Tan importante como lo que surge a primera vista en la coyuntura política nacional es lo que esconden los pesados cortinados del poder. El cierre de alianzas favorece a priori a la fórmula Fx2+M, pero como en Santa Fe, hasta que las urnas no hablen, nada estará definido.

Si la política estuviese investida sólo por lo formal, habría que decir que esta semana quedó establecido que las tres más importantes fórmulas que competirán en las próximas elecciones presidenciales lleva un peronista en su seno. Pero la realidad es cruel a la hora de un duelo con la formalidad.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner, la dupla que trastocó los planes de campaña de todas las fuerzas políticas nacionales, podrían compensar con su peronismo real el peronismo nominal que exhiben en el ejercicio práctico de la política el compañero de fórmula de Roberto Lavagna, Juan Manuel Urtubey, y el amo de llaves de Mauricio Macri, Miguel Pichetto.

El cierre de frentes y alianzas que se concretó cuando moría el miércoles de esta semana, supone un escenario en el cual el actual mandatario no agregó volumen político, votos o territorialidad a su oferta para no tener que irse de Balcarce 50 y Olivos, una angosta callejuela del medio que amenaza arrebatarle sufragios a Cambiemos, y el ascendente binomio peronista, que sí sumó votos al cerrar un acuerdo con el Frente Renovador de Sergio Massa, ingresando a la tabla periódica de los elementos políticos con el símbolo Fx2+M.

Queda por delante otro episodio de esta saga nacional, en el que mujeres y hombres le darán carnadura visible a los cargos que se disputarán por debajo de esas duplas, y la forma en que se zanjarán los liderazgos, aunque el único caso que conlleva expectativa es el del Frente de Todos (y sus variantes inclusivas x, e, y @), que podría tener una Paso en la que se dirima la fórmula presidencial.

Aunque sea evidente que el binomio Alberto-Cristina no le deja chances victoriosas a Massa o Daniel Scioli –en el caso de que éste insista–, podría ser interesante ver el real espesor electoral de ambos challenger, sobre todo para cuando llegue la hora de repartir los porotos en las listas de diputados nacionales y otras categorías muy importantes como legisladores provinciales y concejales en la provincia de Buenos Aires.

De todos esos detalles y aprontes, el radicalismo y las fuerzas autodenominadas progresistas –socialismo, GEN y ricardoalfonsinistas– no deberán hacerse problemas, no forman parte de fórmula alguna, en los espacios que abrevan no se llevarán adelante primarias, por lo cual sus presencias serán tan sólo testimoniales.

Santa Fe, Terra Incógnita

Nada de lo que acontece en la escena política nacional escapa a lo que se juega en el último tramo de la campaña electoral santafesina, a menos de 48 horas de los comicios para elegir gobernador, intendentes y otros cargos.

Descartado ya que cualquier encuesta saque de la zona de empate técnico a los resultados tanto provinciales como de Rosario, los últimos días de campaña transitan entre el desconocimiento de vastos sectores de la sociedad respecto de candidaturas y categorías, las propuestas de los principales postulantes y las operaciones pseudo publicitarias, que ya rozan con lo delincuencial.

En el primer caso, es ostensible que la boleta única sigue sin desarticular lo que más se criticaba de la boleta sábana. Detrás de la foto y a lo sumo dos acompañantes textuales, nadie siquiera puede imaginar quién se postula en cada nómina de diputados provinciales o concejales.

Sin embargo, en la elección del domingo la cantidad de boletas estará ostensiblemente reducida respecto de las Paso, por lo que a toda la oposición le sonó como mínimo extemporánea la previsión que desde el gobierno de Miguel Lifschitz se hizo de la demora que sufrirá el escrutinio provisorio.

No son pocas las voces que en las redes sociales y los medios se elevan para recordar las pésimas experiencias que tiene el socialismo en el poder a la hora de armar operaciones en vivo para mostrar que determinado candidato, el propio, ya ganó.

Si bien se trata de mentiras de patas demasiado cortas, lo que se juega este domingo, con el socialismo que puede perder la Provincia y su bastión rosarino, y el peronismo con más chances que nunca de recuperar el Gobierno desde que lo perdió en 2007 y Rosario, en la que no gana desde 1973, las picardías o maniobras oscuras de los hombres de la rosa deberían ser seguidas de cerca.

La tentación de meter la mano en el resultado más allá de lo que sería la demora de los cómputos oficiales ya es materia de otro tipo de análisis, pero la hipótesis más escabrosa –la de un posible fraude– no es desestimada por espacio alguno de los que compiten el 16 de junio, tengan o no posibilidades de triunfo en las categorías mayores.

Respecto de las iniciativas que los principales candidatos a gobernador ponen en juego, como es natural, tienen diferentes características según el rol de cada quién. En el caso de Antonio Bonfatti, más que nuevos proyectos ha tratado de consolidar lo que presume son las fortalezas del Frente Progresista, Cívico y Social desde que gobierna Santa Fe, y pone énfasis en la continuidad y profundización de la salud pública, la gestión cultural y la relación con los empleados públicos, más allá de lo que los gremios alegan en este último tópico.

José Corral no ha pasado de despotricar contra las políticas del socialismo en torno del delito y la seguridad pública, pero no ha tenido una propuesta concreta que sea superadora de lo que, a todas luces, es el Talón de Aquiles del oficialismo.

Omar Perotti, en cambio, acaso por su perfil productivista y su propensión a otorgar un lugar destacado a los equipos técnicos, planteó dos proyectos que influyen en la economía real.

El primero es significativo por el universo en el que impacta y por las implicancias socioeconómicas que devienen del mismo: poner en marcha el Boleto Educativo Gratuito beneficia a un sector que llega a casi un millón y medio de santafesinas y santafesinos, sean estudiantes de todos los niveles, docentes o no docentes. El ahorro que representa en las economías familiares es innegable, y la inversión del Estado interpela en forma muy directa al socialismo: el sistema le cuesta a las arcas públicas sólo el 0,5 por ciento del Presupuesto.

La segunda iniciativa, el Programa Primer Empleo, también viene a sacudir la modorra de un Estado al que ya no le alcanza con acompañar los conflictos que genera el modelo en términos de cierres de fábricas y comercios con la consiguiente desocupación: el proyecto contempla un aporte estatal del 50 por ciento de la beca laboral, que el empleador deberá completar aportando la otra mitad.

Pero además de involucrar a la población más necesitada de incorporarse al mercado laboral, incluye al sector que ha perdido el empleo y tiene más de 45 años, un segmento en el que hasta ahora nadie ha reparado y queda afuera de la demanda si se lo deja en manos del mercado.

Así las cosas, no resulta extraño que los gremios más diversos hayan apoyado la candidatura de Perotti, quien habrá que ver si le alcanza para ganar la Gobernación con tales consensos y programas.

Detrás de la escena, fuera del radar

Otro anclaje que tendrán entre sí las elecciones santafesinas y la nacional será el nivel de operaciones cruzadas que tienen por objeto desestimar la política y la destrucción del adversario.

En Rosario y la capital provincial, sobre todo en las redes sociales, pudo verse cómo algunos marginales insisten en vincular al socialismo con las bandas de narcotraficantes que asolan a ambas ciudades, lo cual no deja de ser una porquería, más propia del hampa que de la política.

Es sabido que las políticas del socialismo y sus aliados radicales de 2007 a esta parte han sido un fracaso en términos del combate al narcotráfico a gran escala, y eso puede constatarse además observando los índices de criminalidad en los grandes aglomerados urbanos, y la llegada de las bandas a ciudades que antes estaban exentas de ese flagelo.

Incluso la connivencia con jefes policiales que usufructuaron ese negocio, las sucesivas ineptitudes para manejar una fuerza policial que se les fue de las manos, y hasta la reciente detención del comisario Alejandro Druetta, ex jefe de Contrainteligencia de la Policía de Investigaciones (PDI), acusado der el jefe de una banda de narcos, son hechos que en modo alguno alcanzan para probar que Bonfatti u otros socialistas sean cómplices o socios de las narco organizaciones.

En todo caso, las reacciones políticas que hubo ante el procesamiento, por ejemplo del comisario Hugo Damián Tognoli, la defensa corporativa de parte del ministro Maximiliano Pullaro de policías sospechados de mantener un estrecho vínculo con capos de bandas dedicadas al comercio de estupefacientes, son más un indicio de inutilidad que de partícipes de una mafia.

Que el gobernador Miguel Lifschitz haya reaccionado ante la detención de Druetta diciendo que “es raro que sea en el cierre de campaña”, cuando sabe mejor que cualquiera que los resortes judiciales, policiales y políticos en la provincia los maneja el socialismo en sociedad con el radicalismo, aporta nada a la transparencia de un proceso electoral que no tenía estas características, y a lo sumo debería abundar más, y decir de quién sospecha que ocurran esas rarezas, no arrojar al voleo un velo de misterio.

Pero tal vez la más miserable de las operaciones de final de campaña se suscitó esta semana, cuando el centro de Rosario apareció tapizado con unos afiches que contenían las caras de Perotti, el corrupto bolsero José López, el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime, Amado Boudou, Luis D’Elía y Julio De Vido, y de fondo la boleta del Frente Juntos. En otro paño se leía la leyenda “Juntos, el choreo es más fuerte”.

Hay formas de tornar irrespirable el clima político, pero una de las más bajas es jugar con la honorabilidad de las personas y con los límites del Estado de derecho franqueados y avasallados por el macrismo, que no dejó prácticamente cárcel federal sin presos políticos, perseguidos con causas amañadas por un dispositivo que recién ahora está saliendo a la luz gracias a la causa que tramita en el juzgado federal de Dolores a cargo del magistrado Alejo Ramos Padilla.

Mezclar con López y Jaime a dirigentes como Perotti, Alejandra Rodenas, Leandro Busatto, Eduardo Toniolli, Roberto Sukerman, Marina Magnani, a un periodista intachable como Marcelo Lewandowski, es incalificable.

De cualquiera de ellos se podrá opinar cualquier cosa en términos políticos, pero jamás estuvo en duda la honorabilidad de quienes están en esas boletas, y fueron intencionalmente tratados de ladrones.

Podría pensarse que pudo ser cualquiera de las dos fuerzas que pujan con el peronismo, pero queda a las claras que la cochina operación surge de lo más marginal del socialismo, habida cuenta de que si hubiera sido Cambiemos no hubiese trepidado en colocar en esos afiches la figura de Cristina. Pero como la intención de los cobardes que mandaron a hacer esas piezas vergonzosas es captar a votantes kirchneristas descontentos con la candidatura del rafaelino, se abstuvieron de incluir a la ex presidenta en su miserable operación.

Al cierre de esta edición no se conoció que Lifschitz o Bonfatti hubiesen repudiado la lamentable –y onerosa– acción, y hubiera sido bueno que lo hicieran, para dejar en evidencia a sus autores, aunque más no sea en un sentido simbólico. Y para tomar distancia de una metodología que puesta en juego por el macrismo no sorprendería en absoluto. Sin repudio, en el futuro muchos tendrán derecho a pensar que esas prácticas tampoco le son ajenas al socialismo.

Brochas pegadas al techo

Y como si se tratara de siameses que no pueden despegarse entre sí, los comicios de Santa Fe y el escenario nacional tuvieron otro punto de contacto tras conocerse el anuncio de la fórmula Lavagna-Urtubey, que fue bautizada Consenso Federal 2030, denominación cuyo optimismo temporal sólo se justifica en el segundo término de la dupla. Quién sabe qué querrá hacer el bueno de Roberto allá por la tercera década del siglo XXI.

Lo cierto es que durante meses, aún sabiendo que le costaría críticas y achaques internos, Lifschitz hubo de coquetear con el ex ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, y era hasta el miércoles pasado el candidato cantado para secundarlo.

Que haya sido el salteño Juan Manuel Urtubey el ungido aseguran que no dejó del mejor ánimo al mandatario saliente, pero no porque Lavagna haya elegido a un peronista –lo cual ya es suficiente para erizar a Lifschitz–, sino por el notorio desaire que representó la aparente falta total de consulta.

Del armado de Consenso Federal 2030 participará la líder del GEN, Margarita Stolbizer, y ahora está por verse cómo seguirá la relación de Lifschitz con esa novel fuerza, sobre todo teniendo en cuenta que las presencias peronistas no se circunscriben sólo a Urtubey: la jefa del bloque de diputados nacionales del Frente Renovador, Graciela Camaño, quien había advertido que se separaba de Massa si éste acordaba con el armado del peronismo y el kirchnerismo, también se subió a la diligencia que conduce Lavagna con rienda firme.

Al gobernador santafesino de salida, y al candidato a retornar a la Casa Gris les llevará bastante tiempo, entre el miércoles y el domingo, explicar hacia adentro cómo sería acompañar a un frente cuyo número dos es “pro vida”, un sanbenito que no les costó colgarle a Perotti, pese a que el rafaelino no votó en contra de la IVE, sino que se abstuvo y presentó un proyecto alternativo.

Respecto de aquella abstención del postulante peronista, todavía hoy algunos de sus colaboradores que la critican: “Hubiera votado verde o celeste, pero en el medio no hay que quedar nunca”.

En síntesis, Santa Fe afronta una elección crucial, las proyecciones marcan un empate técnico, las últimas horas de campaña prometen ser feroces, y además del FPCyS, directamente involucrado en la lucha, en Buenos Aires el macrismo ya prendió varias velas para que el domingo no tenga que contar la derrota número 16, aunque para ello deba tener que fumarse otro período del socialismo.

En el otro rincón del ring, un envalentonado peronismo celebra el acompañamiento que María Eugenia Bielsa, la ex contrincante de Perotti, viene cumpliendo con un compromiso pocas veces visto tras una Paso. De que no hayan quedado demasiados heridos tras esa compulsa –dicen algunos consultores– depende mucho la suerte que correrá este domingo la fuerza nacida en 1945 de la mano de Juan y Eva Perón.

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