Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

La ciencia debate el sitio original donde surgió el homo sapiens. Macri discute consigo mismo si hará oposición o irá a Boca Jrs. El dispositivo mediático le baja el precio a la victoria de la fórmula FF. El establishment, en tanto, envía mensajes para condicionar al nuevo gobierno, mostrando que tomó debida nota de la contundencia del resultado electoral.

El impactante triunfo electoral del frente que encabeza el peronismo sobre la más moderna expresión partidaria que el poder conservador oligárquico logró diseñar desde los tiempos del fraude patriótico tiene varias claves, pero la más curiosa –por no decir absurda– es el denodado esfuerzo que, tanto la fuerza perdedora como su guardaespaldas mediático, vienen realizando en pos de presentar una derrota categórica como un virtual “empate técnico”.

Así lo definió uno de los exponentes más desvergonzados del pelotón de periodistas filomacristas, Luis Majul, apoyado en dos postulados desopilantes: “Macri perdió, pero ganó”, y “Alberto ganó, pero…”. Lo inconcluso de la última expresión pretende enmascarar el absurdo, pero logra el efecto contrario y lo potencia.

De “No vuelven más” al “Empate técnico”

Es indispensable explicar con sentido de la proporción la ponderable reacción de las grandes mayorías el pasado domingo, porque el resultado fue un rechazo rotundo al calamitoso estado en que el gobierno de Mauricio Macri deja la economía, los lazos sociales, el aparato productivo y el corpus de derechos individuales y colectivos que son patrimonio del pueblo argentino.

Se ha dicho lo suficiente esta semana, pero no por ello debe soslayarse que la desastrosa gestión de Cambiemos es lo que explica que Macri sea el primer presidente que quiso ser reelecto y no pudo.

Es más, si se toma como un conjunto los comicios de 2015, el 27-O el actual mandatario perdió un invicto que comenzó en el club de la Ribera, se extendió a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde fue dos veces intendente, y coronó con el balotaje que lo depositó en la poltrona desde la que chocó el país contra la pared de la realidad, ésa que Juan Perón sostenía que es la única verdad.

Con impiadosa precisión e inocultable ironía, en las redes sociales se sintetizó el recorrido temporal del relato macrista:

  • 2015 “No Vuelven Más”.
  • 2016 “Macri 2019 y Vidal 2023 y 2027”.
  • 2017 “Los aplastamos en primera vuelta”.
  • 2018 “Si hay Ballotage gana Macri”.
  • 2019 “No votaron los esquiadores” y “La damos vuelta”.
  • El capítulo actual se llama: “48-40, empate técnico”.

Ese declinar discursivo explica por sí mismo el nivel de negación del formidable hecho político que constituye la elección presidencial en la que se impuso la dupla Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Es más, describe la persistente tendencia del macrismo en negar la política.

Tinta regada a borbotones sobre papel prensa intenta explicar por qué falló algo que era poco menos que infalible: la supremacía V. Macri podía perder, pero María Eugenia Vidal no, por tanto se debía reemplazar a uno por la otra. Fracasada esa operación, surgió el desdoblamiento de los comicios como chance de retener el principal distrito del país. Prevaleció la tesis “si me hundo, me llevo a todas y todos al fondo del océano”, y tanto la provincia de Buenos Aires como la Caba unificaron fecha con la elección presidencial. Casi queda afuera hasta el Guasón.

Pero además hay otro argumento que se le vuelve en contra al régimen en retirada. Es el que propone que Macri podrá entregar el bastón presidencial a su sucesor habiendo completado su mandato, como Marcelo T. de Alvear, el último presidente no peronista en poder hacerlo. Y exceptuando a aquellos que no fueron sacados por golpes de Estado, el resto tuvo que irse por los desastres cometidos en el ejercicio de sus respectivas gestiones económicas. El incendio hiperinflacionario de Raúl Alfonsín y el reguero de muertos de Fernando de la Rúa los eyectó del sillón de Rivadavia, y que Macri no haya tenido el mismo destino no es gracias al apoyo de Elisa Carrió –como ella pregona–, sino merced a la financiación que el empresario devenido presidente obtuvo de parte del Fondo Monetario Internacional, que hizo todo lo que puede y lo que no puede hacer para evitar el retorno del “populismo”. Y esa financiación la deberá pagar el conjunto de argentinas y argentinos, de modo que llegar al 10 de diciembre no estaría siendo un mérito para andar publicitando.

Los posteos del odio

El último alarido de la moda del macrismo en retirada es la profundización de la política de estigmatización y odio social en las redes. Todo sujeto o colectivo que represente al sector que votó mayoritariamente al Frente de Todos está en la mira. 

Por cierto se trata de potenciar características que pueblan el imaginario del antiperonismo previo a la irrupción del macrismo, con agregados de su propia cosecha.

El odio sembrado en formato de posteos en Twitter, Facebook o Instagram sobrevuela la imperiosa necesidad de explicar la derrota en términos irracionales pero presuntamente lógicos, porque si se apelara a la razón, debiera surgir la autocrítica, un insumo muy requerido al “populismo” pero para nada usado en las filas macristas.

Como se recordará, luego de las Paso, un candidato macrista de Juntos por La Rioja, Pablo Yapur, adquirió efímera notoriedad por confesar a través de un audio difundido por whatsapp lo que muchos en esa fuerza piensan pero no dicen: “A partir de hoy, muchachos, queridos amigos míos; les comunico que los pobres me importan un choto. A partir de ahora, a ningún puto le compro una tortilla en la calle. A ningún puto le regalo nada. A ningún puto lo ayudo. A ningún puto pobre pienso colaborar (sic) con una moneda ni de diez pesos”.

Tras los comicios del domingo pasado la ofensiva se retomó en las redes, y una diputada provincial pampeana macrista –también docente–, Adriana Leher, publicó: “A los monos hay que darles banana. Se les quiso dar educación y cultura. Se les quiso dar futuro. Se les quiso dar pavimento y cloaca. Se les intentó explicar que eran libres. Se les intentó convencer de que pueden esforzarse y aspirar a algo más”. La autora del post, además, fue candidata a diputada nacional, es docente, y remató su tuit con soberbias frases: “No, el mono sólo quiere bananas. Con bananas se queda adentro de la jaula, cómodo y haciendo caca en una zanja. Enseñándole a sus hijos como comerse los piojos, tal como le enseñó su abuelo a él. El mono grita y canta como en la selva. Se cree libre, pero está preso… y contento porque le alcanza para bananas”.

Sorprendida acaso por la repercusión de sus dichos, la legisladora de Cambiemos intentó volver sobre sus pasos poniendo en práctica la técnica del “amigo judío”: “No nombré a nadie y no fue mi intención agredir a nadie, si alguien se sintió identificado pido disculpas. Mi mamá es peronista”.

La diatriba de Leher resultó inspiradora, y la directora de Planificación de Eventos Presidenciales del Gobierno, Cecilia Negro Farrell, se lo llevó a su cuenta de Facebook, como lo denunció el periodista Pablo Duggan en Twitter: “Nefasto personaje Cecilia Negro Farrell, Directora de Planificación General de Eventos Presidenciales. Increíble discriminación. Lo peor de Cambiemos es que muchos piensan así. Espero que la echen hoy mismo”.

Luego de la primera vuelta del domingo, que dejó sin segunda a Macri y sus millones de seguidores, esa furiosa andanada sumó otros posteos de indignados usuarios menos conocidos pero igualmente agresivos y portadores de un odio que hasta suena impostado, o sobreactuado.

La réplica no tardó en llegar, y furiosos usuarios comenzaron a dar batalla, tildando de insensibles, intolerantes, malos perdedores, racistas, etc., lo cual demostró la eficacia de los últimos contingentes con que el ejército de trolls formado por Marcos Peña defienden la ciudadela macrista.

Sin embargo, pese a que la indignación es entendible, esos posteos no parecen en modo alguno espontáneos, o por lo menos obra del 38 a 40 por ciento de votantes macristas, sino de esos inoculadores de odio, que por supuesto encuentran terreno fértil en cerebros secos por falta de ejercicio intelectual y político.

Las publicaciones contienen frases estereotipadas, cuesta creer que quienes las postean crean el ciento por ciento de lo que expresan. En las redes esa provocación es percibida como importante, se le presenta batalla, pero la realidad indica que en los comedores comunitarios, en los merenderos chicas, chicos, padres y madres, jubiladas y jubilados ni se enteran de todo eso, se enteran de que cada noche la polenta o el guiso alcanza para dos y ellos son cinco.

La producción de ese discurso no es monolítica u homogénea. Hay segmentos inteligentes, que organizan un discurso que busca crear sentido, y no dejan nada librado al azar, pero en paralelo hay otros segmentos más viscerales, que usan el sentido ya imperante o sedimentado a lo largo de décadas de odio de clase, racial y político para provocar por abajo una réplica aún más violenta e irracional.

En ese caso, y en los de otros posteos similares que se publicaron justo después de las elecciones del domingo, se percibe un criterio más elaborado para construir sentido. Son funcionarios o legisladores PRO, con formación terciaria, como mínimo, no eligen por azar hablar de monos, subir la foto de un chimpancé, no de gorilas, porque gorilas son ellos, eso late en ellos, se presenta en modo latente que asimilaron el mote que les colgó hace décadas el pueblo, piensan que se apropiaron del remanente de poder que detenta la figura del gorila y lo torna poderoso en comparación con los pobres diablos de los chimpancés, sin detenerse a pensar siquiera que el chimpancé, como el pueblo, es más inteligente o astuto, si cupiera definirlo así, que el gorila.

La misión de estos gorilas es que la mayor cantidad de personas crea que es importante dar batalla a ese sentido que pretenden construir o sustituir. Pero la verdadera batalla es sacar de los comedores a las familias para que vuelvan a comer a sus casas, con trabajo, con dignidad.

El plato de comida arriba de la mesa, y la mesa que sea la de casa, y todas y todos reunidos alrededor de esa mesa, pensando en que mañana es mañana, no un pozo oscuro de donde nunca se saldrá. Ahí está la batalla de todas y todos quienes en estos cuatro años resistieron a los criminales que se van.

La mirada del poder

¿Qué dicen las voces del establishment ante la victoria del peronismo? ¿Cómo interpretan y decodifican uno de los hechos político institucionales más potentes del período iniciado el 10 de diciembre de 1983?

El establishment se divide entre quienes apuntan a quebrar la monolítica relación que tiene la dupla Alberto-Cristina, intentando meter una cuña entre ambos, con interpretaciones entre ingeniosas y remanidas.

Periodistas que deberían llamarse a cuarteles de invierno, como Alejandro Fantino, que vio incumplirse cada una de sus babosas profecías respecto de una victoria aplastante de Macri, invitan a que su claque de colegas le explique, como si fuera un chico de primaria, la diferencia entre el escenario de festejo del domingo tras el triunfo del FdT y el de Tucumán, un par de días después, cuando Alberto fue a visitar al gobernador de esa provincia, Juan Manzur.

En el primero habría prevalecido, según los capitanes del canal América, el criterio de CFK, quien habría vetado a los gobernadores, quienes por eso quedaron abajo del estrado, donde sí pudo despacharse Axel Kicillof, que vendría a ser un protegido de la ex mandataria y no el dirigente que le dio una tunda histórica a la presuntamente invencible Heidi bonaerense. Es notable cómo saben a quién pegarle.

El ex ministro de Economía de Cristina emerge como un futuro presidenciable, pero sobre todo como alguien que eclipsará sin mayor esfuerzo la falsa imagen lánguida y empática de Vidal que el dispositivo mediático supo construir.

Las comadrejas sueltas vocalizan como pueden los guiones que escriben Daniel Vila y José Luis Manzano, y en otros canales los actores y guionistas pueden ser otros, pero el texto a representar es el mismo.

Por eso mismo, Clarín, que supo fogonear el fracasado Plan V, salió a rescatar los restos del naufragio bonaerense y al día siguiente tituló: “María Eugenia Vidal se va a vivir con sus padres, quiere enamorarse otra vez y seguirá activa en la Provincia”. La bajada no es menos vergonzosa: “Dice que va a buscar trabajo porque necesita vivir de un sueldo. Y que el alerta sobre cómo pegaba la crisis económica se la dio un cura villero en 2018”. No aclara si no quiso, no supo o no pudo entender a tiempo.

En otro tono, Ricardo Roa –uno de los generales del ejército con el que Clarín sigue haciendo periodismo de guerra–, encargado del “semáforo” de la página 2 del diario nacido días antes de aquellas patas en la fuente, en 1945, opinó sobre las figuras peronistas que a su juicio merecen el verde luego de los resultados del domingo:

  • Cristina Kirchner: “Regresa al poder después de completar dos mandatos presidenciales y 13 procesamientos por corrupción. Su estrategia de poner a Alberto como candidato, unificar al peronismo y asumir un rol secundario en la campaña funcionó. Habrá que ver cómo funciona el co gobierno con Alberto”.
  • Alberto: “Estaba para ser jefe de campaña y terminó siendo candidato a presidente. Calzó bien el traje: actuó con equilibrio aunque varias veces se le salió la cadena. Tiene que resolver la transición con Macri y luego, más difícil, manejar la coalición con Cristina, negociar con el Fondo y acertar en la economía”.
  • Axel Kicillof: “Aprendió del desastroso desembarco de Aníbal en 2015. Y de su propia experiencia como ministro de Cristina. Encontró un tono moderado para no agredir y para no pelearse en la campaña. Hasta se amigó con el campo. Ya ganador, en la noche del domingo volvió al discurso de dirigente estudiantil”.

Es apenas una muestra de que el dispositivo mediático hegemónico sigue aceitado y que con la misma energía con que defendió la masacre social del macrismo intentará condicionar y erosionar a la administración que viene a apagar el incendio.

Menos agresivo se muestra el sector empresarial, en especial aquellos popes que necesitan curar las heridas que les dejó el fuego amigo de un régimen que les hizo ganar dinero en los garitos donde se timbeaba fuerte pero provocó una brutal caída en el valor de sus compañías.

Bajo el título “La transición, según el poder económico”, Clarín también tomó nota de la paliza electoral del 27-O, y publicó, en una edición especial pos comicios, lo que le confió “el dueño de uno de los mayores grupos de energía”, pero con voz anónima: ““Los ciudadanos en general y los empresarios en particular tenemos que dejar de ver una elección y un cambio de gobierno como un drama. Nuestra responsabilidad es colaborar para estabilizar la situación generada por la incertidumbre electoral, estar dispuestos a compartir los costos del esfuerzo y continuar invirtiendo, único camino para generar empleo y reducir la pobreza. Obviamente estaremos esperando el anuncio del gabinete y del plan económico, en especial cuáles son los sectores estratégicos para el nuevo gobierno”

La bajada de esa nota es interesante: “Elecciones 2019: Diálogo entre equipos, el reclamo sin grieta del frente empresario. Sostienen que no hay margen para la insensatez por una situación económica muy deteriorada. Tienen en claro que el modelo será distinto”. Para ellos, es ostensible, no hubo “empate técnico”.

Otro que estaba en el ring side y vio de cerca los bollos que se comió el otrora campeón Mauricio a manos del retador Alberto es Jaime Campos, el titular de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), cuyo ADN neoliberal no le impidió comentarle lo siguiente a Silvia Naishtat: “Este es un momento para que entre todos forjemos los consensos que nos permitan llegar a acuerdos sobre los temas claves para el desarrollo económico y social de nuestro país”. Más dulce sería diabetes, dirían en el barrio.

La periodista también aportó mesura, no se sabe si propia o por mandato del Estado Mayor Conjunto que conduce Héctor Magnetto: “Desde el punto de vista de la volatilidad cambiaria hay pocos antecedentes de la velocidad y de los riesgos que implica la corrida de la semana pasada. Los costos son altos”.

Clarín, en la misma línea, abordó la mirada del Departamento del Tesoro de los EEUU, que el diario traduce como un “mensaje” de ese organismo yanqui al nuevo presidente: “Esperamos que cumpla los compromisos con el FMI”.

La presunta advertencia pertenece al secretario del Tesoro Steven Mnuchin, pero más abajo el tono imperativo es relativizado en el artículo, que no lleva firma: “Mostró (el funcionario estadounidense) voluntad para rediscutir cambios en el programa que se estableció para acceder al megacrédito”.

En castellano no contaminado por el periodismo de guerra, habría que interpretar que el Tesoro gringo sabe que el FMI prestó más de lo que debía, que financió la campaña de Macri con esas decenas de miles de millones de dólares, que Donald Trump fue cómplice de esa desorejada decisión, que el Gato encima perdió, y que si no quieren ver al organismo multilateral desfondeado a causa de un hipotético default argento, deberán negociar plazos, intereses y hasta alguna quita.

Lo que es indudable es que desde Washington tampoco se percibe un “empate técnico”, y al fin y al cabo es el Tesoro de los EEUU el que más pierde si hay que recapitalizar al FMI, del cual es su mayor aportante.

Los tiempos que vienen son muy difíciles para el gobierno que asumirá el próximo 10 de diciembre, sólo un desquiciado lo puede ignorar. Sin embargo, con un programa energético sustentable –Alberto tiene un equipo trabajando en ello–, una renegociación seria y responsable de la deuda heredada, un plan de captura de nuevos mercados y consolidación de los acuerdos que CFK supo celebrar con Rusia, China e India (junto con Brasil y Sudáfrica, todos miembros del Brics), la puesta en marcha del mercado interno, el estímulo a la industria y la reestructuración tributaria, para que quienes más tienen más aporten, la Argentina tiene futuro. El mismo futuro que la caterva de salteadores que se está retirando en desbandada se propuso clausurar sólo para llenarse los bolsillos hasta reventarlos.

Por de pronto, tamaño desastre hace recapacitar a los más irreflexivos y torna pacientes a los usureros más apretadores. Si alguna duda hubiese en torno de esto, vale la pena enterarse de lo que plantea un jugador de grandes ligas de ese equipo tan bravo. Dice Clarín que “Diego Campal, CEO de The Jeffrey Group, una consultora de lobby a la que acuden casi todas las multis de EEUU, cuenta que sus clientes se llevaron una sola palabra de las reuniones con Fernández: pragmatismo. ¿Le creen?, se le preguntó. «Muchas son compañías con más de un siglo en Argentina que pasaron de todo. Le dan tiempo»”.

Y el tiempo, precisamente, es el insumo que más necesitará Alberto F. una vez que ponga sus manos a trabajar en la Casa Rosada si está decidido a cumplir el mandato que postuló el domingo: “Lo único que importa es que los argentinos dejen de sufrir”.

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