El gobierno liderado por el empresario Mauricio Macri será recordado, entre otras cosas, por el hundimiento que provocó a partir del nuevo y a la vez viejo giro neoliberal que le imprimió a la Argentina. Sus políticas de ajuste y pro libre mercado, que Macri buscará profundizar si es reelecto presidente, llevaron al país a un retroceso socioeconómico de magnitud, como lo muestra la evolución de diferentes indicadores que nos colocan en los primeros lugares de los ranking regionales y mundiales de desempleo, pobreza, inseguridad alimentaria, caída de la producción industrial y del salario real, y, uff, otra vez, endeudamiento externo. Argentina cambió, para atrás. El macrismo actualizó manuales marchitos de gobiernos de derecha y conservadores y así se metió en la historia de las principales hecatombes económicas del país, al menos para lo que le toca en suerte a una porción mayoritaria de la sociedad.   

Las políticas económicas del macrismo, camufladas en los discursos de campaña de 2015 y los de ahora, sumieron a la Argentina en recesión, y no hay miras de que la cosa se revierta en el corto plazo, pese a los intentos del oficialismo por disimular la crisis en tiempos electorales. El blindaje mediático ayudó con los disimulos, en parte, ya que con los números en la mano y una coyuntura asfixiante para las mayorías populares es difícil esconder tanta mentira, tanto desastre, tanto malestar social.  

El ingeniero Macri recibió un país en proceso de desendeudamiento, situación que le facilitó la salida a los mercados de capitales a tomar nueva deuda, y de manera exponencial, hasta que le cerraron las compuertas en Wall Street y recurrió a los brazos “rescatistas” del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo con el que contrajo la mayor parte de la nueva deuda externa. En la actualidad, Argentina es el país con mayor nivel de endeudamiento de la región, con 88,5 por ciento sobre su producto bruto interno (PBI). La Argentina macrista tomó deuda por 190 mil millones de dólares e hizo crecer el rojo externo un 65 por ciento.  

El país encabeza el podio mundial de caída en actividad fabril, 10,8 por ciento en el último año, según un reporte sobre producción manufacturera global de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. Esto se da a partir de la apertura económica, la importación deliberada, la dolarización de las tarifas en servicios públicos y el bombazo fulminante al mercado interno con derrumbe del consumo popular. Con una plataforma económica basada en el negocio financiero y la exportación primaria, el cierre de fábricas y las protestas de trabajadores en las puertas de los establecimientos fue una constante desde la llegada de Cambiemos al poder. 

El Indec informó días atrás que la actividad industrial, con el sector automotriz como uno de los más chocados, registró en el primer semestre de este año una contracción del 9,4 por ciento contra igual período del año pasado. Así, la industria acumuló catorce meses consecutivos de caída libre. Hoy se producen en el país unos cien mil autos menos que en 2015. 

En tanto, la construcción, otro sector golpeado, bajó en junio 11,8 por ciento interanual. En junio pasado hubo derrumbes productivos en 14 de los 16 bloques de actividad relevados por la medición del Indec. En la era Macri, según datos oficiales, Argentina perdió más de 20 mil empresas.  

El país está tercero en aumento de la desocupación en el período 2015-2018 a nivel mundial, de acuerdo a un informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas. La tasa de desempleo pasó del 6,5 a más del 10 por ciento, según las últimas cifras del Indec. Desde la asunción de Macri hubo una constante pérdida de puestos laborales, en el ámbito público y privado, como en sectores informales. Sólo en el último año se destruyeron más de 200 mil puestos de trabajo asalariado registrado del sector privado. El fabril es el sector que más empleo destruyó.  

A la constante caída del empleo, se sumó el aumento del subempleo, un incremento de la informalidad laboral y del cuentapropismo, y una estrepitosa caída del poder adquisitivo del salario. Según un estudio de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), el primer trimestre de este año el salario real cayó en Argentina un 10 por ciento, aunque algunas estadísticas privadas locales ya hablan de un 15 por ciento. El salario mínimo vital y móvil, las jubilaciones mínimas y las asignaciones familiares perdieron gran parte de su poder de compra desde que el país es gobernado por el macrismo, en tándem con el FMI. 

El caso del salario mínimo mensual medido en dólares es clarificador de lo que vino hacer Cambiemos: de 580 dólares que representaba un salario mínimo en 2015 pasó a 280 dólares en la actualidad. Antes, Argentina lideraba el ranking de salarios mínimos de países de América del Sur y ahora se ubica en el séptimo lugar. 

Con la liquidación de los bolsillos, frente a una inflación duplicada, que pasó del 25 al 50 por ciento anual, más la suba del desempleo, el macrismo, un gobierno de ricos para ricos, cumplió el objetivo auspiciado por el establishment empresarial de debilitar a la clase trabajadora. La caída del salario provocó un frenazo en el consumo y paralizó el mercado interno. El aumento de la pobreza y la indigencia se reflejaron en caídas sensibles, como en el consumo de leche y carne. 

Se quintuplicó el valor del dólar, de 9,50 a 47 pesos. La megadevaluación causó una redistribución regresiva del ingreso. Se dolarizaron tarifas de servicios públicos, combustibles y alimentos. La tasa de interés de referencia estaba en 38 puntos en 2015 y se fue a más del 60 por ciento, un récord mundial. Con Macri volvimos al mundo, al peor de los mundos. El gobierno de Cambiemos duplicó el riesgo país y lo llevó a 900 puntos. Con la revolución de la alegría, casi un millón de nuevos trabajadores pasaron a pagar impuesto a las Ganancias. Y de “pobreza cero”, ni hablemos. 

Pobreza, minuto a minuto

En el Día de San Cayetano, el santo del trabajo, organizaciones sociales plantaron ollas populares y marcharon junto a gremios en contra del “modelo de exclusión y hambre del macrismo”. Uno de los reclamos más fuertes que sonó en la procesión religiosa y de protesta fue la urgente declaración de la emergencia alimentaria. Este año volvió a multiplicarse la cantidad de fieles que pidieron ayuda a San Cayetano, personas de carne y hueso castigados por ausencias de derechos básicos durante el gobierno de la alianza Cambiemos.   

“El aumento de la pobreza y el hambre no es una catástrofe natural, es el resultado de una política deliberada de ajuste, destrucción del mercado interno, protección de los monopolios y complicidad con los especuladores financieros”, señalaron desde la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep), una de las tantas organizaciones que protagonizó la tradicional marcha del 7 de agosto por paz, pan, techo y trabajo.

Argentina está entre los países del mundo que más aumentaron su inseguridad alimentaria moderada o grave, es decir personas que no acceden a una nutrición normal y hasta pasan hambre. En los últimos tres años casi seis millones de argentinos y argentinas se sumaron a la lista de inseguridad alimentaria, afectando al 32,1 por ciento de la población total.  

Los alimentos están cada vez más caros. Desde febrero de 2018, la inflación no baja del 2 por ciento mensual y está por encima del 50 por ciento anual. Este encarecimiento del costo de vida afecta, sobre todo, a sectores medios y bajos. Lejos de la promesa macrista de “pobreza cero”, el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), que dirige el economista Claudio Lozano, registró una suba minuto a minuto en los índices de pobreza e indigencia desde 2015. 

Los primeros tres meses de 2019 la pobreza llegó a afectar al 34,1 por ciento de la población, a un tercio, lo cual implica que 15,3 millones de personas son pobres en la Argentina, lo que representa por lo menos cuatro puntos porcentuales más que en 2015, según datos de la Universidad Católica, para tomar las cifras más elevadas que se conocieron en aquel momento. “La faceta más cruel, el hambre, alcanza a nada menos que al 7,1 por ciento de la población, que equivale a decir que actualmente más de tres millones son indigentes”, se explicó en el informe del IPyPP. 

“El aumento de la población supera en nueve veces el crecimiento demográfico, es decir, por cada niño que nace hay nueve personas que pasan a la pobreza. Para ofrecer otras medidas, diremos que por cada día que transcurre, en nuestro país se suman 10.885 pobres y 2.831 indigentes lo que equivale a decir que, cada hora arroja a la pobreza a 454 personas y a la indigencia a 118 y por minuto, son ocho pobres más y dos indigentes más”, se sostuvo en el documento.

Al analizar el crecimiento de la pobreza y la indigencia en la era Macri, el reporte señaló el “derrumbe social como efecto del shock devaluatorio que tuvo lugar especialmente durante el año pasado cuando el valor del dólar prácticamente se duplicó. Lejos de detenerse, el sendero devaluatorio, aunque a un menor ritmo, se mantuvo firme. 

“El impacto en los precios fue inmediato y de relevancia: mientras 2018 culminó con una tasa del 47,1 por ciento, la inflación interanual del nivel general de precios a marzo del 2019 ascendió a 54,1 por ciento mientras para el rubro de alimento y bebidas fue aún mayor, del 62,7 por ciento. De esta manera, el objetivo de la política económica oficial logró consumarse por medio de un fuerte deterioro del salario real, del conjunto de prestaciones sociales y del resto de conceptos de ingresos de sectores populares”, se subrayó en el informe citado.

Si el votante de Macri sabía de antemano que durante su gobierno el poder de compra de salarios y jubilaciones perdería por goleada contra la inflación, se dolarizarían precios de alimentos, combustibles y tarifas, se derrumbaría el consumo, cerrarían miles de empresas y comercios y se despedirían a miles y miles de trabajadores, aumentarían la pobreza y la indigencia, se reendeudaría al país de manera irracional, ¿lo hubiera elegido igual? Uno sospecha que una parte de ese electorado no, pero… no deja de llamar la atención que, pese al desastre económico y social de su gestión, aún mantenga chances de ser reelegido por cuatro años más.   

 

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