Conocido como El Titiritero de Banfield, hacedor de un documental sobre Garrafa Sánchez, libros de cuentos y guiones teatrales, celebra en Rosario sus 25 años de camino artístico con tres espectáculos y el taller “La seriedad en el humor”.

A Sergio Mercurio se lo conoce popularmente como “El Titiritero de Banfield”. Desde 1992 recorrió gran parte del continente nutriéndose de historias y con muñecos a cuestas. En 2000 recaló en Ecuador, donde publicó Cuentos de un Banfileño, su primer libro-disco compacto. Con sus espectáculos viajó también por países como Francia, España, Bélgica y Alemania. “Por haber viajado es que me hice titiritero”, subraya en diálogo con este periódico.

Sus comienzos en los oficios artísticos se los debe al constante movimiento, una búsqueda personal a través de kilómetros de idas y vueltas. “Me siento que soy el hijo de un viaje. Por haber viajado, es que hago estas cosas. No considero que fueron los títeres los que me llevaron, sino la necesidad de conocer toda América y vivir en los países. Me hice titiritero para adultos, aparte, porque para viajar tenía que llevar algo que interpele a los adultos. En realidad, cuando viajaba ya escribía mucho, y paralelamente me venía dando vueltas lo del cine también”.

Durante 2005 y 2006, Mercurio dirigió su primer largometraje documental, La película de la Reina, que retrata a la artista curitibana Efigênia Ramos Rolim. Y en 2010 comenzó el rodaje de Garrafa, una película de fulbo, sobre el ídolo del ascenso José Luis Sánchez, que se exhibió en las canchas de Banfield, Laferrere y El Porvenir, ante miles de personas. Un suceso inolvidable, tanto como su contracara: “La película me la piratearon en 20 minutos, y la idea era vender los CD para recuperar un poco de todo lo hecho”, dice resignado, aunque el suceso no le quitó lo bailado.

“En un país de futboleros hacer una película de fútbol fue un desafío grande. Me dio mucho miedo al principio. Me encantó conocer a José Luis, tuve la oportunidad de compartir un partido de fútbol y un asado con él. Jugué con el mito: un jugador que fue ídolo en tres equipos de la misma categoría por lo que, insólitamente, ocurría que se enfrentaban dos clubes que tenían el mismo ídolo. Me pareció también que la peli podía servir para pensar el fútbol de otra manera”, afirma Mercurio.

La identidad, se construye y se pinta

“Es uno de los temas que más me ocupa”, asegura Sergio cuando se le habla, a través de Garrafa Sánchez y su ciudad natal, de la identidad. “A mí me entristece que, a veces, Banfield sea un lugar sin identidad. Hasta hoy en día estoy luchando con eso, es un dolor de huevos. Además del documental, otra cosa que he creado es el periódico El Banfileño, donde he tratado de poner a Cortázar como la figura más relevante. Pero es un lucha constante, porque como te decía, yo creo que la identidad se construye, no estamos destinados a nada, tenemos chances de poner fichas en nuestro destino. Claro que hay un montón de variantes, porque vivimos en un mundo donde los otros están construyendo su destino también, y algunos están pensando en pasarte por arriba como una aplanadora”.

Como parte de su propia identidad y su herencia, emergen libros de su autoría como El Pintor de la bóveda de Perón, publicado en 2012. “Es la historia de mi abuelo. Cuando estaba haciendo la película de Garrafa, un arquitecto que se enteró de mi existencia me contó una historia que había quedado en secreto durante la dictadura: mi abuelo, pintor de brocha gorda, de pared, peronista hasta la muerte, se enteró en un bar de Banfield que Videla iba a trasladar a Perón, de la Quinta de Olivos al cementerio, y que iban a contratar a un especialista para hacer un subsuelo en la bóveda de la familia. Mi abuelo, al enterarse de todo eso, quería entrar a esa bóveda y pintarla. Esa es la excusa para contar la historia de él, un niño trabajador campesino de Chivilcoy, que vive el nacimiento del peronismo; su vida y la llegada a Banfield. Un montón de vínculos para contar esta historia que ni mi familia, ni nadie sabía”.

En camino

Sergio Mercurio llegará a Rosario con tres espectáculos y un taller a cuestas, obras que piensa llevar también a Córdoba y a Santiago de Chile.

El sábado 24 de noviembre, a las 21, presentará El Titiritero de Banfield en el teatro Empleados de Comercio (Corrientes 450). El domingo 25, a las 20, hará lo propio con De Banfield a México, en el Centro Cultural La Toma (Tucuman 1349) y el martes 27 de noviembre, y el domingo 2 de diciembre, a las 21, realizará una función de En Camino, en el Cultural de Abajo (Entre Ríos 579).

Mercurio, que además se desempeña como docente, brindará el taller “La seriedad en el humor, vínculos con la filosofía. Para standaperos, actores, escritores, y público en general”, los días 1 y 2 de diciembre, de 10 a 17, en el Cultural de Abajo.

“El humor es inocente pero nunca es inocente quien lo hace. El humor es una cosa muy seria y está para sostener un sistema dominante, para reconocer tus propios prejuicios sobre ese sistema dominante y moverlos, o para mantenerlos”.
Sobre su formación, el titiritero marca la cancha:“Yo estoy movido por la necesidad propia. Los seres humanos somos gente que comunica cosas. Algunos, por ser más tímidos o reservados, observamos más y eso nos da la posibilidad, si ejercitamos eso, de crear un mecanismo propio para producir cosas para que los demás las vean, cuenta Mercurio, que hace más de una década compartió la experiencia con el actor Severo Callaci y construyeron juntos El Ángel de la valija, la obra que se basó en la construcción de Callaci de varios personajes, y que Mercurio guionó y dirigió.

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