Una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) se instalará a partir de este mes de forma permanente en la Argentina para seguir de cerca la hoja de ruta que orienta a la economía nacional hacia un ajuste mayor. En su último informe, la organización financiera reconoció que sus pronósticos “pueden fallar” y que también hay posibles escenarios de recrudecimiento de la crisis, con cifras alarmantes que echan por tierra el optimismo relativo que el gobierno de derecha de Mauricio Macri trazó para 2019 en el proyecto de Presupuesto que se debate en el Congreso.

El FMI admitió que la cosa se puede poner más fea el próximo año, con caída del PBI del 6 por ciento y una inflación anualizada del 50 por ciento. En ese caso, habrán hecho su aporte. Estos cálculos desalentadores están ligados al alto nivel de endeudamiento que adquirió la Argentina en la era Macri.

La posibilidad de una recesión más profunda a la esperada respondería a una intensificación de las políticas de ajuste como pregona el Presupuesto, a la imposibilidad de seguir tomando deuda externa y a la contienda electoral.

El Fondo le tiene confianza a la Argentina, pero… mandan los números. El organismo que comanda Christine madame Lagarde dice en clave amiga que “la deuda argentina es sustentable, pero no con alta probabilidad”. Ante los reiterados fallidos, el FMI parece atajarse al imaginar en su reporte, de manera solapada, una serie de potenciales escenarios para la Argentina con tal de evitar un nuevo pifie.

La fiscalización de la política económica nacional por parte de los técnicos del organismo multilateral de crédito tiene como objetivo principal garantizar que Cambiemos no haga lo que quiera con el préstamo otorgado en el marco del segundo acuerdo firmado y, a la vez, hacer cumplir el pago de vencimientos de deuda externa. Estados Unidos observa con atención todo lo que ocurre por aquí, pues ve en Macri un aliado regional al que hay que cuidar frente a la “amenaza” del regreso populista.

Los dictados del Fondo proponen orden monetario y cambiario, contracción de salarios, reforma jubilatoria, suba de impuestos, reducción del gasto. Sus recetas son recesivas, y esto, a simple vista, complicaría las chances del oficialismo en las presidenciales de 2019. El nuevo desembolso del organismo financiero internacional por 5.700 millones de dólares, en virtud del acuerdo stand by de 36 meses, eleva el préstamo total a 56.300 millones y convierte a la Argentina en el país más endeudado con el FMI, cosa que para el presidente Macri es motivo de orgullo.

Entre el humo de los bolsos y los cuadernos para camuflar la debacle económica y la crisis auto inflingida, llegaron los desembolso del Fondo Monetario Internacional para engrosar las reservas del Banco Central y atrás vino Bolsonaro, el vecino facho. Brasil duele, y Macri también. Cambiemos defiende su política de ajuste a capa, espada, palazos, balas de goma y gases lacrimógenos. Recorta en áreas sensibles en nombre del “equilibrio fiscal” que el mismo oficialismo y la opo-friendly buscan plasmar en el Presupuesto 2019, con media sanción en Diputados, siguiendo tareas que encomendó el FMI como condición para el “salvataje”.

Conclusión: una economía hecha bolsa. El trabajo se precariza, se destruye, la desocupación crece. Los intereses de la deuda también, y a tasas exorbitantes. La caída industrial es sostenida, al igual que la inflación que carcome ingresos y empobrece. Las pymes acusan serios problemas, como todo el entramado productivo. El efecto Jair Messias Bolsonaro, militar de derecha y presidente electo de Brasil, puede empeorar las cosas por estos lares. Hay quienes deslizaron preocupación por el posible crecimiento del déficit comercial con el gigante regional, un freno para las exportaciones argentinas hacia el vecino país, y mayor debilitamiento del ya debilitado Mercosur.

Bomba monetaria

El mes que se fue sirvió de ensayo para la nueva política cambiaria y monetaria que impuso el Fondo. El rumbo es el mismo, la receta neoliberal de siempre. “En materia cambiaria, la banda superior de intervención en torno a los 45 pesos en promedio para octubre, aún no ha sido testeada dado un dólar momentáneamente calmo gracias a las elevadas tasas de interés y a la espera de las novedades en torno al acuerdo con el Fondo”, se señaló en el último informe de coyuntura elaborado por el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso).

“La meta de mantener congelada la base monetaria llevó la tasa de política monetaria (Leliq) a superar el 70 por ciento anual, cuando a comienzos del acuerdo con el FMI se encontraba en el 40 por ciento. Con una inflación anual cerrando en torno al 47 y 50 por ciento en 2018, la tasa de rendimiento real con que el BCRA subsidia a las entidades financieras se encuentra 20 puntos porcentuales arriba de la inflación”, indicaron desde el Ceso.

“La principal diferencia con las Lebacs que el FMI ordenó desarmar –se explicó–, es que las Leliqs se encuentran totalmente en manos de entidades financieras. Una diferencia considerable al pensar formas de desactivar esta nueva bomba, dada la posibilidad de regular las tenencias financieras de las entidades mediante una simple comunicación del BCRA”.

“Sin embargo –se alertó–, las tasas de los plazos fijos que pagan las entidades a los ahorristas (de entre 44 y 55 por ciento, en sintonía con las proyecciones de inflación), se sostienen en parte del subsidio del BCRA a las entidades vía Leliqs. De esa manera, un desarme de las Leliqs puede tener un impacto indirecto en las tasas de los plazos fijos y, por esa vía, en la demanda de dólares”.

La política de tasas financieras por las nubes golpea fuerte a la inversión , “ya que prácticamente ninguna actividad productiva puede ofrecer niveles de rendimiento que compitan con los que promete un activo financiero con mayor nivel de liquidez por su propia naturaleza económica”, según se remarcó en el informe, y se agregó: “La consecuencia es un desincentivo a la inversión productiva, mucho más en un contexto de retracción del consumo por una inflación que le gana la carrera a los salarios, jubilaciones y asignaciones; y del gasto público en el marco del programa de ajuste propiciado por el FMI”.

El propio macrismo lo reconoció en el proyecto de Presupuesto, donde se estima una caída de la inversión real cercana al 10 por ciento para 2019. “La caída del 40 por ciento interanual en las cantidades importadas de bienes de capital en septiembre es otro indicador de cómo el programa económico oficial dejó de lado la expectativa de una lluvia de inversiones para pasar a promover su sequía”.

En su reporte, el Ceso, que dirige el economista Andrés Asiain, señaló que el punto más débil del programa en curso es el evidente fracaso de las políticas monetaristas en el control de la inflación. “El lanzamiento del programa de emisión cero con muy elevadas tasas de interés, coincidió con el dato más alto de inflación de la última década. La inflación de septiembre que difundió el Indec cerró en 6,5 por ciento mensual (40,5 por ciento respecto a septiembre de 2017), debiéndose remontar a abril de 2002 para encontrar la inflación mensual más elevada en las últimas décadas. La inflación de octubre se encontrará en niveles algo menores pero muy elevados. La coincidencia entre pico de inflación y el inicio del programa ultra-monetarista de cero emisión, no es una simple casualidad. La política monetaria ortodoxa ya lleva varios años de fracaso en el control de la inflación, y su implementación en forma más enérgica sólo generará un fracaso más enérgico”.

Ingresos

Según datos del Indec, la devaluación del peso y la posterior aceleración de los precios provocó que entre enero y agosto de este año los salarios perdieran 9 puntos en el poder de compra si se lo coteja con la disparada inflacionaria. En un año, los ingresos formales cayeron 12 puntos porcentuales, siempre de acuerdo a información oficial. Como atenuante a la sostenida pérdida de poder adquisitivo, Camioneros, con Hugo y Pablo Moyano a la cabeza, abrochó una suba extra del 15 por ciento y totalizó en su negociación paritaria un 40 por ciento de incremento salarial para este año, todavía por debajo del índice de precios proyectado pero muy por encima de otros gremios, donde la pérdida salarial es mayor. Petroleros también cerró una cifra extra y alcanzó un 45 por ciento de aumento, el mismo nivel de proyección inflacionaria para 2018. Son dos sindicatos grandes, de peso, que motivarán a otras organizaciones gremiales a intentar mejorar los ingresos de sus representados, que vienen perdiendo por goleada frente a la inflación.

 

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