“Ante los gobiernos neoliberales, la única salida es seguir haciendo política en los territorios. Y cuando decís territorio, decís la vida”, señala Pablo Gentili dónde está la mayor fuerza para resistir y pensar futuros alentadores. En conversación con El Eslabón reivindica al movimiento de mujeres como el más fuerte de la Argentina, tilda de “fiasco” al modelo chileno y celebra la salida electoral democrática que ofrece la fórmula de Alberto y Cristina.

Pablo Gentili es un reconocido pedagogo argentino, radicado por largo tiempo en Brasil. A principio de este año fue invitado por el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, a ser su jefe de Gabinete. “Una experiencia totalmente diferente a lo hecho”, dice de su nueva función en España. Gentili es doctor en educación, profesor universitario, investigador, autor de numerosos libros y publicaciones y hasta el año pasado Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

Como buen educador valora el papel clave que tiene la docencia en transmitir la memoria, en hacerse eco de las luchas de América latina y acompañar a las nuevas generaciones a apropiarse de los relatos que la narración oficial silencia.

—Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay… ¿qué tienen en común las luchas y cambios que se expresan en estos países?

La primera cuestión es que todo este ciclo de reformas neoliberales que comenzó en América latina con grandes festejos, anunciando lo que iba a hacer un inexorable y rutilante éxito, ha sido un verdadero fracaso, y llegó a su fin de forma más precipitada y rápida de lo que se esperaba. Ante las movilizaciones y las expresiones de protesta frente a las consecuencias de más desigualdad, más exclusión, la falta de horizontes, de perspectivas políticas, la negación de los derechos más elementales al conjunto de la población, estos gobiernos aparecen con paquetes de ajuste que profundizan la recesión y la exclusión, el abandono que sufren las grandes mayorías, y con la represión estatal como respuesta a las movilizaciones. La primera gran conclusión es que este ciclo que parecía iba a ser larguísimo se hizo mucho más breve, por suerte, y mostró que cuando las clases dirigentes en América latina no consiguen imponer sus programas por la vía de la conquista democrática, lo hacen por la violencia, por el autoritarismo. Así lo hicieron con golpes de Estado y lo pretenden hacer ahora en democracias muy frágiles, totalmente condicionadas. Esto también habla de la incapacidad de ciertos dirigentes políticos latinoamericanos. Piñera demuestra ser un inútil para administrar el ajuste que pretende imponer, como también lo es Lenin Moreno y lo ha sido Macri. Lo curioso es que todos se presentaban como una fuerza renovadora con una enorme potencia. Macri parecía ser quien iba lograr imponer un modelo de gestión empresarial del Estado que revolucionaría la política argentina, y a los seis meses su gobierno mostraba signos de debilidad que se fueron prolongando durante cuatro años, y que eclosionan ante una candidatura progresista del peronismo.

—¿En qué es diferente la Argentina?

La Argentina es un caso diferente a todos estos porque lo que hay es la posibilidad concreta de que se produzca un revés electoral de la derecha y que Alberto Fernández gane las elecciones en primera vuelta. Es decir, la Argentina tiene una alternativa política progresista, que va a ser muy pero muy importante, porque el gobierno de Cristina Kirchner, que había perdido las elecciones hace cuatro años ahora las recupera mostrando que donde se generan alternativas políticas confiables y viables es posible revertir este ciclo también electoralmente. Algo que parecía prácticamente imposible hasta hace poco. Será el primer país en demostrarlo.

—Siempre se ha nombrado a Chile, especialmente en educación, como el “modelo exitoso” a seguir ¿En qué quedó esa afirmación ahora?

El modelo chileno siempre fue un fiasco. Desde la dictadura hasta ahora, nunca fue diferente de lo que es, aunque siempre la derecha y los organismos internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional se empecinaron en mostrar como exitoso. Es un modelo de acumulación exacerbada, de concentración del ingreso brutal, donde todos los indicadores  muestran mejorías en cualquier tipo de sentido: sea en educación, a través de las Pruebas Pisa (la sigla en inglés del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), en las tasas de importaciones o en los indicadores financieros, industriales, económicos o lo que quieras, siempre lo que muestran es un promedio que lo que esconde es una enorme polarización. Cuando te dicen: “Chile tiene en Pisa los mejores resultados de América latina”, eso es mentira. Tiene un promedio muy alto porque el nivel de diferenciación de desigualdad hacia el interior del sistema de educación chileno es tal que fuerzan el promedio Pisa hacia arriba. Chile tiene una pequeña casta de privilegiados que accede a niveles de educación muy altos y fuerza ese promedio hacia arriba. Y hay enormes cantidades de gente en niveles de pobreza o pobreza extrema con bajísimas oportunidades educativas. Por tanto lo que nunca te cuentan de Chile, y es lo que estas manifestaciones lo están poniendo en evidencia, es la enorme polarización social generada. Lo que en Chile siempre se oculta es el altísimo nivel de concentración y de polarización social que generó esto, que es un falso milagro. Chile no hizo ningún milagro, lo que hizo fue concentrar, concentrar y concentrar generando un muy intenso malestar social que se vive desde la dictadura, también en este particular proceso de transición democrática, con gobiernos de centro y de derecha alternándose en el poder y que ahora estalla aparentemente por el precio del boleto del subte, lo cual es muy simplista pensar que lo que ha ocurrido es por eso.

—¿Qué papel le atribuís a los sindicatos, a las organizaciones que en la Argentina le han dado pelea al ajuste y permitido llegar a estas elecciones en mejor posición?

La Argentina presenta un modelo exitoso, desde el punto de vista democrático, que es interesante ver y diferenciar del resto. Piñera ya había sido presidente de Chile y era claro que iba a hacer de chile lo mismo que antes: más injusticia social, más concentración, más desigualdad, más privilegios y menos derechos. El caso de Lenin Moreno, el sucesor de Correa y un traidor que ha decidido ponerle fin a la Revolución Ciudadana, repite la trágica tradición y la estirpe de líderes políticos reaccionarios, anti indigenistas y conservadores ecuatorianos. Y en la Argentina, si bien Macri hace muchos años que se dedica a la política, viene de un partido nuevo que es el PRO, con un discurso nuevo, muy gerencial de la política, que parecía invencible a pesar del pésimo resultado de su gobierno. Hasta hace unos meses, la gran pregunta de todos era: ¿Cómo este tipo sigue adelante? Y podía llegar a ganar nuevamente las elecciones. Lo que mucha gente dice con razón es que el desplazamiento de la candidatura de Cristina y el surgimiento de Alberto Fernández como candidato a presidente es lo que hace que Macri sea probablemente derrotado en las elecciones del domingo. Esto es parte de la historia, Cristina tuvo un gesto, de una enorme claridad y vio la oportunidad política y la aprovechó muy bien. Pero por detrás de eso también está un proceso de movilización y de lucha, de organización de movimientos y de colectivos sociales, integrantes de los sindicatos, de los sindicatos docentes, también del movimiento de mujeres, que es sin lugar a duda la fuerza más renovadora que ha surgido en la política argentina. También la juventud en la Argentina no ha perdido protagonismo y es sin duda en América latina la de mayor capacidad de organización y movilización juvenil, y de todo tipo. No solo por la igualdad de género o por las libertades, el movimiento de derechos humanos siguió muy firme. El asesinato de Santiago Maldonado fue un hecho que conmocionó al país y generó enormes movilizaciones, también la prisión de Milagro Sala. En suma, en la Argentina lo que hizo posible esta derrota de Macri no es solo la gran jugada de Cristina sino también la capacidad de organización, de movilización y de lucha del movimiento social y de las organizaciones populares que mantuvieron una gran imbricación de la política con los territorios, inclusive fuera de los partidos tradicionales. El movimiento de mujeres, para mí, el más fuerte en la Argentina y el que le dio más capilaridad, más fuerza a todas las resistencias. Un movimiento que no es partidario. Estuve en la marcha por la ley a favor del derecho al aborto en Buenos Aires el año pasado y lo más increíble fue cuando se perdió la votación y la sensación (en todas esas mujeres) era de que habían ganado. No estaban movilizadas por un objetivo electoral. Pero hizo que se diera una gran politización de la sociedad argentina que permitió que cuando surge una iniciativa como la de Alberto todo eso canalizara por ahí y aparece la gran sorpresa.

—Por eso la Argentina tiene otro escenario…

La Argentina presenta un escenario interesante porque lo que muestra es que ante los gobiernos neoliberales, conservadores y violentos la única salida es seguir haciendo política por abajo, en los territorios. Y cuando decís el territorio decís la vida. Si nosotros perdemos los territorios podemos llegar a tener la suerte de ganar el Estado pero perder poder. En la Argentina, la posibilidad de hacer algo en contextos económicos terribles como los que se enfrentan parece ser muy alentador porque hay territorialidad, porque hay base, porque hay organizaciones, porque para bancarse lo que va a venir hay que tener mucha conexión con la gente, cuando uno pierde la conexión con la gente o nunca la tuvo, eso se hace mucho más difícil. En la Argentina que no solo no se perdió esa conexión sino que se intensificó. Los dirigentes políticos, incluso muchos de quienes cumplieron funciones en el gobierno de Cristina, no se fueron y encerraron en el congreso a gestionar, siguieron haciendo política en el territorio. Eso permite que María Eugenia Vidal, que parecía invencible, haya sufrido una derrota peor que la de Macri en las primarias y seguramente la tendrá más todavía en las del domingo con Kiciloff.

—En un seminario reciente dijiste: “Si no contamos la historia de nuestras luchas, no las va a contar nadie”. ¿Qué papel le atribuís a la docencia en la transmisión de la memoria?

La educación sirve para entender el mundo en el que vivimos y poder contar, dentro de ese mundo, lo que los relatos dominantes silencian. Parte de ese silencio es el silencio acerca de las luchas y las movilizaciones de sectores populares, que aparecen por lo general despreciados y silenciados en la narrativa oficial. Si no contamos la historia de nuestras luchas no las cuenta nadie. Y esa es la función también de las docentes, de transformar esa historia en relatos, que las nuevas generaciones se apropien de ellos, se sientan orgullosos y reconocidos.

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