La editorial rosarina El Salmón presentará Grietas, el primer libro de cuentos de Valentín Gilardoni (Rosario, 1988) el próximo sábado 8 de diciembre, a las 19.30, en el Complejo Cultural Atlas (Mitre 645).

Pasando por alto los usos más actuales –de coyuntura, digamos– de la palabra grieta que evoca conflicto de intereses, Valentín Gilardoni recupera su significado seminal, primordial. Como el susurro de Leonard Cohen en el epígrafe del libro: “hay una grieta, una grieta en todo, así es como entra la luz”, los 15 cuentos que lo integran están atravesados por ese rayo, y nos revelan cómo la oscuridad agiganta todo lo que se posa en ella.

Tanta agua narra la experiencia del primer contacto con la muerte, y a propósito del relato Adiós Nonino, la desacralización de los vínculos familiares es el tema de la narración, más no su resolución, porque como dijo el poeta entre vino y vino, “la sangre no es destino”, pero tira. J&B nos coloca en un western a lo Wim Wenders, una historia de película de carretera, patética y preciosa. Por la misma ruta viaja Dylan está vivo, un cuento homenaje, que describe poéticamente la soledad de los ídolos en la multitud, algo parecido a la locura.

El libro abre con Algo brilla en la basura, una estupenda parodia de la grieta social entre las familias pudientes del centro rosarino –eternas portadoras imaginarias de civilidad y status– y la pobreza. El conflicto será el desprecio disimulado por el otro, la necesidad de ese otro (para diferenciarse, sobre todo) y la fantasía de acabar con las viejas tensiones de clase. En la contratapa de Grietas, Pablo Ramos escribió que en el cuento Funeral “sucede la literatura de la mejor manera que puede suceder, desde adentro del personaje hasta el extremo fronterizo del lenguaje… los contornos del alma de quien escribe”. También es uno de los relatos que mejor expresa una pertenencia literaria del autor a la tribu que fundaron Abelardo Castillo y Liliana Heker en los 60.

La narración se sostiene en un ritmo trepidante y en el momento preciso (que es justo cuando no lo esperás) la trama en casi todos los cuentos da un giro inesperado, un volantazo. En otros,los guantazos van haciendo su tarea en una progresión impecable.

Se me ocurre comparar la experiencia de leer Grietas con la descripción de desmoronamiento que hizo Scott Fitzgerald en The crack up (en castellano: pura casualidad, la grieta) donde escribe que toda vida es un proceso de demolición, y diversifica los tipos de golpes que llevan a cabo la dramática tarea de desmoronarse. Es una sensación repentina, pero es paulatina la forma en que se van rompiendo las cosas por dentro. Lectores y lectoras: en la escritura de Gilardoni no hay fórmulas tranquilizadoras, y lo mejor es que no hay forma de salir. ¡No se escandalicen! ¡Muestren su cicatriz! Y ya no intenten presumir normalidad (al menos, mientras dure la lectura), que el defecto los nombra. La apuesta de Grietas es llevarlo todo al límite, astillar esa fina capa de cristal entre lo que creemos ser y lo que de verdad somos capaces de hacer. Esa fisura en la que los caretas se abisman, Valentín Gilardoni y sus personajes se arrojan como el noble, el loco kamikaze. Contra el enemigo o contra uno mismo, que a veces son el mismo.

El autor nació en Rosario en 1988. Creció en el sur de Córdoba. Estudió Psicología en la UNR. Actualmente se dedica a ejercer la profesión y a escribir, para no morir. Grietas es su ópera prima, y algunos de los cuentos que componen el volumen son versiones revisadas de textos previamente premiados y publicados en antologías. El arte de portada de Grietas es de Milena Isabel, y como todos los libros de El Salmón, se ofrece en tres soportes: tinta, braille y audio, en la voz del autor.

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