editorial Sudamericana. En esta ocasión, el historiador revisionista escribe tomando la primera persona del General para dar cuenta de su vida, de su pensamiento y de su doctrina. Cada palabra de esta obra puede sonar a caricia o a bofetada, según de qué lado de la mecha se encuentre uno en esta coyuntura y de cara a lo que viene.

Como se sabe, para los peronistas octubre no es un mes cualquiera y, para quienes andan entre dispersos y desorientados, siempre viene bien volver a las fuentes y, tal vez, encontrar razones para estar unidos. De ahí lo auspicioso de esta reedición de Yo, Perón –apareció por primera vez en 1993–, que ya está en las librerías y ha sido presentado en algunos locales partidarios de Buenos Aires y se espera que en breve también tenga su lanzamiento en Rosario, de la mano de Enrique Pavón Pereyra hijo. Éste, además de su labor como cineasta, se ha propuesto no solo volver a publicar sino también sacar a luz algunos materiales inéditos de su padre.

Yo Perón es parte de la vasta obra que Pavón Pereyra construyó, a partir de ese esfuerzo por conocer y comprender al General, a partir del diálogo y su consiguiente capacidad de escucha y de la investigación sostenida, tanto de documentos como de las fuentes de las que abrevó el General. Esa estrecha relación –que también mantuvo con colaboradores y allegados al líder– le permitió no solo reconstruir procesos históricos sino también interpretar el pensamiento de Perón; y, en este caso, lo habilita para escribir en primera persona, para hacer propia su palabra.

Pavón Pereyra conoció a Perón en 1943 –cuando este era secretario de Trabajo–, estuvo junto a él hasta el fallecimiento y ese esfuerzo ha dejado una obra de más de cien títulos, que como ha ocurrido con otros autores revisionistas han sido herramientas valiosas para la militancia. Entre sus principales obras, se destacan Vida íntima de Perón, Conversaciones con Juan Domingo Perón y Los últimos días de Perón.

“Yo, Perón es un libro para volver a la fuentes. En esta coyuntura, creo que aporta a la unidad, porque ahí está la doctrina de Perón, su palabra. La doctrina es inquebrantable y abarcadora, y tiene futuro. Por eso, es una lectura muy interesante para los jóvenes”, afirma Enrique Pavón (h), quien resalta que el texto llega como parte de un plan que se ha dado para relanzar la vasta producción de su padre. “Cuando él falleció me quedó la idea de publicar, que era lo que más le gustaba y más allá de las ventas. Este es el tercer libro que saco post mortem de mi viejo. El primero fue Vida íntima de Perón y el segundo Asesinato de Perón”, cuenta.

“Fue el elegido por el General para confiarle sus secretos, sus sueños y hasta sus miedos”, afirma Felipe Pigna en el prólogo. La participación de este historiador es muy valorada por Pavón Pereyra (h). “Tengo el mayor de los respetos por Pigna, porque siempre lo citó a mi viejo y, por eso, lo convocamos y es un orgullo que haya escrito el prólogo”.

Además de ese valor agregado, la reedición de Sudamericana atrae desde la tapa, con una foto de Perón rodeado de su pueblo, y según Pavón Pereyra (h), el original ha sido sometido a una exhaustiva revisión de los datos y de la redacción. “Revisamos nombre por nombre, cada punto y cada coma”, resume.

Una lectora esperada

Cuando se le pregunta a Pavón Pereyra si hay referentes del peronismo a los que le gustaría tener entre los lectores, responde que a “todos, todos, en general todos”, aunque luego mostrará su corazoncito: “Ahora, si me dan a elegir, a mí me gusta mucho Cristina. Hay un libro dedicado a ella que estamos viendo de qué manera se lo hacemos llegar”. No obstante, insiste en que “si estamos buscando la unidad, creo y quiero, con toda la humildad del mundo, que lo lean todos tanto los peronistas como los que no son peronistas, sobre todos los jóvenes que pueden acceder al pensamiento vivo de Perón”.

Humor y malhumor

“Lo siguió estudiando e investigando hasta el día que murió”, afirma Enrique Pavón Pereyra (h) sobre su padre, quien –según dice– apelaba a Perón cada vez que debía darle un consejo. “Yo le preguntaba por cosas de la vida cotidiana como ir a la escuela o a la cancha y él me respondía: ‘Perón lo hubiera hecho así…”, recuerda con cierta simpatía.

Luego, destacará que aún “hay materiales inéditos” de su padre y al respecto, anticipará: “Inclusive, hay un libro que queremos publicar próximamente: Humor y malhumor de Perón”. Justamente, mi viejo cuenta que permanentemente tenía salidas graciosas y también cosas que lo enojaban”. Va de suyo señalar que, en alguna entrevista, el historiador reconoció alguna “culpa” en el malhumor de Perón. Es que al General no le gustaba el maltrato a los animales y menos aún a sus perros y, al parecer, a Pavón Pereyra cada tanto se le escapaba alguna patadita a algún can, a espaldas de su dueño. Eso no le hacía gracia al líder justicialista, que vaya a saber cómo se enteraba.

 

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